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Arte y Cultura

Adán Paredes recrea la migración, el muro y “la bestia”

Generar conciencia desde el arte es lo que se propone el autor de Anhelos extraviados, exposición que de abril a julio alberga el Mupo

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El último suspiro, esa bocanada de aire que se transforma en muerte, puede ocurrir en cualquier momento de la travesía. Ya sea a bordo de “La Bestia”, en la quemante arena del desierto en la frontera norte, entre el aire cálido o fresco de los matorrales de Chiapas (como un ser más que es asesinado por cazadores de personas) o a unos pasos del muro (muy cerca de Estado Unidos).

Para quien migra, el viaje es una forma de conseguir su anhelo, aunque no siempre lo logre. “A algunos les funciona y a otros no, algunos se quedan en el camino, otros mueren, otros nunca regresan”, dice Adán Paredes (Ciudad de México, 1961), artista que de abril a julio expone Anhelos extraviados, en el Museo de los Pintores Oaxaqueños (Mupo).

El arqueólogo y ceramista radicado hace casi 20 años en Oaxaca vuelve a presentar esta obra que gira en torno a la migración, luego de que lo hiciera (de junio de 2017 a enero pasado) en el Museo de Arte de Sonora (Musas).

Lo suyo, explica, se ha vuelto temático, pero también una forma de atender un compromiso social. Quizá desde las artes visuales esta tarea sea complicada, pero sí se puede, expresa el autor de la exposición que recibe al público con un par de barcas desgastadas, de las que penden —en 55 hilos metálicos— 600 cráneos de resina.

Llamada “El último suspiro”, esta pieza es una de las varias que se distribuyen en la sala Rufino Tamayo, a manera de un recorrido que incluye a “La Bestia” (compuesta por 22 baúles de metal y cuero), los “Caminantes, náufragos en el desierto” (siluetas de barro, polietileno y base de metal), “Los niños perdidos”, los “Disparos” y “El muro”.

MIGRACIÓN CON ROSTRO INDÍGENA, DE MUJER Y DE NIÑEZ

Cuando pensamos en los migrantes, dice Adán, siempre pensamos en adultos, en hombres, “pero la verdad es que están migrando un montón de mujeres desde hace muchos años. En ese momento, desde hace mucho, también están migrando niños. Las estadísticas subieron de 2013 para acá; muchos niños saliendo de situaciones de violencia, de crisis en sus países de Centroamérica o en México, inclusive, viajando solos, viajando por La Bestia”.

EL TRATO DE MÉXICO A MIGRANTES

“La Bestia” da sus primeras exhalaciones; migrantes de Guatemala, El Salvador, Honduras y otras partes de Centroamérica se trepan a ella. Sus sueños, esperanzas y anhelos también van a bordo de aquel “gusano de hierro”. Podría pensarse que ese es el comienzo de una travesía que incluye caminatas por el desierto o nados por el Río Bravo, todo para llegar a Estados Unidos y conquistar “el sueño americano”. Pero para muchos, el martirio que los puede conducir hasta la frontera norte y, de ahí, adentrarse en el desierto. El tren que parte de Chiapas es el primero de los obstáculos a vencer en un país (México) que tampoco ofrece garantías a quienes vienen de Centroamérica.

“Siempre se toca el tema de la migración y nosotros vamos muy duro contra los americanos, pero nunca decimos que el paso de los migrantes es bien rudo. En algunos casos no les va tan bien cuando cruzan el territorio nacional”, refiere Paredes respecto al fenómeno que a su parecer tiene muchas veces más similitudes con los éxodos.

Por ello, considera necesario que desde las artes se retomen temas como este, pues no todo lo que se produzca tiene que ser con fines decorativos, sino también para generar conciencia.

NEGACIÓN DE CULTURAS

Anhelos extraviados, serie de piezas creadas en el taller Los Alacranes (propiedad del artista) retoman no sólo la migración, sino su vinculación con lo indígena, pues a decir del autor muchas de las personas que migran son de esas culturas originarias de México. Por ello, Adán retoma para su trabajo algunos símbolos y figuras que se usan en danzas rituales, así como los cráneos de venados y el tzompantli (para hablar de lo sagrado).

En “El muro”, Adán Paredes reflexiona sobre todas las barreras construidas en el mundo, mismas que ve como sinónimo de muerte, “de querer negar las otras culturas o de intolerancia”.

 

35 AÑOS DE ARTISTA

En este año, Adán Paredes celebra 35 años en el arte, un oficio “que se dice rápido, pero es un montón”. Su exposición Anhelos extraviados es una especie de festejo, lo mismo su libro Aramara, que presentó hace unas semanas. El oriundo de México, pero afincado en Oaxaca, espera seguir con la celebración en julio, cuando inaugure otra muestra, pero ahora en el Centro Cultural San Pablo.

En 35 años de carrera, su obra se ha presentado más en otras partes del país y del mundo, por lo que se siente honrado que ahora sea en Oaxaca.
Adán Paredes, (Ciudad de México, 1961) es un ceramista y escultor radicado en Oaxaca desde hace 19 años. Su llegada a este estado, dice, es para quedarse.

 

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