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Arte y Cultura

El arte, aventura que se tiene que disfrutar

En Dos décadas, la artista Alejandra Villegas reflexiona sobre el aprendizaje, su trayectoria y el aporte que desde su creación hace en la plástica

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Dos décadas comprende 16 obras de creación reciente (14 de 2017 y dos de 2016). Sin embargo, más allá de una serie que habla de las preocupaciones, intereses y aprendizajes de Alejandra Villegas, se trata de la definición de la creadora sobre el arte.

Una aventura que se tiene que disfrutar, así es como la nacida en Oaxaca de Juárez describe al arte, una expresión que le ha llevado a ver los viajes como una de las mejores inversiones para alimentar su quehacer; además porque ello le ha otorgado a su pintura un carácter universal, lejos de lo considerado oaxaqueño. Y es que Alejandra no sólo pinta su entorno, lo que le gusta del campo y su jardín, sino de toda una historia de vida que no puede repetir nadie más que ella misma.

La afincada en Tlalixtac de Cabrera celebra dos décadas de una trayectoria, una iniciada a los 19 años con la exposición individual Metamorfosis, en la desaparecida galería Jesús Urbieta, en el Centro Causa Joven, Oaxaca. Sin embargo, comienza su andar a los 18 años.

Ahora, su trabajo se exhibe en la galería Arte de Oaxaca, con la que ha establecido una colaboración estrecha a los largo de su carrera. A través de piezas en acrílico y collage sobre tela, Alejandra Villegas lleva al espectador por los cuadros en los que ha aprendido a “pintar con las tijeras” y a recrear la libertad por medio de las bicicletas y los globos aerostáticos, así como la memoria por medio de los elefantes. Sin dejar de lado los temas que le han acompañado en estos 20 años: los árboles, las aves, los sueños y la posibilidad de un mundo mejor.

Lo suyo, refiere la artista, es una historia y lenguaje propios, en la que su único objetivo es representar algo honesto que viene de alguien que se ha desempeñado como ayudante de pintor, asistente personal e incluso como modelo para sesiones de dibujo.

¿Cómo crees que te has desempañado en estos 20 años de trayectoria y cómo te has sentido en un ambiente del que se destaca el auge de la plástica?

Creo que han sido unos años de un montón de experiencias, de historias, quizá no me puedo acordar de muchas, porque tampoco se me hace que pasaron 20 años. De repente me doy cuenta porque mi paleta ha cambiado, mi temática (…) me doy cuenta de que ha causado esto en algún sentido un cambio y también, sí al paso del tiempo, veo que mi pintura tiene un poquito más de madurez y aunque no puedo al final de cuentas reunir una colección con un seguimiento fiel, porque siempre brinco de una temática a otra, es parte de mi personalidad el que me aburra fácil y el ser ecléctica.

En 1997 expusiste en la galería Jesús Urbieta, pero en 1998 pasaste a la Arte de Oaxaca, referente en el arte en Oaxaca…

Fue inmediato y fue aquí donde empecé a vender mi trabajo, a vivir del arte (…) después me ausenté un tiempo, volví cuando estaba Víctor González, me volví a ir otro tiempo y tiene unos años que volví con Arte de Oaxaca, y me he quedado aquí. Es como una segunda casa, el lugar al que pertenezco como artista.

Cuando empezaste a pintar, ¿te imaginaste resistir en esta carrera o desistir de ella?

Nunca tuve dudas. Siempre fue una certeza, siempre tuve la idea clarísima que iba a vivir de esto y que no me iba a faltar nada y creo que es ahí donde pasa algo casi sobrenatural, que se puede llamar intuición o divinidad, que es como si algo me iluminara y me dijera: tú estás hecha para esto, confía en mí. Es como si Dios me dijera: lo vas a lograr porque viniste a eso. Y, bueno, he tratado de escucharme mucho y de darme cuenta de que siempre estuve terquísima. Aquí estoy y no voy a quitar el dedo del renglón, es algo con lo que me voy a morir.

Hace unos meses expusiste junto a otras artistas de y en Oaxaca, ¿cómo percibes la plástica en el estado y el papel de las mujeres en este arte?

Es triste que no surjan tantas; no sé qué sucede, cuál sea el fenómeno; se dejan ver muy pocas y tampoco he visto muchas cosas propositivas, al menos en Oaxaca, pero creo que nacionalmente hay mujeres que están impresionantemente fuertes y con apoyos, con el dedo en el renglón, precisamente con propuesta. Pero en Oaxaca no sé si nos hemos sentido un poco opacadas por todo ese apoyo que hay con cada gobierno a prácticamente los mismos, que a mí se me hace hasta absurdo cómo pueden apoyar a los que son muy famosos y están muy enriquecidos y no tienen más propuesta, porque parecen una maquila. En el caso de las mujeres, siento que hay una línea muy delgada y es a veces delicado hablar porque puedes hablar de arte femenino, pero cuando empiezan con un rollo feminista y a estar denostando el arte masculino, ahí ya no puedo hermanarme tanto, porque pienso que somos iguales (…) y en cultura probablemente no hay invitaciones ni convocatorias para mujeres y las que entran somos muy poquitas, en el fondo uno se busca las oportunidades.

Actualmente, Alejandra desarrolla una técnica en la que los recortes de periódicos y otros papeles se funden en sus lienzos como una especie de collage que la conectan con su infancia. Y aunque trata de perfeccionar sus obras, piensa que siempre hay algo por mejorar y que una obra nunca está terminada.
“Y eso me gusta, el no sentirme satisfecha, el no sentirme maestra, creo que siempre voy a ser estudiante, siempre estoy aprendiendo”.

Y en esta carrera, ¿a quién buscas superar?

A la Alejandra de ayer, a la artista de ayer.

¿Hacia dónde va ahora el arte de Alejandra luego de estos 20 años?
Me quiero mantener consciente, coherente, honesta y saludable este día; mañana, no sé.