“¡Que vienen los rusos, que vienen los rusos!” | El Imparcial de Oaxaca
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“¡Que vienen los rusos, que vienen los rusos!”

 


En 1966, en plena Guerra Fría, aquella guerra que comenzó entre los dos grandes bloques mundiales al finalizar la Segunda Guerra Mundial y que era más del tipo ideológico, científico, económico, estratégico, cultural, deportivo y artístico que violento, y que terminó al desmontarse la Unión Soviética por ahí de 1989, con la caída del Muro de Berlín, aunque por años costó intromisiones, invasiones, vidas y abusos a los derechos humanos cometidos por las dos partes…

Pues eso, en 1966 apareció una película estadounidense que se llama “¡Que vienen los rusos. Que vienen los rusos!”(Norman Jewison), la que dibuja el estado de ánimo colectivo en Estados Unidos, como producto de la confrontación de las dos potencias que querían implantar su modelo de gobierno en todo el mundo.

Así que de pronto, en una pequeña localidad de la región de Nueva Inglaterra en el noreste de Estados Unidos, se avista un submarino ruso, el Sprut, que por accidente encalla en el litoral.

Esto genera alarma entre la población pues supone una invasión soviética. Luego de avatares por la ayuda que piden los soviéticos para salir del atolladero y de una posible confrontación porque algunos de los marinos rusos han quedado varados en el pueblo y uno de ellos –of course- se ha enamorado de una aborigen estadounidense, pues nada, que está a punto de estallar el conflicto cierto: el capitán del submarino amenaza con disparar en contra del pueblo si no le entregan a los rusos, el pueblo decide que atacará al submarino enarbolando la bandera estadounidense, pero… de pronto…: Y final feliz; y rusos y estadunidenses amigos…

Así que ahora estamos en las mismas. De pronto desde el gobierno de Estados Unidos se advierte de la posible infiltración rusa en las elecciones mexicanas, a favor de Andrés Manuel López Obrador. El gobierno mexicano dice que la campaña de AMLO está siendo apoyada por Rusia y por Venezuela.

De hecho, esto de Venezuela viene siendo una constante en el discurso anti AMLO de Enrique Ochoa Reza a lo largo de meses, desde julio de 2016 cuando asumió como presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. “López Obrador quiere hacer otra Venezuela aquí” era y es su frase sacramental cotidiana.

A esto, luego se agregaría lo de Rusia una vez ocurridas las elecciones en Estados Unidos en donde el presidente Donald Trump, tan queriente de lo mexicano, no ha podido deslindarse plenamente de las evidencias en las que se supone que solicitó y recibió ayuda del gobierno ruso para ganar las elecciones en su país a Hillary Clinton, del Partido Demócrata.

Desde entonces a Rusia se le ve en el mundo como un país que quiere infiltrarse en asuntos internos de otros países. Alemania y Francia lo advirtieron el año pasado, aunque luego de pláticas con los rusos pararon el taco.

Pero acá no. Y de pronto el señor Rex Tillerson, secretario de Estado de EUA, vino a México el 3 de febrero y lanzó la advertencia de precaución a los mexicanos: “¡Que vienen los rusos!”. Pero, lo dicho, más que eso, es un modo de apoyo al gobierno de Enrique Peña Nieto y al precandidato priista.

De todos modos lo que hace Tillerson es una forma de intromisión en el proceso electoral y hasta quizá se tuvo que morder la lengua cuando, antes de su llegada a México, el encargado de la política exterior estadounidense advirtió a los países de América Latina de ‘una dependencia excesiva en sus lazos económicos con China y Rusia’:
“América Latina –dijo el jueves 1 de febrero en Texas– no necesita nuevos poderes imperiales”.

¿Por qué a los rusos de pronto le tendría que interesar intervenir en el proceso electoral mexicano? Nada más absurdo. Durante toda la famosa Guerra Fría, a México ambos países lo vieron como país de paso; para Estados Unidos país aliado y enlace perfecto de EUA con ‘Cuba-soviética’. Rusia veía a México como país amigo de Cuba en donde estaban puestos sus intereses estratégicos.

Los rusos no necesitan involucrarse en el tema electoral si quieren intervenir en asuntos mexicanos. Así como los estadounidenses lo hacen de forma descarada con gobiernos mexicanos inconsecuentes, los rusos podrían tener esos mismos tentáculos aquí. Pero difícilmente se desgastarían en apoyar a un candidato de izquierda cuando saben que un gobernante priista es fácilmente manipulable, como ya ocurre desde Estados Unidos en el presente.

Lo de Venezuela viene siendo lo mismo: campaña-campaña-campaña. Ciertamente el enemigo electoral a vencer en México es AMLO, quien cada día tiene aristas más complicadas, a las que suma sus decisiones de incorporación de actores políticos de carne-chile-dulce en donde su proyecto deja de ser “su proyecto” para ser el de quienes llegan ahí con intereses políticos individuales, más que ideológicos o de gobierno o de reconstrucción de un país… y más.

Pero la campaña anti AMLO vive una ‘Guerra fría’, en la que se vale de todo. Y sí, es propio en campañas electorales aquí y en cualquier otro lado. El tema es que con frecuencia las balas que se lanzan para desactivar al adversario, son balas de salva que no dan en el blanco… y no queremos que den en ese blanco, por el bien de todos.