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Entre suegras, nueras y otras relaciones estereotipadas

 


Hace unos días me enteré de una efeméride que primero llamó mi atención con curiosidad, pero luego me llevó a la reflexión. No mucha gente lo sabe, pero resulta que en varios países los días 26 de octubre se conmemora el “Día de la Suegra” ¿con qué objetivo? Generar conciencia respecto a esta relación de familia política que tradicionalmente ha sido estereotipada y minusvaluada, fomentando conflictos entre mujeres y entre generaciones, perpetuando un orden social patriarcal donde el varón es el “jefe”, y las suegras son cuando menos una “molestia”.

Esto encuentra su origen en una estructura heteropatriarcal que fomenta la confrontación y antagonismo de las mujeres, y el poder indisputado de los hombres, pues es funcional para mantener un orden social androcéntrico, es decir donde el varón es el eje y medida de las cosas, incluyendo el lenguaje. De ahí que la figura de la “suegra” ha servido para burlas y chistes, e incluso se ha denigrado colectivamente su valor simbólico y funcion social mediante etiquetas como “metiche”, “bruja”, “criticona”, “mal intencionada”, “mamá gallina”, etc.

La realidad es que las suegras son un pilar familiar y comunitario, pues además de ser las progenitoras de los integrantes pareja que en teoría se unieron por amor, justo, por este mismo orden social patriarcal que asigna asimétricamente a los hombres el espacio público y el trabajo remunerado (los vinculados al éxito, al poder y al dinero), y a las mujeres las tareas de cuidados, crianza y quehaceres domésticos (los menos valorados y los no remunerados), son las madres y las abuelas quienes se hacen mayoritariamente cargo en las labores de cuidado de infancias y personas enfermas, es decir son quienes sostienen el tejido familiar, y por ende social.

Es importante visibilizar la labor social que realizan, reconocerla, pero desde luego procurar límites sanos para ambas partes a fin de equilibrar la relación familiar política y no caer en actitudes de control y conflicto. No son las suegras, ni nueras, ni las cuñadas el problema, es el orden social heteropatriarcal androcéntrico, con su estereotipos sexistas, su comunicación violenta, su falta de estrategias para la transformación positiva de conflictos, que promueven la discriminación, la baja autoestima y la falta de comunicación al seno familiar. 

A quienes leen este artículo les pregunto ¿qué tan buena relación tienes o has tenido con las suegras que te han tocado? Si eres o ha sido suegra, ¿qué tal te ha ido en ese papel? Si la relación no ha sido o no es buena, es tiempo de revisarlo y corregirlo. De ahí la importancia de empezar a deconstruir tu socialización patriarcal y androcéntrica y aprender a relacionarnos de forma distinta. Marshal Rosemberg, pionero de la comunicación no violenta dijo: “puede ser más difícil empatizar con nuestra gente más cercana, pero cuando nuestra comunicación apoya la compasión, el dar y el recibir, la felicidad reemplaza la violencia”.

Para encaminarnos hacia una sociedad más igualitaria y lo primero es desaprender inercias patriarcales y misóginas. Los hombres, masculinidades positivas y no tóxicas, las mujeres, relaciones sororales de colaboración y aprecio con las mujeres de nuestro entorno.  Les invito a hacer este análisis con mirada violeta, para devolver una sana objetividad a nuestras relaciones familiares y reaprender a mirarnos, no para confrontarnos, sino para encontrarnos.