Los vecinos de Gabriel (parte 2) | El Imparcial de Oaxaca
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Los vecinos de Gabriel (parte 2)

 


-Se trata de la historia de uno de mis comandantes: el General Caltzontzin. cuando él era un flamante y joven capitán, su cuñado (hermano de su esposa) recién ingreso a la PGR allá por el 99, para ello tuvo que concursar en un examen de selección buscando ganar una plaza como Agente del Ministerio Público Federal; una vez logrado esto, con mucho orgullo le platicó al Capitán Caltzontzin de su logro y de que en días iban a iniciar un adiestramiento de un mes en un campo militar del Ejército Mexicano.- Fibronio Limón seguía hablando con emoción

-Como todo licenciado en derecho recién graduado de la prestigiada UNAM, el nuevo Licenciado en Derecho empezaba esta hazaña con una mano adelante y otra atrás, es decir sin nada; para ello Caltzontzin sabiendo de lo pesado de su curso y las condiciones del clima que había para diciembre en Temamatla, Estado de México, a manera de regalo de graduación le obsequio todo un paquete de equipo para su adiestramiento, empezando por unas botas tipo militar confortables (iban a estar perronas sus caminatas), un poncho, una chamarra negra con forro bien abrigadora, sus guantes y gorro para frio, así como dos juegos del overol negro que les pidieron para su curso.

Caltzontzin, escuchaba cada fin de semana cuando ese joven abogado le platicaba como había sido su semana, ya que como si fuera cadete del Colegio Militar, estaba encerrado de lunes a sábado; es decir, su cuñado estaba viviendo la experiencia de un recluta del Ejército ya que sus instructores todos eran oficiales del campo militar; cada historia que escuchaba de su cuñado, reflejaba la admiración que profesaba hacia sus instructores militares, pero sobre todo las ganas de poder emularlos cuando el ya graduado, empezara a realizar su trabajo en una agencia del ministerio público del país.

Y así, el Abogado se graduó de su curso, y le dieron como destino Chilpancingo, Guerrero, la plaza menos peleada (o la que ningún MP quería en México); para ello, continuaron las pláticas con el entonces capitán Caltzontzin y ese joven abogado, pero estas se realizaban cada mes, ya que no tenía tanto tiempo libre para viajar a la ciudad de México más que dos o tres días de cada fin de mes.

Aproximadamente a los tres meses, Caltzontzin se percató de que el entusiasmo de su cuñado por su cargo como MP federal había bajado, y le preguntó que cómo estaba todo; ahí fue que se abrió aquel abogado cuyo nombre merece ser recordado: Ulises; en su voz se reflejaba un poco de vergüenza y tristeza por lo que estaba narrando, que palabras más o palabras menos era el describir como estaba podrida por dentro esa institución, como era que carecía de valores y en realidad solo defendía los intereses de los que en ella laboraban.

La primera gota que derramó el vaso vino al cuarto mes, cuando en un levantamiento de cadáveres en la sierra del filo mayor, los agentes que acompañaban a ese MP no quisieron entrar al pueblo donde estaban tendidos, bajo el pretexto de que era peligroso y los podían matar; para ello Ulises les pregunto: ¿Y las armas que traemos son de juguete o qué?, ¿acaso no venimos a hacer nuestro trabajo?; al final, tuvo que entrar solo con algunos peritos y miembros del SEMEFO a levantar los cuerpos; sus flamantes policías judiciales federales, que en la ciudad de Chilpancingo y Acapulco se regodeaban paseando con su pistola fajada al cinto y una chamarra (a pesar del pinche calor) con un enorme escudo nacional grabado en sus espaldas, hablando con prepotencia a todo mundo, en esta ocasión se quedaron sentados a la sombra de un árbol, en espera del regreso del MP que “escoltaban”.

Quince días después- continúa Limón , -en un cateo realizado en Acapulco a un lujoso inmueble bajo la dirección de su Subdelegado, pudo apreciar como tanto dicho funcionario como los agentes que lo acompañaban estaban más preocupados por llevarse objetos personales de valor que por hacer el levantamiento de las pruebas que mediante mandato judicial estaban buscando; al cuestionar esa actitud al subdelegado, este le contestó: “que pasó Lic., estamos haciendo el operativo en contra de Juan Domínguez, si no me ayudas entonces no me chingues”; es decir, el cateo realizado tenía solo el objeto de hacer rapiña a los bienes de una casa de seguridad de un delincuente.

Una vez terminado el cateo, el subdelegado en la oficina le externo a ese joven abogado, que su actitud pone “nerviosos” a los muchachos, porque no observan en el “compañerismo” que se necesita, que tenga mucho cuidado y se vaya adaptando al modo de trabajar de esa oficina- Fibronio agrega