¿Cuál es el año en tu horizonte? | El Imparcial de Oaxaca
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¿Cuál es el año en tu horizonte?

 


“Me gustaría saber más. Me gustaría llegar a lugares donde se pueda influir en las personas que deciden el rumbo del país, de la ciudad. El cambio climático no se combate en las tribunas sino en los hechos”: Karla Cadena

 

Me dijo que el año 2050 la tenía inquieta.

No es común la afirmación entre nosotros, preocupados más por los plazos breves y la agenda del día. De hecho, aquel horizonte es comúnmente propicio para organizaciones globales o corporativos bursátiles. Pero una persona con la mirada puesta en esa distancia es una excepción a la regla. Por eso, cuando lo dijo, me dispuse a escucharla con detenimiento y a mirar su destello.

Esto del destello también es una excepción.

Todos somos capaces de producirlo. Sin embargo, sólo nos pasa en determinados momentos. Cuando nuestra expresión, el cuerpo, la mirada, son tocados por la pasión y el deseo, cuando lo que decimos energiza todos los órganos y hay un hilo invisible aunque encendido que va de las palabras que pronunciamos hacia lo más profundo de nosotros mismos.

¿Cuándo fue la última vez que se te incendiaba esa flama en el pecho? ¿Sentiste el tiempo detenido mientras tus palabras como río de fuego se escapaban de tus labios? Cuando sentiste el compromiso por una causa mucho más grande que tú, mucho más grande inclusive al pueblo o la ciudad que habitas. Incluso, a tu tiempo.

A Karla Cadena es fácil notárselo si habla sobre medio ambiente, cultura, cine y, apurándonos, sobre la necesidad de compartir los hallazgos que ha efectuado en relación con el cambio climático, las consecuencias de nuestros hábitos y a la insana costumbre de nuestras sociedades de colocar al ser humano en el centro de todo, dejando a un lado a la Tierra, considerando al medio ambiente como una mera proveedora de recursos para el hombre y la mujer.

De allí que el 2050 le resulte una fecha de referencia.

Me dice una cifra: 10 mil millones de personas. Prácticamente esos seremos sobre la faz de la tierra para entonces —quizá unos menos, entre los cuales podemos estar tú y yo, aunque evidentemente no lo deseamos.

La problemática es visible. Las necesidades de alimentación y subsistencia serán incalculables. Karla pone en relieve, por ejemplo, la competencia por el agua, pues sabemos que solamente el 2.5 por ciento del agua en el planeta es potable y sólo debemos imaginar la demanda del líquido de 10 mil millones de seres para entonces.

 

32 AÑOS

Debo admitir, por otro lado, que exageré un poco líneas arriba al ubicar muy lejano al 2050.
Lo parece. Pero la verdad: 32 años no son nada.

En 32 años apenas se concluye una juventud promedio. Cualquier proyecto de 30 debería estar llegando a la madurez plena. Sin embargo, 32 son menos todavía si consideramos la magnitud del problema y la ausencia casi total de proyectos y soluciones en marcha para enfrentarlo.

Bien se dice que las dificultades son tan grandes como estemos preparados para enfrentarlas.

Es evidente que por ello el cambio climático, su entendimiento pleno, las dificultades en relación con la alimentación en el mundo, la falta de contagio de una conciencia ambiental profunda, los daños que producimos con nuestro estilo de vida y consumo, son partes de una especie de enfermedad degenerativa cuyos agentes somos nosotros: los seres humanos, que nos pensamos señores del universo con la Tierra a nuestro servicio.

Lo crucial en este sentido es que si los seres humanos somos agentes de este mal, también lo podemos ser de su tratamiento.

Por eso, cuando me enteré que Karla Cadena había sido admitida en el Climate Reality Leadership Corps en California, fue motivo de entusiasmo, pues finalmente una mujer afincada en Oaxaca de toda la vida, estaría accediendo a un programa de primer nivel en la materia, impartido por el ex vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, conocido por su trayectoria y activismo en pro del medio ambiente y en particular en el entendimiento del cambio climático en el mundo.

Además, que Karla estuviera allí, permitiría que los conocimientos abrevados por ella en distintas instituciones y países se pusiera en práctica. Ella es egresada, por ejemplo, de la maestría en Ambiente, Cultura y Sociedad en la Universidad de Edimburgo, en Escocia, y actualmente en la Universidad de Lund sobre Ciudades Sustentables. Sabemos también de su trayectoria en festivales de cine en Oaxaca o Berlín, así como de su paso por diversos países en busca de referencias a sus pasiones y mente libre.

Su estancia por Escocia la marcó. Me dice que el choque cultural fue importantísimo.

Uno piensa en los viajes y aún en las experiencias como algo sólo placentero. Pero el hecho de saltar barreras como el idioma o las diferencias entre países en términos de establecer relaciones humanas o el clima o incluso la hora del atardecer —me comenta que el sol se llegaba a esconder en algunos casos a las 3 de la tarde—, son asuntos cotidianos que forjan el carácter.

Además, ella era la única alumna del denominado “sur global”, es decir, de los países que antes se les denominaba en vías de desarrollo o del tercer mundo, en contraposición del “norte global” o países desarrollados.

Esto es relevante porque, me refiere Karla, existe un enorme atraso en nuestros países en relación con el entendimiento y atención tanto público como privado del cambio climático y de la problemática ambiental en su conjunto. Entendimiento que, por otro lado, está mucho más avanzado en los países del norte. Ello provoca, entre otros efectos, que personas preparadas en los temas de vanguardia puedan carecer de espacios para desplegar su talento y conocimientos.

En un ambiente de desconocimiento o ignorancia sobre ciertos temas, el tiempo de cosecha puede ser prolongadísimo.

¿A cuántos puede importarle que para obtener un kilogramo de carne para consumo humano se requieran cerca de 7 mil litros de agua? O bien, como ella me ejemplifica, ¿a cuántos realmente les importa la basura que desechan, si lo cierto es que al momento de tirarla la perdemos de vista y nunca más volvemos a saber de ella?

 

LÍDERES VERDADEROS

Sólo los líderes verdaderos están dispuestos a invertir su tiempo a favor de otros seres humanos y, más aún, de algo absolutamente etéreo y aparentemente impersonal como “el planeta”.

Personas preocupadas por asuntos por lo general de último término para las mayorías. Determinantes activistas de causas cuyos resultados se comprobarán cuando ellos mismos arriben a la vejez. O quizá más tarde. Seres dispuestos a dejarse la piel en el camino por los temas, las ideas, los asuntos que consideran vitales para ellos y para el resto, sin que medie una satisfacción mayor que la realización de la visión que abrazan con todas sus fuerzas.

Nadie obliga a Karla a acudir del 28 al 30 de agosto a California a este entrenamiento de alto nivel. Tampoco, nadie la empuja a saber y difundir posibles soluciones para enfrentar el cambio climático. No es por trabajo. Es por cristalizar su humanidad.
Solamente estos líderes entienden que lo importante es provocar que las personas destellen. En esa medida, lo hará el planeta.

@JPVmx