Las lluvias que han azotado la capital oaxaqueña han encendido las alertas por el deterioro de viviendas y edificios antiguos del Centro Histórico, donde el desprendimiento de fragmentos de fachadas representa un peligro para peatones, automovilistas y comerciantes.
Uno de los casos recientes se registra sobre la avenida Independencia, donde parte de la fachada de un inmueble se desprendió y obligó a delimitar la zona para evitar que las personas transiten cerca de la estructura dañada. El área permanece acordonada desde hace varios días, sin que el riesgo deje de llamar la atención sobre el estado de las construcciones antiguas de la ciudad.
El problema no es nuevo. A principios de este año, información publicada por El Imparcial de Oaxaca advirtió que al menos 130 inmuebles del Centro Histórico presentaban un alto riesgo de colapso parcial o total, una situación que expone a la población a posibles accidentes.
Las precipitaciones vuelven más urgente atender estos puntos, pues el deterioro de muros, techos, bardas y marquesinas puede agravarse cuando las estructuras están expuestas a la humedad y carecen de mantenimiento.
FACHADAS DAÑADAS, UN RIESGO PARA QUIENES CAMINAN POR EL CENTRO
El desprendimiento registrado en la avenida Independencia es una muestra de los peligros que representan los inmuebles deteriorados en una de las zonas con mayor movimiento peatonal de Oaxaca de Juárez.
El acordonamiento permite advertir sobre el riesgo inmediato, pero no resuelve por sí mismo las condiciones que originaron el desprendimiento ni garantiza que otras partes de la estructura permanezcan estables.
La preocupación aumenta ante la posibilidad de que nuevos fragmentos caigan sobre las banquetas o la vía pública, especialmente durante la temporada de lluvias, cuando la humedad puede agravar daños preexistentes.
En declaraciones previas, el titular de la Coordinación Estatal de Protección Civil y Gestión de Riesgos, Manuel Maza Sánchez, señaló que muchos de estos edificios son propiedades particulares y están sujetos a la regulación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), debido a su valor patrimonial.
Sin embargo, la condición de inmueble histórico y la propiedad privada no eliminan la necesidad de prevenir accidentes. La situación exige coordinación entre las autoridades municipales, estatales y federales, así como la participación de los propietarios.
130 INMUEBLES CON RIESGO DE COLAPSO
El problema quedó documentado desde principios de año, cuando se informó que alrededor de 130 inmuebles del Centro Histórico presentaban un alto riesgo de que colapsara una parte de su estructura o incluso la totalidad del edificio.
Uno de los antecedentes fue el desplome de la marquesina de un inmueble catalogado sobre la avenida Benito Juárez. Tras el incidente, personal del Ayuntamiento capitalino acudió para retirar los escombros y los elementos restantes que representaban un peligro.
Para realizar los trabajos, el municipio coordinó acciones con la Dirección de Centro y Patrimonio Histórico, además de contemplar la intervención del INAH por tratarse de una zona de monumentos históricos.
El caso evidenció que el deterioro no se limita a fachadas con daños visibles: también puede afectar marquesinas, techos y otros componentes que, al desprenderse, ponen en peligro a quienes circulan por las calles.
Aunque las autoridades han identificado construcciones con afectaciones, la atención de cada inmueble depende de sus condiciones particulares, de las autorizaciones necesarias y de la intervención de sus responsables.
PROPIETARIOS NO RESPONDEN A LOS INCENTIVOS
Uno de los principales obstáculos para rehabilitar los edificios deteriorados es la falta de respuesta de sus propietarios.
En agosto de 2025, el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez puso en marcha un programa de estímulos fiscales para incentivar la rehabilitación de inmuebles en mal estado. Sin embargo, de las 130 propiedades identificadas con alto riesgo, solamente ocho propietarios acudieron al llamado municipal.
La cifra representó alrededor del seis por ciento del total, muy por debajo de la expectativa de que respondieran al programa los responsables de al menos el 70 por ciento de las construcciones afectadas.
El bajo nivel de participación refleja las dificultades para avanzar en la conservación de inmuebles particulares, incluso cuando su deterioro representa un riesgo para terceros.
De acuerdo con las autoridades municipales citadas en la información publicada, la intervención del Ayuntamiento está limitada por el régimen de propiedad privada. En términos generales, puede delimitar zonas peligrosas, evaluar afectaciones visibles y exhortar a los responsables a realizar reparaciones, pero no puede ingresar libremente a todas las propiedades para ejecutar obras.
La posibilidad de aplicar sanciones también depende de las circunstancias y de las disposiciones legales que correspondan. Por ello, el desafío no se limita a identificar los edificios deteriorados, sino a establecer mecanismos efectivos para que sus responsables atiendan los daños antes de que ocurra una tragedia.
LA PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO NO DEBE DEJAR DE LADO LA SEGURIDAD
La conservación del Centro Histórico de Oaxaca requiere proteger edificios con valor arquitectónico e histórico, pero también garantizar que sus condiciones no pongan en riesgo a quienes viven, trabajan o transitan por la zona.
La intervención del INAH resulta relevante cuando se trata de inmuebles catalogados, pues las reparaciones deben respetar las disposiciones de conservación patrimonial. No obstante, la coordinación entre las instancias involucradas debe permitir que la protección histórica y la prevención de accidentes avancen de manera conjunta.
El desprendimiento de la fachada en la avenida Independencia vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que permanece sin una respuesta suficiente: ¿qué ocurrirá con los inmuebles que continúan deteriorándose mientras sus propietarios no atienden las recomendaciones?
Con 130 construcciones identificadas previamente como de alto riesgo y una participación mínima en el programa de estímulos fiscales, el problema requiere algo más que acordonamientos y llamados públicos.
Las autoridades necesitan mantener actualizados los diagnósticos, establecer prioridades de atención y fortalecer la coordinación con los propietarios para reducir los riesgos. La ciudadanía, por su parte, debe evitar acercarse a las zonas delimitadas y reportar desprendimientos o daños visibles.
Las lluvias pueden agravar las condiciones de edificios que ya presentan deterioro, pero el riesgo también está relacionado con años de falta de mantenimiento. Prevenir un accidente exige actuar antes de que una fachada, una marquesina o una barda termine sobre la vía pública.
Con información de Adrián Gaytán








































