“Adiós, inolvidable y valiente amigo” | El Imparcial de Oaxaca
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“Adiós, inolvidable y valiente amigo”

 


Gonzalo Martínez Corbalá es una de las figuras ecuménicas de la diplomacia en América Latina. Político clásico, en el mejor sentido de la palabra, leal a una ideología, a sus principios, a su grupo político, a sus amigos y a sus pasiones. Luchó por la libertad y la democracia, defendió la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos. Fue un hombre de Izquierda.

Siempre tuvo conciencia de que estaba participando en sucesos y acontecimientos históricos que conformarían la historia de México, luchó por construir una nueva sociedad más justa, orientó sus esfuerzos en la administración pública para que el desarrollo de México se inclinara a favor de los desposeídos. Desde muy joven se ligó a la corriente nacionalista del cardenismo, después de haber terminado su carrera de ingeniero civil y hecho una maestría en ciencia política, militó en el ala izquierda de la vida pública de México y honró con trabajo, creatividad y capacidad renovadora las instituciones que dirigió y las comisiones que le dieron como funcionario público y representante de México.

Fue un hombre afortunado porque su trabajo y conducta lo ubicaron en las cimas de la historia de su país y de nuestra América; convivió y trató en circunstancias históricas a los tres líderes más importantes de la región en el siglo XX: Lázaro Cárdenas, Salvador Allende y Fidel Castro Ruz.

Cerca del general Cárdenas recorrió el país; atendió problemas comunales. Participó en foros y encuentros intelectuales, políticos, con trabajadores y campesinos, su intervención fue definitiva para la solución de problemas que le planteaban al General los grupos más desposeídos de esta tierra. Hombre conciliador, político nato, diplomático y respetuoso de la dignidad humana y de las personas, participó en la solución de esas inconformidades y problemas, en la administración de empresas descentralizadas, en San Luis Potosí, donde fue gobernador y en la dirección de instituciones donde tuvo una carrera exitosa.
Cuando llega por la vía democrática a gobernar la República de Chile el doctor Salvador Allende, el 14 de septiembre de 1970, la solidaridad y el compromiso del presidente Luis Echeverría por el nuevo gobierno de la Unidad Popular, que mantenía la política de una tercera “vía” o “la vía democrática al socialismo” tuvo diversas manifestaciones, una de ellas fue enviar como embajador a Gonzalo Martínez Corbalá, con el fin de fortalecer la presencia de nuestro país y estrechar los lazos de amistad; la tarea no era fácil, la inteligencia americana había empezado a tramar diversas alternativas para interrumpir el proceso chileno.

El embajador Martínez Corbalá inició una relación de colaboración y amistad con el gobierno de la Unidad Popular. Su primera entrevista con el ministro de relaciones exteriores Clodomiro Almeyda, sirvió no solo para entregar la copia de las cartas credenciales, sino para iniciar una amistad que se prolongó varios años. Así era Gonzalo, tenía el don de establecer relaciones permanentes de cariño y simpatía con las personas que trató.

El tablero de ajedrez internacional que jugaban los americanos amenazaba al gobierno de Salvador Allende con espionaje, bloqueo económico y comercial, huelgas y confrontaciones; se preparaban para una guerra civil o un golpe de Estado. En esa difícil y complicada situación el gobierno de México no renunció nunca a la solidaridad y el compromiso con la posición del gobierno de Allende. Se mandó ayuda en lo económico, energético, técnico y político al Gobierno de la Unidad Popular.

Finalmente Augusto Pinochet dio un jaque mate y el 11 de septiembre de 1973 levantó a los batallones chilenos contra el presidente Allende, quien murió en el Palacio Nacional de la Moneda. Es en ese momento cuando la personalidad del embajador Gonzalo Martínez Corbalá y las mejores tradiciones de la diplomacia mexicana se manifestaron en toda su grandeza. Gonzalo, por instrucciones del presidente Luis Echeverría y por su filiación política y calidad humana defendió hasta el heroísmo y puso en práctica el derecho de asilo internacional, la inmunidad diplomática y la invulnerabilidad de la embajada. Ese pedazo de México se convirtió en un refugio de esperanza para cientos de chilenos perseguidos por la Junta Militar. Algunos de los primeros en llegar fueron los familiares del presidente Allende, su esposa e hijas, algunos secretarios de estado, más tarde tuvieron que habilitar como dormitorios la biblioteca y todos los salones que tenía la embajada, se establecieron horarios para el uso de los servicios y se resistió valientemente los ataques de los esbirros de la Junta Militar.

Localizó a Pablo Neruda que estaba grave y moribundo para ofrecerle el asilo en México, quien falleció a los pocos días. Gonzalo inició la difícil tarea para salvar perseguidos y negociar salvoconductos para los refugiados en la embajada. El presidente don Luis Echeverría envió dos aviones para sacar a los refugiados y traerlos a México. Fueron días de firmeza, entereza y valor indescriptible ante el terror de las botas militares. Nunca antes brillaron tan altas las virtudes de la diplomacia mexicana y de la solidaridad con el pueblo chileno. Gonzalo Martínez Corbalá alcanzó en esos momentos las más altas virtudes de su personalidad y carrera. Finalmente nuestro país rompió relaciones con la junta militar chilena y Gonzalo inició otra etapa de su vida.

La historia de Gonzalo Martínez Corbalá tendría otros episodios históricos para México y la región. El 25 de abril de 1980, ante el Vicepresidente de Cuba Carlos Rafael Rodríguez, el ingeniero expresó: “El Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, me ha nombrado embajador extraordinario y plenipotenciario ante el gobierno de Cuba”. Nuevamente volvió a sentir esa responsabilidad y emoción de ser el representante de la patria. Por diversas circunstancias su entrevista con el líder de la revolución Fidel Castro, se realizó el 14 de abril, días antes de que presentara oficialmente sus cartas credenciales.
El afecto que siempre ha existido entre los pueblos de México y Cuba se puso de manifiesto con la llegada del nuevo Embajador Mexicano, la plana mayor de los funcionarios cubanos, recibió a Gonzalo con actos que fueron más allá del protocolo oficial, se inició de inmediato una empatía entre Carlos Rafael Rodríguez y los funcionarios cubanos, quienes consideraban que la misión en Cuba era una continuación del trabajo realizado en Santiago de Chile.

Poco a poco, Gonzalo fue ampliando y mejorando las relaciones entre los pueblos y los gobiernos, se inició una cooperación económica, técnica y cultural; se ampliaron los canales de comunicación y fraternidad entre ambos pueblos. Cuba enfrentaba las crisis cotidianas de ser un gobierno socialista a 120 millas de los Estados Unidos, sufría el bloqueo económico y político, agresiones constantes, y una política dura hacia la isla.

El momento culminante de la estancia de Martínez Corbalá en La Habana fue cuando el presidente López Portillo visitó Cuba. Nunca antes un mandatario mexicano habría recibido tan cálida y extraordinaria recepción; los cubanos reeditaron algunas de las obras escritas por don José, movilizaron a sus comités del partido, presentaron obras de teatro, ciclos de cine e invitaron a distinguidos mexicanos para dictar conferencias y tener encuentros con los cubanos. En ese tiempo se rumoraba en el ambiente internacional que los Estados Unidos estaban dispuestos a cambiar a Berlín por Cuba y lo más grave es que los soviéticos no habían dicho nada ante esa sugerencia. Los análisis de política internacional del gobierno cubano y mexicano y la sensibilidad de Gonzalo Martínez lograron que se diera la visita y el apoyo de México a Cuba en ese momento tan delicado y crítico para la Isla.

Don José López Portillo ante una multitud de más de un millón de personas declaró ante la efigie de José Martí y el trazo de Ernesto “Che” Guevara: “Nada soportaremos contra cuba, lo sentiremos como propio”. La visita fue un éxito y todo parece indicar que hubo una distención en el escenario internacional, que nunca ha estado exento de peligros y resbalones, como en la reunión Norte-Sur con la cual se despediría don José López Portillo de los mandatarios internacionales y que se enfrentó a la negativa del gobierno de los Estados Unidos, para que asistiera Fidel Castro. El planteamiento era muy simple si va Cuba no va el Presidente de los Estados Unidos.

Había que hacer varias negociaciones delicadas y de altísimo nivel, por una parte, negociar con la figura mundial que era Fidel su no asistencia a Cancún, por otra, mantener firme la invitación de todos los demás mandatarios a la reunión. Martínez Corbalá fue el eje central de esas negociaciones entre José López Portillo y el comandante Castro Ruz, llevó personalmente las notas de ambos mandatarios, transmitió la información necesaria al gobierno de México y logró seducir al comandante para que aceptara y entendiera la posición de México, se acordó que Fidel Castro viniera a México a Cancún a entrevistarse con don José López Portillo y en un hecho sin precedentes los cubanos viajaron de la Isla de Cuba a Cozumel en “El pájaro azul” una nave donde tiempo atrás habían navegado Salvador Allende en una de sus visitas a Cuba. “Ese viaje -dijo Fidel, quien estuvo acompañado en los trayectos por Gonzalo- fue para trabajar en favor de nuestra amistad, de nuestras relaciones, es un viaje verdaderamente de paz, es un viaje de solidaridad”.

Recuerdo uno de los momentos en que Gonzalo Martínez Corbalá logró lo que ningún político mexicano había hecho, reunir a un expresidente, Don Luis Echeverría, a un presidente don José López Portillo y a un candidato a la Presidencia de la Republica don Miguel de la Madrid, en una ceremonia en la que Carlos Rafael Rodríguez, le entregó una condecoración que diseñó Fidel Castro dedicada especialmente a él, se llamaba “La medalla de la orden de la solidaridad”, que le fue entregada en la ciudad de México por el viceministro Carlos Rafael, y con la cual concluía la carrera diplomática de Gonzalo Martínez.

Siguieron después los homenajes. Una vez instalada la República de Chile y desterrado Pinochet se restablecieron las relaciones entre ambos países y en dos ocasiones le entregaron a Gonzalo Martínez Corbalá las preseas más altas que puede otorgar el gobierno Chileno por los servicios prestados a la humanidad al salvar y defender las vidas humanas en ese momento amenazadas. Hace 2 años la presidenta Bachelet vino a México y dentro de sus principales actividades le entregó al ingeniero ante todo el Gabinete de Enrique Peña Nieto un pergamino y una medalla como reconocimiento por su heroísmo.

Gonzalo Martínez Corbala tuvo una vida larga, fructífera, plena, llena de satisfacciones, pletórica de amigos, con innumerables actos de generosidad; llevó un recuento riguroso de su existencia en algunos cuadernos que algún día tendremos que editar y tres días antes de fallecer presentó su último libro “Del tintero de mis recuerdos, mis andanzas por esta América nuestra” en el que ampliaba el texto “La historia que viví”. Difícil terminar una nota sobre un actor de la vida política de México que escribió algunas de las páginas más gloriosas e importantes de nuestro país, quien me brindó su generosa amistad y me dio grandes enseñanzas, con quien compartí algunos de los momentos más trascendentes de su vida. Solo queda decir como lo hizo Isabel Allende al reconocer los tintes de heroísmo impecable que tuvo Gonzalo: “Adiós, inolvidable y valiente amigo” Fin.