Lo sentencian a 99 años de prisión por prostituir a su mujer | El Imparcial de Oaxaca
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Lo sentencian a 99 años de prisión por prostituir a su mujer

Esta es la pena más alta que ha dado la fiscalía, en México y América Latina


Lo sentencian a 99 años de prisión por prostituir a su mujer | El Imparcial de Oaxaca

Jorge fue sentenciado a 99 años y seis meses de prisión, luego de que se acreditó su responsabilidad en el delito de trata de personas, en las modalidades de mendicidad ajena y explotación sexual cometida en contra de su pareja.

Ésta es la mayor sentencia condenatoria por el delito de trata de personas, en las modalidades de mendicidad ajena y explotación sexual jamás dictada en México y en América Latina.

La Fiscal Central Para la Atención de Delitos Vinculados a la Violencia de Género, Dilcya Samantha García Espinoza de los Monteros, detalló que durante años, Jorge obligó a su pareja sentimental a sostener relaciones sexuales con hombres a cambio de dinero. La enviaba a pedir limosna en las calles de Nicolás Romero, además de golpearla y violentarla psicológicamente.

“Por ello esta Institución y este estado sientan un precedente en la lucha por el respeto pleno de los derechos de las mujeres”, dijo.

En febrero de 2010, la víctima y su hija, de entonces 5 años, comenzaron a vivir con Jorge en un domicilio en la colonia Juárez, del municipio de Nicolás Romero.

De acuerdo al testimonio de la mujer, desde los primeros meses el ahora sentenciado comenzó a maltratar tanto a ella como a su hija. Indicó que el individuo consumía drogas.
Posteriormente la pareja procreó un bebé, lo que Jorge aprovechó para orillar a la victima a mandar a su otra hija a vivir con sus abuelos.

En 2013 el hombre comenzó a obligar a su pareja a sostener relaciones sexuales con otros hombres a cambio de dinero, para comprar drogas. Ante la negativa de la mujer la amenazaba de llevarse a su hijo y desaparecerlo. A finales de ese año el hombre ya la obligaba a pedir limosna en distintas zonas de Nicolás Romero, una de ellas afuera de la parroquia de La Señora de Fátima.

“La obligaba a usar ropa ajustada, maquillaje excesivo, se trasladaba las paradas de autobuses donde la mujer deambulaba desde las 10:00 de la mañana hasta 2:00 o 3:00 de la mañana”, dijo la fiscal.

Fue hasta dos años después que la mujer logró escapar de su agresor y denunciarlo por los delitos de violación y trata.

La víctima presentaba un grave estado de vulnerabilidad, ya que fue golpeada con diversos objetos y azotada contra la pared, también atada de pies y manos a un tendedero. Jorge la amenazada constantemente; si lo denunciaba, éste le decía que no iba a estar encerrado toda la vida, y que una vez en libertad mataría a su hija.

Además era obligada a consumir drogas. La víctima recibió una medida de protección en un albergue especializado para víctimas de violencia.

La trata de personas normalmente esta disfrazada en prostitución, en la Ciudad de México, existen lugares, conocidos por muchos y hasta por las propias autoridades, donde se realiza este tipo de delito con tan sólo 140 pesos se puede denigrar a una mujer.

Por lo general las victimas provienen de contextos de vulnerabilidad como pobreza, desigualdad social, violencia, orfandad o situación de calle y es por ello que se convierten en las victimas perfectas.
Estas mujeres viven en condiciones infrahumanas, en explotación laboral, económica y sexual donde el tratante es su propietario. En su mayoría, estas víctimas son mujeres y niños donde sólo dos de cada cien víctimas, logran regresar a casa.

La trata de personas es un problema social y sobre todo cultural, que parte de la falta de conciencia por entender que la vida de uno, es igual de valiosa que la vida de cualquier otro. Parte de las pésimas condiciones sociales que rodean a más del 50 por ciento de nuestra población, parte de la interminable corrupción.

Investigaciones sociológicas indican que la idea arraigada en pueblos indígenas de que la mujer es un objeto de intercambio provocó que algunos varones creyeran que podían prostituirlas, si así la familia se beneficiaba económicamente. Aunque ellas hagan el trabajo sexual, ellos son las cabezas del “negocio” porque cumplen con la labor de “protegerlas”.

Así, los primeros tratantes explotaron a sus esposas e hijas. Luego, a sus sobrinas, primas, amigas, vecinas. Pero las secuelas familiares y vecinales hicieron que los tratantes se alejaran de las mujeres de su comunidad y eligieran captarlas en otros lugares.

Aprendieron a “cazar” a sus víctimas enamorándolas para luego convencerlas de prostituirse y que les enviaran el dinero. A esa primera generación de padrotes, la violencia les pareció un recurso torpe y de novatos. Su éxito en el “negocio” hizo que incorporan a sus hijos, hermanos, padres, y las bandas se volvieron familiares.

Sin embargo, el desempleo en el campo provocó que los tratantes necesitaran cada vez más mujeres en las ciudades. Si querían tener veinte, en lugar de tres, enamorar ya no era suficiente. Así que empezaron lo que ellos llamaron “la nueva escuela”, es decir, la era de las capturas con base en engaños de trabajos, golpes, amenazas y secuestros.