El invierno en Estados Unidos podría llegar con una combinación poco favorable para los amantes de la nieve: temperaturas más cálidas de lo habitual, mayores probabilidades de humedad en distintas regiones y menos nevadas en buena parte del norte del país.
El responsable sería El Niño, un fenómeno climático natural que modifica la circulación atmosférica y puede alterar los patrones de lluvia, temperatura y nieve durante varios meses.
De acuerdo con el pronóstico estacional presentado el jueves 15 de octubre por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés), las condiciones previstas podrían favorecer una recuperación de zonas afectadas por la sequía en el oeste estadounidense. Sin embargo, también reducirían las posibilidades de que varias ciudades del norte registren las nevadas habituales.
La previsión no significa que el invierno vaya a transcurrir sin nieve ni que las tormentas invernales estén descartadas. Los especialistas advierten que el comportamiento del clima puede variar considerablemente entre regiones y a lo largo de la temporada.
¿QUÉ REGIONES TENDRÍAN MENOS NIEVE?
Aunque la NOAA no emite pronósticos estacionales específicos sobre cantidades de nieve, sus perspectivas climáticas apuntan a condiciones que podrían favorecer nevadas inferiores al promedio en amplias zonas del norte de Estados Unidos.
Entre las regiones bajo esta tendencia se encuentran:
- Noreste: incluye áreas de Nueva York, Boston y Filadelfia.
- Grandes Lagos: comprende zonas de Illinois, Michigan, Wisconsin y estados cercanos.
- Centro-norte: abarca sectores de la región septentrional del Medio Oeste.
- Montañas Rocosas del Norte: incluye áreas montañosas donde las nevadas son importantes para el abastecimiento de agua y las actividades invernales.
Las previsiones de la empresa privada AccuWeather también apuntan a una reducción de las acumulaciones de nieve en varias grandes ciudades.
Según sus estimaciones, Chicago, Boston, Nueva York y Filadelfia podrían recibir aproximadamente la mitad de sus cantidades habituales de nieve invernal o incluso menos.
En contraste, Salt Lake City destaca entre las grandes áreas metropolitanas para las que AccuWeather anticipa nevadas superiores al promedio. También podrían registrarse acumulaciones mayores de lo habitual en sectores de las Montañas Rocosas del Sur, el suroeste y algunas zonas del sureste.
Estas estimaciones corresponden a perspectivas estacionales y no garantizan las condiciones que se presentarán en cada ciudad.
EL NIÑO PODRÍA TRAER MÁS HUMEDAD, PERO TAMBIÉN MÁS CALOR
El Niño se desarrolla cuando las temperaturas de la superficie del océano Pacífico ecuatorial se mantienen por encima de lo normal y provocan cambios en la circulación atmosférica a gran escala.
Esas alteraciones pueden modificar la trayectoria de las tormentas y la distribución de las precipitaciones en distintas partes del planeta.
En Estados Unidos, el fenómeno suele favorecer determinadas configuraciones atmosféricas que pueden aumentar las lluvias en algunas regiones y reducir las nevadas en otras, especialmente cuando las temperaturas se mantienen por encima del promedio.
El resultado podría ser favorable para algunas zonas del oeste que arrastran condiciones de sequía, ya que una mayor cantidad de precipitaciones contribuiría a recuperar la humedad del suelo y los recursos hídricos.
Sin embargo, que llueva más no significa necesariamente que se resuelva la sequía. La recuperación dependerá de cuánto llueva, dónde se concentren las precipitaciones y si estas se mantienen durante suficiente tiempo.
Además, las temperaturas elevadas pueden hacer que parte de la precipitación caiga en forma de lluvia en lugar de nieve, lo que modificaría la acumulación de agua en las montañas y su disponibilidad durante los meses más secos.
¿DESAPARECERÁ EL RIESGO DEL VÓRTICE POLAR?
El pronóstico también pone sobre la mesa una pregunta habitual ante la llegada del invierno: ¿habrá menos irrupciones de aire ártico hacia Estados Unidos?
Los especialistas consideran que El Niño podría favorecer un invierno más templado que el promedio en determinadas regiones del norte. Sin embargo, esto no descarta episodios de frío extremo ni tormentas de nieve.
Ken Graham, director del Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos, advirtió que las temperaturas medias más elevadas no eliminan los riesgos propios de la temporada invernal.
“Eso no significa que no vaya a haber nieve. No significa que no pueda haber una tormenta de nieve. Así que no elimina el riesgo”, señaló durante una sesión informativa sobre las perspectivas para los próximos tres meses.
Por su parte, el meteorólogo Jon Gottschalck explicó que el comportamiento del vórtice polar y las posibles irrupciones de aire frío deben analizarse considerando la evolución de la atmósfera, sin asumir que El Niño impedirá todos los episodios invernales severos.
En otras palabras, un invierno más cálido en términos generales todavía puede incluir días de temperaturas bajo cero, nevadas intensas y tormentas peligrosas.
EL CAMBIO CLIMÁTICO TAMBIÉN INFLUYE EN LA INTENSIDAD DE LOS HURACANES
El impacto de El Niño no se limita al invierno estadounidense. Su interacción con otros factores climáticos también puede influir en la actividad de los ciclones tropicales.
Un estudio citado en la información de referencia, elaborado por los equipos científicos World Weather Attribution y Climate Central, examinó la intensificación del huracán Polo en el Pacífico y estimó que tanto el calentamiento global como El Niño contribuyeron a crear condiciones favorables para su fortalecimiento.
De acuerdo con ese análisis, el calentamiento provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero habría añadido cerca de 10 kilómetros por hora a la intensidad del ciclón, mientras que El Niño habría contribuido con alrededor de 8 kilómetros por hora.
El estudio también estimó que el cambio climático hizo 23 veces más probables las condiciones que favorecieron el fenómeno, mientras que El Niño las hizo 14 veces más probables.
Estas cifras corresponden a las estimaciones de ese análisis específico y no deben interpretarse como una regla aplicable automáticamente a todos los huracanes.
La climatóloga Friederike Otto, coautora del estudio, destacó que ambos factores pueden reforzarse mutuamente, aunque el efecto del calentamiento global tiene una naturaleza distinta: mientras El Niño es un fenómeno natural que aparece y desaparece, el calentamiento global continúa mientras se acumulen gases de efecto invernadero en la atmósfera.
UN INVIERNO MENOS BLANCO NO SIGNIFICA UN INVIERNO SIN RIESGOS
Las perspectivas para los próximos meses muestran que el invierno estadounidense podría apartarse de los patrones habituales en varias regiones. Menos nieve en algunas ciudades, temperaturas superiores al promedio y cambios en las precipitaciones forman parte del escenario previsto.
Pero los pronósticos estacionales describen tendencias generales, no el tiempo exacto que hará cada día. La aparición de una tormenta invernal, una irrupción de aire ártico o un episodio de frío extremo seguirá dependiendo de las condiciones atmosféricas que se desarrollen durante la temporada.
El seguimiento de las actualizaciones de la NOAA será clave para conocer cómo evolucionan estas previsiones y qué regiones podrían enfrentar mayores impactos.
Por ahora, la principal advertencia de los especialistas es clara: El Niño puede cambiar la forma en que se presenta el invierno, pero no elimina la posibilidad de fenómenos extremos.












































