Monsiváis y Francisco Toledo, difíciles de clasificar
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Arte y Cultura

Monsiváis y Francisco Toledo, difíciles de clasificar

En el aniversario luctuoso del escritor, el crítico y curador de arte, Fernando Gálvez de Aguinaga desentraña la amistad entre éste y el artista y activista Francisco Toledo

Monsiváis y Francisco Toledo, difíciles de clasificar | El Imparcial de Oaxaca
Foto: Internet

Aunque uno de ellos forjó una vida en las letras y el periodismo y el otro en las artes visuales, Carlos Monsiváis y Francisco Toledo fueron y son “dos personajes extraordinarios, difíciles de clasificar dentro del panorama cultural mexicano”. Para el crítico y curador de arte Fernando Gálvez de Aguinaga, incluso la amistad de ambos es muy particular y permitió una serie de colaboraciones en que sus ideas fueron alimentadas desde ambos lados.

ANIVERSARIO LUCTUOSO

En este año, la dupla cumple un aniversario luctuoso. Para Monsiváis es el décimo, hoy, 19 de junio (1938-2010); a Toledo (1940-2019), aún le aguardan unos meses para el primero, en septiembre. Pero los aniversarios permiten en ambos casos desentrañar una amistad entre estos mexicanos, referentes en las artes y la cultura de su país. También, en la entidad en que cada uno nació o vivió la mayor parte de su vida: Ciudad de México y Oaxaca. Y que a su vez los unió en cada proyecto o iniciativa.

Cada uno, dice Gálvez, estuvo muy identificado con su ciudad. “Carlos Monsiváis decía que tenía la cualidad de multiplicarse y poder estar en muchos sitios de la Ciudad de México al mismo tiempo: presentando libros, haciendo crónicas periodísticas. Corría la leyenda de que estaba dando una conferencia al mismo tiempo que daba seguimiento a una marcha”.

Con Toledo observa lo mismo para el estado y la ciudad de Oaxaca, pues  “con un estilo radicalmente distinto, en el sentido de ser un verdadero impulsor de iniciativas que modificaron la vida de la ciudad de Oaxaca; hay un antes y un después en la vida de Oaxaca”.

EL INICIO DE UNA GRAN AMISTAD

Pero entre Francisco Toledo y Monsiváis, dos autores que se conocieron muy jóvenes, cuando el primero ya vivía en París, Francia. “Me parece que vino a México se conocieron en una librería (la Zaplana, en Ciudad de México), en donde Toledo vio a Monsiváis, lo saludó y platicaron un rato” y en la que, a decir de Gálvez, fue donde el escritor observó un vínculo muy grande de Toledo con los libros.

Así comenzó la amistad de quienes trabajaron de la mano para crear libros, en una especie de amistad entre letras y artes visuales. Incluso, este vínculo se observa en una exposición Toledo-Monsiváis presentada en 2012 en el Museo del Estanquillo, que fundó Monsiváis. Y luego el año pasado y parte de este en el Museo de los Pintores Oaxaqueños, donde la emergencia sanitaria hizo que se quedara más tiempo.

La muestra es un repaso por la obra plástica del artista juchiteco y del escritor, con publicaciones editoriales como: Zoología fantástica, en una edición para la que Toledo hizo 46 originales en papel y Monsiváis escribió el prólogo. Además de 80 trabajos originales de la Libreta de apuntes de Francisco Toledo, con textos de Carlos Monsiváis. O el trabajo de ficción de Monsiváis, el Nuevo catecismo para indios remisos, con cuentos y fábulas que escribió por petición de Francisco y que desde la perspectiva de Gálvez lo inclinaron hacia la literatura, pues el trabajo de Monsiváis estuvo más del lado del periodismo o del ensayo.

ALIANZAS

Pero estos son sólo ejemplos de una alianza que comenzó décadas atrás con la creación por parte de Toledo de la Casa de la Cultura de Juchitán o de la adhesión de éste a las ideas de lucha de la Coalición Obrera Campesina Estudiantil del Istmo de Tehuantepec, y para la que autores como Monsiváis se sumaron en una especie de acompañamiento a tales luchas.

La revista Guchachi’ Reza, del Istmo e impulsada por Francisco Toledo, Víctor de la Cruz y Macario Matus, tuvo incluso textos de Monsiváis. Éstas y otras colaboraciones editoriales como un libro de la editorial Era representan para el crítico de arte los testigos de la amistad de Toledo y Monsiváis.

Desde entonces se forjó una alianza amistosa, de vida, según explica el curador, quien recuerda que cuando dirigió el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, creado por Toledo, bastaba levantar el teléfono y pedir a Monsiváis una colaboración para una conferencia u otra actividad para que este accediera y viniera hasta ocho veces por año a Oaxaca.

“Monsiváis nunca pidió ni boletos de avión porque apoyaba a su amigo”, subraya.

DISCUSIONES Y COINCIDENCIAS

Entre Francisco Toledo y Carlos Monsiváis, Gálvez identifica no sólo amistad, sino discusiones o coincidencias de pensamientos o posturas, como la que surgió a partir de la serie Lo que el viento a Juárez. Monsiváis era admirador de las ideas del Benemérito de las Américas y Toledo más un crítico de Benito Juárez.

Ambos lograron resolver la discusión e incluso propiciaron una crítica hacia la historia o los personajes de ésta, pues generalmente se les tiene en una especie de pedestal o se les ve como intocables. Esa forma de ver el mundo los conectaba mucho, subraya Gálvez, pues ambos fueron críticos con la realidad, los personajes de la historia y la historia misma, con el oficialismo de México.