En la Mixteca sobresalen los rostros de dolor y de miserias
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En la Mixteca sobresalen los rostros de dolor y de miserias

Nicolás Erasmo Jiménez Martínez y su esposa doña Victorina Fernández Quintero de 89 y 83 años de edad padecen la pobreza


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De arrugados rostros y el mirar nublosos, cansados de dolor y coraje, de tristeza y desesperanza; de engaños y vejaciones; de impotencia ante los actos de barbarie y gran corrupción del gobierno federal que tiene a la raza indígena de México, sumisos en la miseria que permea en esta zona de la Mixteca.

DOLOR Y CORAJE

Sentados sobre la guarnición de las calles principales de la entrada al centro de la municipalidad de San Miguel Amatitlán, los octagenarios Nicolás Erasmo Jiménez Martínez , junto a su esposa doña Victorina Fernández Quintero de 89 y 83 años de edad respectivamente; nublosos en su mirar, fatigosos en el caminar, pacientes esperan a que abran la tienda popular Diconsa para comprar dos kilos de maíz para el sustento; en tanto, el sol con sus candentes rayos cae sobre la humanidad de los nativos de Amatitlán.

En los rostros de éstos aborígenes mixtecos reflejan el dolor, coraje, en sus miserables condiciones de vida; es el rostro de los olvidados del México del siglo XXI, en ellos está la patria presente, “porque vivimos, caminamos, comemos; trabajamos y construimos Amatitlán para que sea siempre un gran pueblo, somos el presente porque tenemos vida, vivimos y seguimos caminando con los niños y los jóvenes”, aseguran en sus temblorosas voces.

Al tiempo recuerdan que padecieron situaciones muy duras y difíciles en los tiempos de la revolución, “puros forajidos”, hubo hambruna en los pueblos, pero aquí estamos, “ahora caminamos por dos kilitos de maíz para comer, todo está muy caro, el dinero no alcanza, Dios nos bendice con las lluvias que están cayendo en estos días, pero la tierra ya no produce como antes, es la dureza de la vida para los campesinos, para los pueblos”, añoran los abuelos tras el momento de levantarse porque la encargada de la tienda popular abre las cortinas cuando son las 12:30 horas.

MEXICANOS OLVIDADOS

Basta con mirar la humanidad de Don Nicolás Erasmo Jiménez y doña Victorina Fernández, en ellos se ve reflejado el rostro de los mexicanos olvidados, abandonados y sumisos en miseria extrema en todo lo ancho y largo del territorio nacional; mientras que en los medios de comunicación masivo, se le da más importancia al pleito entre políticos.

Cuando en los rostros de los indígenas de la Mixteca, se expresa todo el dolor, la tristeza y la desilusión por el mal gobierno que padece la patria mexicana; mientras don Nicolás Erasmo y doña Victorina caminan y esperan cerca de 45 minutos para que abran la tienda popular y puedan comprar ‘dos kilos de maíz’, el gobierno federal y sus funcionarios viajan en lujosos camionetas blindadas, con zapatos de piel y ropas de seda; paradojas de la vida.

POCO APOYO DEL GOBIERNO

Al tiempo, los nativos de Amatitlán reconocen que cada dos meses les llega el apoyo del gobierno federal, “pero café, azúcar y poco de maíz, no alcanza para más, el jitomate, el chile, las cebollas ya les subieron el precio”; la vida para los hombres de los pueblos es muy dura, cuentan.

Igualmente, revelan que las casas de adobe, tejamanil, morillos y puertas de madera las primeras y techos cubiertos de tejas fueron las que comenzaron a embellecer el entorno de población, poco a poco las de pajón quedaron atrás; luego el piso de gruesos ladrillos de barro; enseguida algunas calles se empedraron para dar cabal lucimiento como un pueblo que va alcanzando su desarrollo material, sostienen.

El tronco común de los pueblos está en las fuerzas, en el saber, en el caminar y en el mirar de su gente, de los mayores, de los principales, de los tá sano, de los tá sacua’a; que como dicen don Nicolás Erasmo y doña Victoriana, son aun de esta generación, “porque estamos vivos, caminamos, comemos y seguirnos trabajamos, en el campo y en el hogar, no nos hemos muertos para que nos abandonen, aunque digan que estamos viejos, pero todavía para hacer mandados estamos, mientras Dios nos dé fuerzas seguimos caminando”, resaltaron.

Con sus dos kilitos de maíz, regresan caminando a casa, “ahí nos vivimos”, como diciendo “nomás tras lomita” y un poquito más caminamos, “ahí tiene su humilde casa”, es la vida cotidiana de los rurales, los hombres y mujeres raíz y tronco común de las familias de México que en su totalidad viven en extremas miserias.

 

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