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Imparable, violencia de género en el Istmo

Mujeres istmeñas narran la violencia intrafamiliar de las que han sido objeto, y desde donde luchan para que esta situación termine, motivadas por sacar a delante a sus hijos


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Por: José NIeto

Rosa Elva Ruiz es originaria de Juchitán de Zaragoza, ciudad zapoteca, procreo tres hijos con Alejandro Rasgado, con quien estuvo casada durante 23 años, tiempo durante el cual fue objeto de violencia física, económica y psicológica, además de soportar las constantes infidelidades de su marido.

Obligada por la necesidad, debió de aprender diversos oficios que le enseño su suegra, entre ellos la elaboración de totopos, tortillas, atole, y otros derivados del maíz, los cuales vendió en las calles para aportar con la economía familiar.

A los pocos meses de casada, observó notables cambios en su marido, de amoroso a violento, y de responsable a olvidarse por semanas de aportar al sustento diario.
Las infidelidades empezaron a ser notables, la falta de dinero para la compra de alimentos se hizo presente, el primogénito enfermizo, entre otras cosas, provocaron las primeras discusiones entre la pareja y en consecuencia los primeros golpes.

Alentado por los consejos de su padre, un trabajador de la construcción sin estudios, Alejandro arremetía a golpes en contra de Rosa Era cada vez que llegaba en estado de ebriedad, más aún sí se negaba a tener intimidad o le reclamaba su irresponsabilidad ante la economía familiar.

En diversas ocasiones, presentó denuncias ante las autoridades correspondientes sin ser escuchada, gracias a las influencias políticas de Alejandro, y a pesar de las certificaciones médicas que respaldaban las lesiones físicas que destacaban en su rostro y cuello, nunca se aplicó la ley.

Con el paso de los años nacieron dos hijos más, pensando que con esto su marido cambiaría, pero los golpes e insultos continuaron, sumándose los actos de violación, además de una mayor violencia verbal denigrante en su contra.

Con la ayuda de dirigentes políticos, Alejandro impidió ser desalojado de su vivienda ubicada en una colonia popular de las muchas que existen en la ciudad.

El único efecto que tuvo la orden judicial fue en contra de Rosa Elva, ya que gracias a los golpes de su marido, sufrió de lesiones en la cadera y la perdida de dientes.

El apoyo otorgado por la organización Mujeres 8 de Marzo que dirige Rogelia González Luis fue débil, ya que la asesoría legal que le proporcionó a Rosa Elva por una u otra situación no logró divorciarla.

Con el apoyo insistente de un abogado, después de varios intentos logró separarse de su marido además de cumplirse la orden judicial de desalojo, de manera insistente Alejandro ha intentado conquistarla, ante el rechazo surgen las amenazas.


 

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