Oaxaca en el contexto nacional significa “la reserva espiritual de la mexicanidad”, ya que conserva toda la tradición y la cultura del México Independiente, porque supo darse forma jurídica desde el nacimiento mismo de la República.
Con la Constitución General de 1824, México adopta el federalismo. Oaxaca no esperó, ya que el 6 de julio de 1823 instala su Primer Congreso Constituyente, el que los historiadores llaman el periodo provisional preconstitucional. Ese primer congreso actúa entre los años de 1823 y 1825, dicta nada menos que 36 decretos y 7 órdenes que son las que sientan las bases de lo que seríamos: un Estado Libre y Soberano. Ahí se define que Oaxaca “sólo reconocerá con los demás Estados de la Nación Mexicana las relaciones de fraternidad, amistad y confederación que determine la Constitución general”.
El proceso de casi dos años culmina el 10 de enero de 1825 con la promulgación de la primera Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Oaxaca, una de las primeras constituciones del país, junto con las de los estados de Jalisco, Zacatecas y Yucatán. Por eso, el pasado año de 2025 se declaró por el Congreso del Estado como “Bicentenario de la Primera Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Oaxaca”. Su artículo 1.º lo dice todo: “El estado de Oaxaca, que es la reunión de todos los que habitan en su territorio, es libre, independiente y soberano, en todo lo que exclusivamente corresponde a su administración y gobierno interior”.
Aquella Constitución de 1825 era extensísima, ya que constaba de 240 artículos, con dos cámaras, una de diputados y la de senadores, una Corte Suprema, un Consejo de Gobierno y un vicegobernador. Era una forma semiparlamentaria. El gobernador duraba dos años, y tanto fue el vaivén político que en los primeros 25 años de vida independiente tuvimos 25 gobernadores, uno por año en promedio, lo que no permitía un plan de gobierno o el proyecto de un desarrollo político, económico y social.
Pero junto a la ley vino la educación. El mismo Congreso preconstitucional dictó las primeras leyes de instrucción pública. Oaxaca entendió que no hay República sin escuela. Se manda crear ayuntamientos y repúblicas de indios en los pueblos; se establece, después de 1830, que se pierde la ciudadanía por analfabetismo, una clara influencia directa de la Constitución de Cádiz. Ya en los albores del siglo XIX se entendía que educar al pueblo era formar al ciudadano del nuevo sistema federalista.

Formar generaciones en el México independiente
Por ello se entendía que había que adoptar las medidas tendientes a una nueva República, lo que no fue fácil. El México independiente nació entre asonadas, revueltas, caudillismos y guerras. Todo ello Oaxaca lo vivió en carne propia, procurando al mismo tiempo formar profesionales del Derecho y la Medicina, creando la ley de Educación el 26 de agosto de 1826, con lo que nació el instituto.
Los oaxaqueños pasamos por la vergonzosa Guerra de los Pasteles de 1838, la terrible invasión norteamericana de 1847, la necesaria Revolución de Ayutla, la Guerra de Reforma por el terrible racismo y la odiosa Intervención Francesa. Cada una dejó una huella indeleble en Oaxaca, tierra de Benito Juárez y Porfirio Díaz. En medio de todo eso, Oaxaca hizo lo que mejor sabe hacer: formar generaciones liberales a través de la ciencia, el arte y la libertad.
De la cultura nacen las audiciones musicales, originalmente de las bandas de guerra, en las retretas dominicales, que desde hace más de 150 años nos reúnen en conciertos musicales en la recién inaugurada Alameda de León, en aquel lejano 13 de octubre de 1843. No eran estas un simple entretenimiento, eran la escuela cívica. En la Alameda, bajo los álamos y fresnos, el pueblo aprendía a ser pueblo. La música marcial formaba el temple, la retreta enseñaba el orden, el himno recordaba la Patria. Mientras en otros estados se peleaban por el poder, Oaxaca tocaba el Dios Nunca Muere, que formaba conciencia en nosotros.
Esos actos cívicos son los que hoy siguen vivos, ya que los vivimos en la Marcha Patriótica del 15 de septiembre pasado. La misma lógica: el ayuntamiento encabezado por el presidente municipal, con sus síndicos y regidores en escolta, llevando la bandera que luego enarbolará el gobernador para dar el Grito. Antes, la marcha salía del Paseo Juárez a la Alameda, llevando el pueblo hachones, farolillos y luces de bengala, misma que desde 1923 lo hace en forma ordenada y con antecedentes de procesión de antorchas, como lo fue en el año de 1911, con la figura de la América cantando el Himno. Hoy la marcha sale del Palacio Municipal, pero el sentido es el mismo de 1825: formar conciencia en el ciudadano, dándole participación en la alegría del grito de Independencia.
Del año de 1825 al año de hoy
Por todo este recuento de actos y hechos, Oaxaca es la reserva espiritual. Porque mientras la República sufría caudillismos y guerras civiles, aquí se conservó la tradición del municipio libre, del tequio, de la fiesta patronal convertida en acto cívico con calendas y convites.
La Constitución de 1825 fue reflejo del espíritu reformador y democrático que cimentó las bases de identidad estatal y nacional; fue un símbolo de emancipación política y social que permitió al estado definir su propia identidad. De esa semilla vino la Constitución de 1857, presidida por Manuel Dublán, ya con Benito Juárez como referente, que suprimió el Senado local y amplió el periodo de gobierno, misma que estuvo vigente hasta 1922, cuando nace la Constitución actual, en el gobierno del general Manuel García Vigil.
Hoy, a 202 años de aquella primera Constitución, el gobernador, Ing. Salomón Jara Cruz, y el presidente municipal, Lic. Raymundo Chagoya Villanueva, en su acto republicano recordaron en sesión solemne que el decreto del 25 de enero de 1825 estableció las condiciones para la creación de ayuntamientos y consolidó a Oaxaca de Juárez como centro de pensamiento y debate.
Y ahí entra la marcha del Ayuntamiento, que recorre la Av. Independencia hacia el Palacio de Gobierno. Así admiré la del pasado 15 de septiembre por la noche, en la que vimos marchar una escolta llena de orgullo y un contingente muy representativo de funcionarios municipales, marchando al compás de los tambores, porque no es solo una marcha. Es la continuidad de 1824-1825. Es el pueblo que, desde la Constitución General de la República, aprendió que es libre y soberano, que desde su Congreso Constituyente le dio leyes de educación y que, en medio de guerras y pasteles, intervenciones y reformas, nunca dejó de tocar la retreta en la Alameda de León y luego en la Plaza de la Constitución, para decirle a sus hijos, jurada aquí el 15 de septiembre de 1812, que en Oaxaca y en México no es Zócalo, es Plaza de la Constitución de Cádiz.
Por eso hoy, cuando el presidente municipal Ray Chagoya porta en mano la bandera que será enarbolada en el balcón del Palacio de Gobierno, no lleva solo un lienzo tricolor. Lleva 202 años de historia constitucional.
Oaxaca de Juárez, Oax., a 19 de octubre de 2026.
JORGE BUENO
Cronista de Oaxaca
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la Federación Nacional de Asociaciones de Cronistas Mexicanos A.C.
































