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La pepena, única forma de hallar recursos para comer 

Con frío o calor, entre lixiviados y moscas que rondan la putrefacción en la zona de rampa y carretilla


La pepena, única forma de hallar recursos para comer  | El Imparcial de Oaxaca

Con frío o calor, entre lixiviados y moscas que rondan la putrefacción en la zona de rampa y carretilla, Mari y al menos otros dos jóvenes hurgan entre los montones de basura. Lo que para unos es basura, para ellos es la única manera de conseguir ingresos.

Papel higiénico, cáscaras de frutas y verduras (incluso piezas completas echadas a perder), además de cajas de cartón y todo tipo de plásticos están revueltos en esta parte de la Central de Abasto, en donde una jornada normal puede reunir varias toneladas de basura que a cada tanto son retiradas para continuar su camino hacia el basurero municipal en la Villa de Zaachila.

Mientras tanto, algunos perros rompen las bolsas en busca de alimento, la mujer de más de 60 años de edad intenta rescatar las botellas de PET o latas de aluminio y cartón que más tarde venderá como material reciclable. Hace 10 años que se dedica a ello, esta es su única fuente de ingreso que, con la pandemia de Covid-19, se complicó al menos en los primeros meses de la crisis sanitaria.

Ahora, a más de un año, considera que el trabajo es “normal”, que la situación está “bien”. En una bolsa de plástico Mari va guardando algunas botellas, como lo ha hecho este sábado.

Ella y algunos jóvenes van recogiendo todo lo que puedan vender en un centro de acopio. Para la habitante de San Martín Mexicápam ser pepenadora, como se conoce a quienes como ella viven de recoger y vender desechos, es su única opción en una década.

Antes de ello se empleó en otros trabajos, pero desde que se quedó a cargo de su nieto no le ha quedado otra opción. “Ya vamos para los 65 (años de edad)”, cuenta Mari, quien dice que trata de sobrevivir con “lo poco” que obtiene de la venta de desechos.

Ella no pudo irse de cuarentena con la llegada de la Covid-19 al estado. “Yo seguí saliendo normal porque, si descansaba, no había para darle de comer al chamaco”, confiesa ante la responsabilidad de criar a un infante que está con ella desde su primer año de edad.


 

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