EL PODER, DEFORMACIÓN INSTITUCIONAL DEL ESTADO MEXICANO
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EL PODER, DEFORMACIÓN INSTITUCIONAL DEL ESTADO MEXICANO

 


Los que han hablado del poder y los efectos que produce en la personalidad de los individuos al acceder a su ejercicio como gobernantes y de cómo se empodera de manera plena durante el tiempo en que lo detenta buscando seguir haciéndolo ya fuera de su mandato, como ocurre en México, en donde se práctica, formalmente, bajo la premisa democrática de que el pueblo es el titular originario de dicha potestad y la forma en que se exterioriza durante su ejercicio, han formulado una serie de frases que reflejan los resultados que causa en el carácter del gobernante.

Se cita que “El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente”, de Lord Acton, historiador inglés; “Agradezco no ser una de las ruedas del poder, sino una de las criaturas que son aplastadas por ellas” de Rabindranath Tagore; “En el pasado, aquellos que locamente buscaron el poder cabalgando a lomo de un tigre acabaron dentro de él.” John Fitzgerald Kennedy; “Al poder le ocurre como al nogal, no deja crecer nada bajo su sombra.” Antonio Gala; “El poder atonta a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos” AMLO.

Estas conclusiones son síntesis que encierran las verdades de lo que produce, para bien o para mal, el ejercicio del poder de gobernar de manera individual que, de inmediato o paulatinamente va transfigurando al individuo que lo despliega, de manera tal que se torna en un instrumento de apetitos personales o grupales que motivan día a día a mantenerlo efectivo para que, su pensamiento y acción, constituyan las máximas indiscutibles de la expresión democrática.

Las frases reflejan lo que es la realidad de un padecimiento que contamina a la persona que de un momento a otro dispone de recursos financieros ilimitados para manejarlos como mejor lo estime pertinente, mediante el control de un presupuesto ajustado a las directrices que le da a quien los aprueba, en el caso de México a los Diputados, incrementando los que estime considere que le atrae las simpatías políticas con su respectiva bolsa de votos; y lo restringe a quien no le simpatiza u obstaculizan su ilimitado poder.

En México para ejercer el poder de manera ilimitada, esa ha sido la fórmula con diversos matices. El actual gobierno, de la Cuarta Transformación está demostrando cómo se hacen efectivas las experiencias que convierten a una persona a la que, mediante el sufragio, se le otorgó al presidente López Obrador, de manera amplia para legitimar su ascenso al cargo, no para hacer lo que quiera, sino para que protestara cumplir y hacer cumplir el orden jurídico nacional a partir de la Constitución.

Lo que hizo una vez que obtuvo el poder fue modificar la Constitución con las mayorías que obtuvo en la composición del Congreso de la Unión y en las legislaturas de los estados; dispuso la concentración del manejo económico de la parte mayor del presupuesto en manos de las fuerzas armadas y sus millonarias inversiones; la complementó otorgándoles también el control de la seguridad pública y con ello la tutela disimulada a los cárteles, mediante los besos y abrazos; debilitó algunas instituciones, como el INE, el INAI, la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Aglutinó la información oficial en las mañaneras con un equipo de comentaristas a modo y bien asesorados, que se han ocupado durante estos cinco años de gobierno a ser la verdad en la comunicación, su propio crítico y adulador de sus acciones, de manera tal que todo lo que se hace es en beneficio del pueblo, con el disgusto de los que califica de conservadores, protectores de la corrupción y la impunidad del pasado; califica a su administración ajena a los actos de corrupción.

Hoy hemos visto cómo ha ido devastando las estructuras institucionales de Estado Mexicano, en unos casos de manera total, en otros, poco a poco, como lo pretende con la Suprema Corte y se refleja, la misma estrategia, en los Estados, en cuanto a sus poderes judiciales, lo cual ajusta a las frases reseñadas de cómo trasciende el poder a los individuos este padecimiento que se disemina en toda la República y sus entidades.

Me parece que la corrupción no sólo se refiere al manejo de los fondos públicos, a la austeridad republicana y en la sola palabra de un individuo repetida mil veces, sino que ello es expresión, en su conjunto, de un ejercicio indebido de funciones y abuso del poder que materializa en aquellos que locamente buscaron el poder cabalgando a lomo de un tigre y acabaron dentro de él, que como el nogal, no deja crecer nada bajo su sombra y que atonta a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos.

Hoy es evidente que la transformación propuesta tuvo y tiene una finalidad, retornar al ejercicio del poder hegemónico del pasado y prolongar un cacicazgo anunciado que culmine la demolición de las barreras institucionales que aún protegen los derechos del pueblo mexicano. Se han creado condiciones que buscan ajustar la camisa de los derechos humanos de los mexicanos para restringirlos y acomodarlos al poder ilimitado sin obstáculos. Eso es corrupción.

El mandato constitucional de que “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste” sólo es una frase hueca sin vigencia material. 

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