Esencia y transición
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Esencia y transición

La galería Shinzaburo Takeda expone la obra de egresados de la segunda generación de la licenciatura en artes plásticas y visuales

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El 2006, año del conflicto magisterial en Oaxaca, es considerado por algunos investigadores como uno de transición para las artes en el estado. El sociólogo Abraham Nahón y el ensayista Jorge Pech aseguran que fue fundamental para que la juventud y las nuevas generaciones de artistas apostaran por nuevos lenguajes y temáticas, pero también para entablar una conexión con la sociedad.

Quienes comenzaron a formarse en las artes en ese momento no fueron ajenos al cambio, como tampoco lo fueron a las enseñanzas de la licenciatura en Artes Plásticas y Visuales de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Ese es el caso de la segunda generación de egresados (2006-2010), que conoció el movimiento político y social al inicio de la carrera, pero también los cambios en la currícula casi al final de la misma, con la apertura a las expresiones contemporáneas.

Una muestra de esa etapa y del desarrollo de los egresados se recoge en la exposición colectiva que se inauguró el pasado miércoles en la galería Shinzaburo Takeda, anexa a la Facultad de Bellas Artes, y que permanece hasta el 19 de junio.

Aunque no son todos, pues algunos dejaron de producir, la muestra reúne piezas de Alan Altamirano, Eva Macías, Nelson Medina, Alejandra Canseco “ALHIL”, Luna Ortiz, Arnoldo Dámaso y Salvador Yrizar Díaz.

Así como de Noé Fernando Gordillo, Roque Reyes, Ángel Velasco, Luis Canseco, Salime Guró y Adriana de la Rosa. Todos con propuestas diversas en pintura, gráfica, textil, entre otras técnicas.

Esta es la primera vez que los egresados se reúnen, pero a decir de Luna Ortiz, una de las expositoras, las obras muestran la esencia que varios traían desde la licenciatura, aunque “con otra calidad” o con exploraciones en áreas distintas a las estudiadas, como en su caso o el de Adriana de la Rosa.

 “Tuve un brinco en cuanto al material porque realizaba gráfica, pero comencé a trabajar y explorar los materiales textiles, mi obra es textil, principalmente lana”, señala Ortiz, quien junto a otras artistas conformó el colectivo de Mujeres Artistas Creando Movimiento.

Aunque De la Rosa expone obra plástica, su labor se ha enfocado en la investigación y la gestión de las artes contemporáneas, a través de proyectos personales como Casa Rosa.

 

LA TRANSICIÓN

 

Tanto Adriana de la Rosa, Luna Ortiz y Salime Guró señalan que su generación fue una de transición, del paso de una currícula tradicional a una contemporánea. “Nos pegó tener que adaptarnos a las nuevas propuestas cuando nos estábamos acomodando a las primeras. Además de ser la segunda generación en un momento conflictivo para el estado, como fue el 2006, de varias circunstancias que dictaron y determinaron mucho nuestro camino como sujetos, como artistas y como segunda generación”.

En el plano escolar, la transición tuvo que ver con el cambio de una currícula que solo incluía técnicas tradicionales: gráfica, pintura, escultura y dibujo. Pero que al final de la licenciatura se inclinó hacia las artes contemporáneas, y eso marcó una diferencia con la currícula de la instructora.

“Creo que después del cambio de currícula hubo más apertura para decir que sí era una licenciatura porque ya había más cuestiones teóricas”, comenta Ortiz.

Sin embargo, ese cambio no fue solo en el plano educativo ni se ciñó al periodo de la carrera, sino que se dio en otras áreas y con el egreso en 2010, como lo percibe Salime Guró: “De 2010 a 2018 estamos en esa transición en donde las mujeres se hacen más presentes, somos parte de esa generación en la que las chicas llegan y ya hay muchas pintoras, ceramistas, grabadoras”, además de iniciativas lideradas por sus compañeros: Casa Rosa, el colectivo MACMO y los talleres de gráfica La Chicharra y Oaxaca Gráfico. En su caso, se ha unido a Hoja Santa Taller, un proyecto que busca visibilizar la producción de mujeres en la gráfica.

 

EL LENGUAJE Y LA MADUREZ

 

A decir del maestro Shinzaburo Takeda, catedrático decano de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (de la que dependen la galería y la licenciatura), la exposición le llena de alegría y orgullo. En parte porque quienes fueran sus estudiantes “encontraron el verdadero lenguaje para vivir”, a través de las plásticas, y porque han conseguido vivir de estas expresiones.

Las obras, añade, muestran no solo una madurez técnica, sino también personal.

Aunque todas las propuestas están muy ligadas a lo aprendido en las aulas, Takeda reconoce un crecimiento ligado a la cultura del estado. “Es natural el proceso de madurar y, finalmente, toda obra ya lo logró, está madura, es muy profesional”.

 

 

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