Oaxaca: el paraíso de los violadores |
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Oaxaca: el paraíso de los violadores

 

Me lleno de ilusiones cuando una nueva administración del estado o de la República le da el empujón a los mecanismos del desarrollo que necesita Oaxaca para convertirse en una región con un buen nivel de desarrollo y, salgamos de los niveles de miseria en que vivimos, principalmente las carreteras que unan Oaxaca con la costa.
Hace poco, escribir una nota festejando el impulso que va a dar el presidente Andrés Manuel López Obrador al desarrollo al sureste con la utilización del ferrocarril interoceánico, con el tren maya y con todo el impulso que le va a dar a la región para levantar sus índices de bienestar, de ésta que ha sido la región más olvidada de México, afirmé que ésta era la última oportunidad que teníamos de despegar como estado de bienestar, magia y belleza.
El lunes pasado me enteré que un grupo de ferrocarrileros del Istmo de Tehuantepec, que habían sido liquidados hace como 20 años y que cobraban su pensión mensualmente, habían ocupado las vías del tren interoceánico, realizando un plantón en contra de una obra que ni siquiera se había iniciado y manifestando que no se moverán de ahí hasta ser tomados en cuenta. Es decir que por 20 descastados se tendría que parar la modernización de los puertos del Coatzacoalcos y Salina Cruz y la instalación de un tren que una esos puertos. Sólo porque a ellos que son ferrocarrileros, no les habían pedido su opinión.

¡He aquí un grupo de vivales!, me dije, cuando me enteré de la noticia. ¡Algún liderzuelo que no tiene nada qué hacer y piensa saca dinero y chantajear a las autoridades! Un grupo de locos pensé, se me ocurrieron todas las alternativas posibles antes de darme cuenta que así son los oaxaqueños, quieren que los tomes en cuenta en todas las situaciones posibles. Estos oaxaqueños están dispuestos a parar obras, detener el desarrollo; que los niños no asistan a clases; que el centro de la ciudad de Oaxaca esté tomado y lleno de manifestantes que anualmente disfruta de vacaciones pagadas; que el tránsito se detenga en las carreteras; que los enfermos se mueran; que las personas no lleguen a su destino e inclusive que maten a dos o tres de los suyos con tal de conseguir su corrupto objetivo, por muy ridículo que parezca.
No es posible que un grupo de mínimo de ferrocarrileros pretenda parar una obra que ni siquiera se ha iniciado, porque no se les ha consultado. Pero esta historia es rigurosa e históricamente cierta. Esta situación, si no fuera trágica resultaría cómica y ocurre en Oaxaca forma cotidiana por los motivos más baladíes, falta de agua, vidrios rotos, se levantaron de mal humor, hubo luna llena. Por esa razón los oaxaqueños pasamos a la historia, como revoltosos protestantes, inmorales, sin sentido común, corruptos y asaltantes de la razón y de la sociedad civil. Es una ironía que aquí en la tierra de los hongos, en la región más luminosa del planeta, en la tierra de Benito Juárez, en la Tierra donde se tiene una legislación muy avanzada se viole la ley, los reglamentos, las normas mínimas de convivencia, la razón y el sentido común. Parece que es un mal generalizado, que todos estamos infectados de un virus de locura porque se nos hace muy sencillo y normal que un grupo de locos tomen una carretera, una calle, ahora una vía, hagan un plantón y detengan un proyecto de desarrollo nacional, sea éste una carretera o una ilusión.
La violación a la ley dejó de ser noticia de primera plana, las suspensiones de obras, de tránsito, de desarrollo, porque un grupo de locos oaxaqueños quieren sacar dinero del gobierno, que es sacar dinero del pueblo de México, quieren que se les reconozca como líderes, que se les nombren en los puestos públicos o simplemente sacar dinero del erario público.
La locura les da a todos, no sé si ustedes recuerdan al pintor Paco Toledo, el tatamandón de la cultura en Oaxaca, no se movía una hoja si él no estaba de acuerdo, o si no bse le había consultado antes los planes de gobierno. En una ocasión paró la construcción de una hamburgesería que estaría en el zócalo. Organizó un acto muy simpático llamado tamales y atole. En otro año detuvo un tiempo la construcción de un paso a desnivel hasta que salió varios días a ocho columnas en los diarios nacionales y recibió varios millones de pesos por concepto de publicidad. Así realizó decenas de protestas, detuvo varias carreras de otros intelectuales preocupados por los derechos humanos y las reivindicaciones oaxaqueñas; supedité a su éxito la carrera de otros pintores que no formaban parte de su cofradía. Parece que su fiebre de protestante oficial se le ha calmado pero sigue siendo una figura determinante en el espacio plástico de Oaxaca y futuro, por ejemplo, sus descendientes y amigos tienen que ganar todos los concurso en los cuales participan.
Los oaxaqueños han confundido el respeto y cuidado de sus raíces, étnicas y culturales, antropológicamente hablando, con el desarrollo y las formas de vivir confortablemente, tener buenos servicios públicos municipales y del estado. Creemos que el progreso mata un poco de nuestras tradiciones e historia y de lo que somos, de ahí la protesta cotidiana, la toma de carreteras, los plantones en lo bellísima plaza del zócalo, o en cualquier otro lugar donde puedan joder a la población, causar embotellamientos, violencia y pérdidas económicas. El objeto es fregar, molestar, interrumpir, irritar, indignar, agredir a la población. Claro, sacar un moche de dinero que les permita vivir con comodidades o un puesto público. Este último evento en las vías del ferrocarril del Istmo me ha convencido qué conflictivos y peleoneros vamos a ser siempre. Es tan difícil cambiar los usos y costumbres de una persona, ¡imagínese de un pueblo!, máxime cuando todo parece indicar que no hay nadie que quiera poner fin a esta situaciones que podíamos llamar “te violento, y me burlo de ti, para que me pagues”. No vemos ninguna voluntad política, de la sociedad civil o religiosa que quiera cambiar a los oaxaqueños.
Cuenta la biblia que cuando Moisés encabezó la huida de los judíos de Egipto, hace más de 3,000 años A de C, los trajo dando vueltas por el desierto antes de llevarlos a la Tierra Prometida donde vivirían. En esos años de peregrinación dando vueltas y vueltas en el desierto, en ese viaje se murieron por lo menos dos generaciones de judíos que tenían la mentalidad de esclavos. Cuando Moisés finalmente los asentó en la tierra prometida, todos los esclavos habían muertos, sólo quedaba un pueblo de hombres que habían vivido en libertad. Solamente en esa forma se pudieron cambiar los objetivos del pueblo judío. Todos los vicios y costumbres que habían adquirido como esclavos se olvidaron. Si alguien quisiera cambiarnos creo que es necesario realizar la tarea que hizo Moisés 3000 años antes de Cristo cuando sacó a los judíos de Egipto y los llevó a la tierra prometida. Que se mueran por lo menos tres generaciones de oaxaqueños, que vivieron las secuelas de la esclavitud, el sometimiento de los encomenderos, la explotación de líderes venales y oportunistas, que sean tratados como seres humanos para que se nos olvide tomar carreteras, bloquear calles, secuestrar camiones, violar los derechos y encontremos otras formas de comunicación, más civilizadas. Quizás en el año 2300 Oaxaca sea un paraíso de gente muy politizada, pero respetuosa del derecho ajeno. Parece una ironía que en la tierra del hombre que hizo famoso la frase de respetar el derecho ajeno, lo primero que enseñan los maestros en la escuela es a violentar el derecho ajeno y transgredir la ley.

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