Lila Downs contagia su euforia a Oaxaca |
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Lila Downs contagia su euforia a Oaxaca

Como hace un año, la intérprete de Peligrosa tuvo su propio Lunes del Cerro en el auditorio Guelaguetza

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NUMERALIA

20:00

Horas inició el concierto

11

Mil personas aproximadamente asistieron al evento

Hace poco, emprendió el vuelo junto a 50 palomas. Lo hizo para encarar la violencia contra las mujeres. Pero la noche del viernes ayer, sus alas la trajeron a Oaxaca, a su tierra natal, para cantar en el auditorio donde el año pasado, en el mismo mes, ofrendó su voz para las fiestas de Guelaguetza. Su habitual vestuario, lleno de color, fue un guiño a las mujeres de San Bartolomé Quialana, de los Valles Centrales. Así salió al escenario que pasadas las 20:00 horas lucía casi lleno.

Un aproximado de 11 mil asistentes abarrotaron el recinto donde, a pesar de ser viernes, se vivió un Lunes del Cerro. Cual programa en que se dan cita las delegaciones seleccionadas para el programa, el recital de la intérprete de Peligrosa reunió a danzantes de Tlacolula de Matamoros, quienes ingresaron al ritmo de Las Marmotas.

“¿Ya se echaron un mezcalito, una tlayuda?”, preguntó al público, parte del cual estuvo en la gran fila del 18 de julio, e incluso participó en el bloqueo por la desorganización en la venta de boletos. Tras esta introducción, la ganadora de varios premios Grammy saludó al Istmo de Tehuantepec (la región de Oaxaca más afectada por los sismos de septiembre de 2017). De esa parte de Oaxaca, entonó Naila, del compositor Jesús “Chuy” Rasgado.

“Urge la verdad, urge el cambio dentro de nosotros”, expresó quien hace poco fue inmortalizada en las paredes del Salón Tenampa, icónico recinto de la Plaza Garibaldi donde su retrato convive ahora con los de Pedro Infante y Chavela Vargas. Así, con esa urgencia, salieron las frases de Martín Urieta, autor del tema que la oaxaqueña incluyó también en su último disco: Salón, lágrimas y deseo.

Del álbum, y junto a las Chinas Oaxaqueñas de doña Genoveva Medina, entonó el Son de Juárez, para recordar –con la frase del Benemérito de las Américas- que “el respeto al derecho ajeno es la paz” y que a su parecer hay “un país llamado Oaxaca”.

La velada del viernes tuvo un costo de 2 millones 664 mil 667 pesos (según datos del Instituto de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales del Estado de Oaxaca, publicados en su página de Facebook). Y se convirtió en un viaje por las regiones de la entidad, donde se vivió un carnaval al ritmo de la chilena Pinotepa y el baile de los Tiliches de Putla.

El zapateado no se hizo esperar con esta versión del tema de Álvaro Carrillo, a cargo de la banda La Misteriosa. Tampoco con La Sanmarqueña, de Emilio Vázquez Jiménez.

La vuelta al Istmo lo fue también a los inicios de la carrera de Lila, quien recordó una de sus primeras interpretaciones: La martiniana, que se atribuye al escritor Andrés Henestrosa. Pero pronto, el Humito de copal invadió el recinto en que la Envidia de Donald Trump hacia los mexicanos fue rebatida con música y canto.

En ese auditorio, Lila dijo que nunca creyó ver en su vida y en sus sueños a tantas mujeres y hombres portar con orgullo la indumentaria “digna de México”. Pero en Un mundo raro (canción de José Alfredo Jiménez) todo es posible, especialmente en estas fechas en que se ha instalado una expo feria artesanal (no exenta de problemáticas con funcionarios).

Ataviada de istmeña, y tras una actuación de los zancudos de Santa María Talhuitoltpec, volvió al escenario para recordar que Viene la muerte y que en este mundo la migración hace del ser humano un Clandestino.

La llorona se hizo presente en el recinto, donde también bailó la delegación de Juchitán, y en donde más tarde el público se unió (con sus celulares) a la Flor de piña que decenas de jóvenes y niñas ejecutaron.

En esta actuación para la Oaxaca del mezcal y del mole que ha plasmado en sus canciones, Downs ofreció su propia versión del Dios nunca muere. Y lo hizo antes del Vámonos de José Alfredo Jiménez y del Son del chile frito que congregó a los Diablos de Juxtlahuaca.

Amparada por sus músicos (Alex Díaz, Ulises Martínez, Jerzaín Vargas, Ángel Chacón, Paul Cohen, Celso Duarte y Gustavo Arriaga), Lila externó su agradecimiento por cantar en esta noche para la tierra “que nos da fuerza y que nos da guerra”. En la tierra donde Zapata se queda y en la que todas las delegaciones invitadas subieron para cerrar un concierto, uno que no pudo terminar con el Mezcalito y La cumbia del mole que contagió de ritmo a una Virgen de la Soledad.

*Fe de errores: en el sumario de la nota Lila Downs aporta su “Guelaguetza”, de la edición de ayer, se mencionó a banda Tierra Mojada, en lugar de La Misteriosa, y no debió aparecer el grupo Raíces.