Adiós al bordador de hilos de plata | El Imparcial de Oaxaca
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Adiós al bordador de hilos de plata

Este lunes 4 de enero, se cerró el ciclo de vida de Juan Manuel García Esperanza, hoy Oaxaca llora su partida


Adiós al bordador de hilos de plata | El Imparcial de Oaxaca
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JOSÉ LUIS PÉREZ CRUZ/SANTACULTURA.MX

Todos los días y antes de comenzar su jornada de trabajo, Don Juan Manuel García Esperanza pedía a Dios que el tiempo le rindiera para hilvanar sus hilos de plata; sin embargo, él decía que el tiempo se iba rápido y a veces era su peor enemigo. Este lunes 4 de enero el tiempo de vida de esta gran oaxaqueño cerró su ciclo, y así, hoy Oaxaca llora su partida.

SOBRE EL ARTESANO

Don Juan Manuel nació un 24 de junio de 1943. Fue hijo de los señores Luis García Feria y Guadalupe Esperanza. Sus primeros pasos fueron entre los surcos del Barrio de la Noria y un Oaxaca que se iluminaba con luciérnagas; heredero de valores y tradiciones que le entregó una dinastía de hortelanos. 

“Yo empecé a los 10 años a trabajar la joyería; nosotros éramos hortelanos, entonces llegó un momento en que mis padres se dieron cuenta que la huerta tenía sus días contados, y como no me gustó la escuela, mi padre me dijo que tenía que aprender un oficio”, contaba don Juan Manuel.

Así, a los 10 años don Juan Manuel entró como aprendiz de joyería con el maestro Heliodoro Bautista, combinando el trabajo de la siembra a lado de sus padres con  esas tardes donde aprendió el arte que sería su vida entera.

PACIENCIA, UN DON NECESARIO

Don Juan Manuel decía que la paciencia era un don necesario para trabajar la filigrana, “pero cuando a uno le gusta lo que uno hace, no existe ningún obstáculo para entregarse a una tarea”, comentó en alguna de las largas pláticas al interior de su taller de la calle de Vega.

Su mirada viva y llena de orgullo de ser quien era, hacían de don Juan Manuel un personaje único en la ciudad de Oaxaca, hombre trabajador e incansable, que lo mismo creaba unos aretes del jardín, que unas emes, unos gusanos, un guardapelo o cualquier encargo que sabía elaborar con absoluta entrega.

Don Juan Manuel tuvo como compañera de vida a María Teresa Ramos Cervantes, con quien tuvo siete hijos, de los cuales, el maestro José Jorge García aprendió su oficio,  “José Jorge siguió mis pasos y hasta me rebasó, aprendió bien y ha ganado premios”, decía satisfecho García Esperanza.

Hoy Oaxaca está de luto, uno de sus hijos más valiosos emprendió el vuelo hacia mejores horizontes. Don Juan Manuel dejó montado un nacimiento que por años mantuvo siempre encendido en una habitación de su casa.

Su identidad oaxaqueña le llevó a tener muy bien cuidada su adorada colección de monos de calenda que ascendía a más de 30 gigantes vestidos con esmero, que seguro extrañarán bailar con él en la calendas y rendidas de culto.

A este gran oaxaqueño le costó trabajo irse, luchó como un guerrero para permanecer en la tierra que tanto honró, no solo con el oficio que aprendió desde los 10 años, sino viviendo la cultura que le fue sembrada en el corazón.

VIVÍA PARA LA CULTURA

Un hombre que no vivía de la cultura de Oaxaca, él vivía para la cultura de su tierra, su pensamiento y vida cotidiana daban cuenta de lo que era ser un oaxaqueño de verdad.

Si finura y arte no solo se reflejó en las detalladas piezas de filigrana en oro y plata que elaboró por más de 60 años, también sus manos crearon escenas costumbristas con rábanos, siendo ganador de 18 certámenes de lo que antiguamente era la Noche de Rábanos.

Su sencillez era palpable en su plática, en su vestir sencillo, en su andar por la calle abrazado de su morral, en su generosidad sin límite, y en su enorme devoción a la Virgen de Juquila. 

Se van reuniendo muchos  oaxaqueños valiosos en el cielo, se agotan las voces del ayer que nos alimentaban de historias de un hermoso Oaxaca que no volverá. Hoy don Juan Manuel cierra una página de oro en la historia del Barrio de la Noria de la ciudad de Oaxaca.