La editorial mexicana Almadía suspendió las presentaciones de Donde el agua trabaja, novela corta del escritor peruano David Silva Rojas que obtuvo el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat, luego de que un análisis atribuyera a la inteligencia artificial (IA) el 99 por ciento de su contenido.
La decisión se produjo tras una investigación publicada por el diario EL PAÍS, que examinó las aproximadamente 26 mil palabras de la obra mediante Pangram, una herramienta diseñada para identificar patrones asociados con textos generados por sistemas de IA.
El caso abrió una controversia sobre la autoría del libro, las condiciones del certamen y los mecanismos con los que las editoriales pueden comprobar que las obras premiadas cumplen sus reglas. Sin embargo, hasta ahora no existe una conclusión oficial que confirme que Silva Rojas utilizó inteligencia artificial para escribir la novela.
Almadía anunció que realizará una revisión detallada antes de determinar si existió alguna irregularidad. Mientras tanto, canceló temporalmente las actividades programadas para presentar el libro en Madrid, Barcelona, Sevilla y Cádiz.
ALMADÍA PONE EN PAUSA LA GIRA Y PIDE TIEMPO PARA INVESTIGAR
La editorial informó sobre la suspensión mediante un comunicado difundido en redes sociales, en el que reconoció que los señalamientos generaron dudas que deben analizarse con seriedad.
“Consideramos necesario realizar una revisión detallada, sin anticipar conclusiones y con el cuidado que requiere una valoración que puede afectar a una obra y su autor”, expresó el sello editorial.
Almadía explicó que la publicación de un libro implica una relación de confianza entre quien escribe, quien edita y quien lee. Por ello, sostuvo que tiene la responsabilidad de esclarecer lo ocurrido sin emitir juicios anticipados sobre el escritor.
La empresa aseguró que Silva Rojas declaró en el contrato correspondiente que no había utilizado herramientas de inteligencia artificial para redactar la novela. Según la editorial, el autor también le confirmó personalmente que no había recurrido a ellas.
“Además de firmar y declarar en el contrato que no utilizó estas herramientas, el autor también nos lo aseguró en persona y no tenemos elementos para desconfiar de su palabra”, señaló la editorial.
El sello añadió que, durante la lectura del manuscrito, ni el jurado ni su equipo editorial detectaron elementos que les hicieran sospechar del posible uso de IA generativa.
La suspensión de las presentaciones constituye, por ahora, una medida preventiva. No significa que la editorial haya confirmado una infracción ni que el premio haya sido retirado.
LAS BASES DEL PREMIO PROHIBÍAN EL USO DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Uno de los puntos centrales de la controversia es que las reglas del certamen establecían expresamente que las obras no podían haber sido escritas, ni siquiera parcialmente, con inteligencia artificial.
El premio fue convocado en noviembre de 2025 por Almadía y la fundación española Ventosa Arrufat. De los 2 mil 204 manuscritos recibidos, Donde el agua trabaja resultó ganadora, con un fallo anunciado a finales de julio de 2026.
Las bases advertían que participar implicaba declarar que el texto no había sido elaborado mediante herramientas de IA. También establecían que, ante cualquier indicio o sospecha de incumplimiento, la obra podía ser descalificada sin importar la etapa del proceso.
La regla coloca a la editorial ante una cuestión que va más allá de la calidad literaria: determinar si el autor cumplió las condiciones bajo las cuales obtuvo el reconocimiento.
No obstante, la existencia de una prohibición explícita no elimina la necesidad de investigar los hechos. Antes de tomar una decisión sobre el premio, será necesario contrastar los resultados del detector con otras evidencias y escuchar la versión del autor.
La editorial no ha anunciado una fecha para concluir la revisión ni ha detallado públicamente cuáles serán los criterios definitivos para resolver el caso.
PANGRAM ATRIBUYE A LA IA EL 99% DEL TEXTO
La alerta surgió a partir de un análisis difundido por EL PAÍS, que examinó el libro completo, de unas 26 mil palabras, con la versión 4.1 de Pangram.
El resultado atribuyó a la inteligencia artificial el 99 por ciento del texto, una cifra que despertó dudas sobre el proceso de escritura de la novela premiada.
La investigación periodística también reportó resultados elevados en otros textos vinculados con Silva Rojas. El detector atribuyó un 97 por ciento de probabilidad de generación mediante IA a sus respuestas en una entrevista publicada en septiembre por la revista Ulrica, así como un 80 por ciento a un texto en primera persona sobre el origen de la novela, difundido en la web de Ventosa Arrufat.
Estos resultados forman parte de los indicios que han alimentado la controversia, pero no constituyen por sí solos una prueba concluyente sobre quién escribió la obra ni sobre el uso que pudo haberse dado a estas herramientas.
Los detectores de IA identifican patrones lingüísticos asociados con modelos generativos, pero no necesariamente distinguen entre un texto producido automáticamente, uno elaborado a partir de materiales humanos o uno revisado con asistencia tecnológica.
Aunque Pangram sostiene que su tasa de falsos positivos es baja, ningún sistema de detección está libre de errores. Por ello, el resultado debe contrastarse con información adicional antes de atribuir una infracción al autor.
En este caso, además, las bases del premio prohibían el uso parcial de IA, por lo que la revisión tendrá que establecer si existió alguna intervención tecnológica incompatible con las reglas del certamen.
LA EDITORIAL NO DETECTÓ SEÑALES DURANTE LA EVALUACIÓN
La situación también plantea preguntas sobre los mecanismos de revisión que se aplicaron antes de otorgar el premio y publicar el libro.
Almadía sostuvo que ni el jurado ni su equipo editorial encontraron señales de que la novela hubiera sido escrita con inteligencia artificial. Su valoración, explicó, se centró en el conjunto de la obra, su voz narrativa, su estructura y los sentidos que propone.
El jurado estuvo integrado por las escritoras Cristina Rivera Garza, de México; Selva Almada, de Argentina, y Mónica Ojeda, de Ecuador.
Al anunciar el reconocimiento, las integrantes del jurado destacaron el tratamiento literario de los silencios y el uso de un lenguaje sutil, construido mediante oraciones breves. La novela aborda la explotación laboral y las condiciones de vulnerabilidad de los jornaleros de la agroexportación.
Silva Rojas, nacido en Ica, Perú, en 1981, es abogado especializado en Derecho Penal e investigador. En entrevistas anteriores señaló que la obra surgió de una investigación sobre los trabajadores agrícolas de su región, que incluyó entrevistas y visitas a fincas.
También explicó que su propuesta estilística estuvo influida por el haiku japonés y su capacidad para concentrar una experiencia en pocos elementos. Ese antecedente forma parte del contexto de su escritura, pero no confirma ni descarta el empleo de inteligencia artificial.
Según la información publicada por EL PAÍS, la editorial fue consultada sobre la existencia de borradores y registros de las distintas versiones del manuscrito. Almadía respondió que el asunto era complejo y que necesitaba tiempo para hablar con el escritor y continuar su investigación.
La revisión de esos materiales podría contribuir a reconstruir cómo se desarrolló el proceso creativo. Por ahora, no se ha hecho pública una conclusión sobre las pruebas disponibles.
EL DESAFÍO DE RESOLVER EL CASO SIN ANTICIPAR CULPABILIDADES
La controversia enfrenta a Almadía con una decisión delicada: proteger la credibilidad de su premio sin convertir un resultado automatizado en un veredicto definitivo sobre el autor.
Si la investigación confirma que se incumplieron las bases, la editorial tendrá que determinar las consecuencias correspondientes. Si no encuentra elementos suficientes, también deberá explicar cómo evaluó los indicios para sostener la legitimidad de su decisión.
La transparencia será fundamental en ambos escenarios. No solo está en juego el reconocimiento otorgado a una novela, sino la confianza de los escritores que participaron en el certamen y de los lectores que compraron la obra bajo la premisa de una autoría humana.
El caso también obliga a reflexionar sobre la necesidad de establecer procedimientos claros para revisar posibles usos de IA, definir qué evidencias se consideran válidas y garantizar que los autores tengan oportunidad de responder a los señalamientos.
Por el momento, Almadía mantiene suspendidas las actividades relacionadas con Donde el agua trabaja y ha reiterado que no anticipará conclusiones. El futuro del premio y de la publicación dependerá de los resultados de esa revisión.
EL CASO DE FRANCIA, UN ANTECEDENTE RECIENTE
La polémica en torno a Silva Rojas se produce pocos días después de otro caso relacionado con inteligencia artificial en el ámbito literario. Según EL PAÍS, la editorial de la novela francesa C’était ça ou mourir, del canadiense Thélyson Orélien, se desvinculó del autor tras una investigación interna que confirmó el uso de estas herramientas en la redacción de la obra.
Finalmente, aunque ambos episodios reflejan los desafíos que enfrenta la industria editorial ante la expansión de la IA generativa, el caso de Almadía continúa abierto. Por ahora, la editorial mexicana no ha confirmado que exista una infracción y mantiene su compromiso de revisar las pruebas antes de tomar una decisión definitiva.











































