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Labrar el campo con incertidumbre; se extinguen los trapiches de caña

Los campesinos de la Ciénega, Zimatlán, en Valles Centrales claman por agua, pero ruegan que el Atoyac no inunde sus tierras


Labrar el campo con incertidumbre; se extinguen los trapiches de caña | El Imparcial de Oaxaca

En la cuna del frijol, maíz criollo y caña, las esperanzas de una buena cosecha se aleja casi con la inmediatez con la que llega la temporada de lluvias, pues desde hace varios años, el desbordamiento del río Atoyac les genera más pérdidas que beneficios.

A lo largo de un recorrido por la comunidad ubicada en los Valles Centrales, hombres y mujeres dedicados al campo, coinciden en que la falta de apoyo es uno de los detonantes para una baja producción anual.

“Los campos se ven verdes, pero es este año, en 2019 y 2020 las lluvias fueron muy escasas y cuando se desborda el río Atoyac nos echa a perder la planta de maíz, frijol o caña”, relata Isidro García, productor de básicos.  

Mientras labra el terreno en donde sembró semillas de maíz y también esperanza, debido a que hace un año no cosechó nada, sostiene que a la Ciénega no ha llegado ningún apoyo para el agro.

“No podemos decir que estamos bien, cuando solo tenemos una ayuda como adultos mayores, nosotros –los viejos– dice, no podemos quedarnos en casa, y es necesario salir a cuidar la plantación y ver que crezca”.

Expone que desde hace décadas a cada autoridad que llega les han planteado el tema del continuo desbordamiento de uno de los bordos que contienen las aguas que vienen del Atoyac, no obstante nadie les hace caso.

Admite que la peor parte siempre se la lleva los productores localizados en el paraje conocido como “La Tembladera”, al estar localizado en la parte baja y en donde los cultivos quedan bajo agua.

Rogar a San Isidro Labrador 

Felícitas Jiménez Pérez, comerciante de la localidad, confía en que la cosecha del presente año sea tan fructífera como no lo ha sido en por lo menos cinco años; sin embargo, dice, “ya hasta le tenemos miedo a la lluvia”.

Sus recuerdos vienen de cuando se desborda el río Atoyac en la parte baja de la comunidad y el agua que corre libremente por los campos llega a dañar los escasos cultivos de básicos.

Para la mujer de mandil a cuadros y vocación comercial, la sequía ha sido más agresiva en la comunidad desde 2019, cuando el campo estaba desolado y la temporada de lluvias nunca llegó.

“Ahorita estamos vendiendo un poco de todo, el frijol lo tenemos a 35 pesos el kilogramo y es un buen precio, porque es de primera, en otros pueblos vecinos llega a costar 40 o 45 pesos y nosotros estamos aguantando para ayudarnos”, relata.

Si en algo coincide con los productores de básicos es en el abandono por parte de las autoridades tanto municipal, estatal y federal; “se les olvidó el campo y los campesinos”, lamenta.

Admite que la devoción la tiene en la Virgen de Juquila a quien cada año visita en su Santuario y en San Isidro Labrador, a quien le pide por una buena temporada de lluvias pero que no afecte los cultivos.

Casi se extinguen los plantíos de caña

De los 11 trapiches que llegaron a funcionar de caña de azúcar, hoy nada más queda uno en la comunidad, la falta de agua en la región es la principal causa de su extinción, sostiene Pedro Díaz, productor de la zona.

Explica que desde hace una década, La Ciénega ha pasado de ser una comunidad productora de básicos para su comercialización a solamente producir para el autoconsumo y para el ganado.

No es ajeno a la problemática que se vive en la población dado que año con año le han pedido a las autoridades municipales que rehabiliten los bordos para evitar los desbordamientos del Atoyac en los meses de agosto y septiembre.

“Somos hombres de campo, ahorita estamos desyerbando la siembra para que crezca bien y podamos cosechar en unos meses, pero si nos gana el agua, nos va a echar a perder todo”, alerta.

Sin embargo, lamenta la omisión oficial, dado que ni la Secretaría de  Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), ni la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Pesca y Acuacultura (Sedapa), han diseño estrategias que los apoyen para tener mejores cultivos.

La edad dorada en el  campo

Wilfrido Rojas Hernández, productor de maíz, sostiene que al menos en la comunidad de La Ciénega, los campesinos rebasan en su gran mayoría los 65 años, principalmente ante la emigración de jóvenes, “hemos envejecido y aquí seguimos”.

Casi con tristeza relata la falta de interés de las nuevas generaciones para atender las labores del campo o porque se han ido al norte; “no les interesa cultivar la tierra, mire aquí seguimos ya estamos entrados en años, pero es lo que no da de comer”.

El sombrero de palma es uno de los accesorios que no deja a lo largo del día; observa con nostalgia el campo de cultivo que llegó a regar por la mañana y ya casi entrando la tarde deja para descansar un rato.

Reitera que en un año de cultivo llega a sacar dos toneladas de maíz como máximo, pero una parte la guarda para el autoconsumo, se suma a la petición de sus paisanos; “apoyos para no dejar morir cultivos de básicos y acciones para evitar el desbordamiento del río Atoyac”.