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Editorial

Transporte público

 


La revelación de que los usuarios del Sistema de Transporte Colectivo Metropolitano (Citybus) alcanzó el millón de usuarios en las tres rutas que actualmente brinda, es el mejor ejemplo de que los oaxaqueños reclaman de un servicio de transporte eficiente y rápido que realmente permita la movilidad de toda la población.

El sistema de transporte público para la ciudad de Oaxaca y zona metropolitana se convirtió en un fracaso porque nunca respondió a los intereses de la sociedad, sólo a los de unos cuantos que llevaron a cabo desde las obras de infraestructura que fueron mal ejecutadas hasta la adquisición de las unidades, cuyo costo fue de 3 millones 80 mil pesos y con equipo valuado en 15 mil dólares de 2015.

Las llamadas adecuaciones viales y obras de mejoramiento urbano a lo largo del corredor, así como un nuevo sistema automatizado que mejoraría la eficiencia en el cobro y destino de los recursos captados, quedaron en buenas intenciones porque los trabajos quedaron inconclusos. El proyecto que fue elaborado por la Secretaría de Administración sin considerar la opinión de las autoridades del ramo y de los propios transportistas, nunca respondió a las necesidades de la capital del estado.

Al paso del tiempo una vez más se insiste que si en verdad se pretende beneficiar a cerca de 630 mil habitantes, de los cuales, casi el 90% hace uso regular del transporte público y más del 70% lo hace en forma continua, los transportistas deben jugar un papel preponderante, no sólo con nuevas inversiones sino con permanente capacitación a sus trabajadores.

El compromiso de los transportistas debe ser mejorar el servicio, pero con planes y programas viables, no elaborados para obtener dinero sin resolver el problema que va en aumento. Además de revisar las más de seis mil unidades del transporte público que circulan en la capital del estado, 25 por ciento se encuentra en mal estado y otras más ya no deben brindar el servicio por encontrarse en pésimo estado físico.

 

Bosques en riesgo

 

El cambio de uso del suelo, los incendios forestales y el método de roza y quema que realizan los campesinos en bosques y selvas han provocado que la entidad pierda 20% de sus tierras forestales durante los últimos cinco años. Las instancias oficiales han informado que las regiones más afectadas son la Mixteca y la Sierra Sur, ya que la tierra se ha degradado de manera continua y va desde afectaciones leves a graves.

Los principales factores son la falta de agua y la intervención directa de la mano del hombre, pues éste ha acelerado dicho proceso de degradación y desertificación de los bosques y zonas naturales.

En ese proceso de deforestación urge proteger el medio ambiente en nuestro estado antes de que sea demasiado tarde y nos enfrentemos a escenarios como los que se viven en la capital del país y que involucran a los estados de la llamada Megalópolis.

En México existe una fuerte presión sobre la biodiversidad en sus tres niveles. Las principales amenazas son la conversión de los ecosistemas naturales a sistemas productivos agrícolas o ganaderos, la contaminación, el cambio climático, la sobreexplotación de poblaciones y la introducción de especies exóticas.

A pesar de que la extinción de especies es un proceso natural, durante los últimos años la tasa de extinción registrada es más de mil veces mayor que las estimadas.

En nuestro territorio la deforestación, por el avance de la frontera agrícola y prácticas agropecuarias inadecuadas, aumentan el fenómeno de desertificación, lo que sin duda se acentuará con los efectos del cambio climático que ya son patentes en nuestro país.

Este círculo vicioso no lo debemos tolerar, debemos trabajar para conservar lo recursos naturales que aún nos quedan y para restaurar todo lo que nos sea posible. Si bien se dice que una de las metas del Gobierno de la República es recuperar la vocación forestal de aquellas hectáreas que actualmente se encuentran improductivas, ya que esto ayudará a contrarrestar la deforestación en el país, el objetivo debe ser sembrar miles de hectáreas de bosque con un esquema anual.