Tren Maya igual a empleo
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Opinión

Debates y Deslindes

Tren Maya igual a empleo

 

Hay tantos temas sobre la mesa que se me dificulta saber cuál es la noticia principal, a la cual deslindar. Nadie puede quedarse indiferente ante la muerte de George Floyd, que ha sido vista por millones y millones de personas indignadas. Las súplicas de que lo dejaran respirar contrastan con la soberbia e impunidad con que fue asesinado por un policía. La indiferencia de los otros policías es indignante. Las manifestaciones de protestas están plenamente justificadas y merecen nuestra solidaridad.

El primer ministro Canadiense Justin Trudeau participo en una manifestación y se hinco durante la marcha como signo de solidaridad. Quién no ha manifestado pesar o vergüenza por el incidente, sino que amenaza con mandar al ejército a contener a los manifestantes es Donald Trump, ya que la Guardia Nacional en algunos estados se ha unido a los manifestantes. Hacía muchos años que no se veían estas manifestaciones en los Estados Unidos los norteamericanos han preferido salir a la calle a manifestarse contra la brutalidad policiaca que se ejerce contra la gente de color, que guardar las medidas sanitarias contra el Covid-19.

El Tren Maya

La puesta en marcha de la construcción del Tren Maya tiene una importancia capital en estos momentos de desempleo y pandemia. La única forma de sacar adelante al país de la pérdida de empleos que ha provocado el Covid-19, es poner en marcha la economía, que los trabajadores ganen y gasten y los empresarios ofrezcan puestos de trabajo y paguen salarios justos.  La construcción del Tren Maya beneficiará a cerca de 80 mil personas y se convertirá en un acelerador del desarrollo del sureste mexicano. No puede haber mejor noticia en estos momentos si queremos salir de la economía quebrada que nos deja el Covid-19. El Estado, como es su papel, actúa como bolsa de trabajo y crea empleo en las zonas donde la iniciativa privada no tiene interés en contribuir al desarrollo.  En forma inmediata se abrirán cientos de empleos para los habitantes de esa región y para los trabajadores especializados de cualquier parte del país. La medida representa un esfuerzo formidable y un empujón extraordinario. Los empleos inmediatos van a empezar a crearse este año, verdaderamente crítico para todo el mundo.

Cuenta una de las leyendas urbanas, que el presidente de México AMLO, había comentado que un problema que le preocupaba era un terremoto en la ciudad de México. Los problemas que traería un fenómeno de esa naturaleza requerirían un gran esfuerzo, humano y económico. Seguramente quitaría tiempo y recursos a sus programas. Lamentablemente el terremoto se presentó en forma de pandemia y no hubo para donde hacerse, los efectos fueron devastadores, además de la pérdida de vidas humanas, se ha presentado en todo el mundo una crisis económica que va más allá de cualquier pronóstico. Los yucatecos no pudieron irse a Yucatán, los ricos no pudieron irse a Nueva York o a Paris y todos tuvimos que apechugar un fenómeno invisible que resulto verdaderamente catastrófico para la especie humana. Los países desarrollados serán los primeros en poner en marcha sus plantas industriales y comerciales al precio humano que sea. A los países neoliberales no les importa el costo humano, les importa el dinero. Máxime en este momento en que, como dijo mi peluquera, “o me pongo a trabajar y me muero de coronavirus, o me muero de hambre”. Así están las cosas. Anunciar la construcción esa obra monumental en el sureste y la creación inmediatamente de empleos es una buena noticia, a pesar de lo que digan los enemigos de la actual administración

El llamado a guardarse

El llamado que hizo el gobierno del Estado de Oaxaca para pedirle a los habitantes de los Valles Centrales que no salgan de sus casas porque los índices de contagio y muerte por la epidemia del Covid-19 son alarmantes, creo que es orar en el desierto. Durante semanas y meses se estuvo pidiendo a la población que adoptará medidas preventivas, el uso de tapabocas, no salir a la calle, cuidarse de contactos humanos, no hizo caso. La vida siguió como si nada.

Comentan que un grupo de funcionarios de la administración pública se contagiaron en una fiesta que organizo el recién nombrado secretario de agricultura, quién en plena pandemia festejo su nombramiento con dos fiestas en Oaxaca y en su pueblo. De ella, medio gabinete salió contagiado. Eso me preocupa, si estos que supuestamente son “leídos y escribidos”, funcionarios públicos de primer nivel no atienden las indicaciones que se dan para evitar contagios, cuidarse y cuidar a la población, que esperamos de los oaxaqueños que no saben leer, no tienen empleo, trabajan en la economía informal o son una clase media sobreviviente. Tendrán el ánimo y la capacidad de entender que deben de cuidarse, que no deben de salir. Que el Virus del Covid-19 sí existe y mata.

Durante décadas los oaxaqueños han hecho de la desobediencia civil una característica de su conducta pública y privada. Es un timbre de orgullo retar a la autoridad y a la sociedad. Los alumnos han perdido en el ciclo de enseñanza primaria un año de clases comparado con los alumnos de otros estados, por los plantones que hacen los maestros lo cual los coloca automáticamente en desventaja en relación con los alumnos de otras entidades federales, y lo más grave, se les enseña la desobediencia civil como vía para solucionar un conflicto u obtener un beneficio.

Como somos pobres o comemos o compramos un tapabocas. Si además no guardamos la sana distancia, organizamos marchas y protestas, bailes y festejos, bodas y cumpleaños estamos a un paso de la crisis. Por otra parte, que podemos hacer, morirnos de hambre en casa, ver llorar a los hijos por un pedazo de pan. Somos pobres, miserables, no pueden pedirnos que nos quedemos en casa y no salgamos a tratar de ganar algún dinero, si no se procura un mínimo de apoyos, comedores populares, entrega de despensas o dinero. El Plan de contingencia tiene que ser integral o no va a ser nunca efectivo. El subdesarrollo nos pega por todos lados.

Son siglos de abandono a un estado digno de mejor suerte.