51 años: Presencia en el Istmo
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Editorial

51 años: Presencia en el Istmo

 


Un día como hoy, pero en 1972, en conocido hotel de Santo Domingo Tehuantepec nació nuestro diario hermano, EL IMPARCIAL DEL ISTMO. Un grupo de avezados periodistas tanto de la capital oaxaqueña como de esta región, bajo el liderazgo de nuestro director y gerente general, Benjamín Fernández Pichardo, arrancaron este proyecto periodístico regional que, en un principio fue visto por los habitantes de la citada región, como “un periódico vallisto”, motivados por un regionalismo que, por fortuna se ha ido borrando. En poco tiempo, nuestro diario se fue posicionando en el ánimo de los diversos sectores sociales, incluso compitiendo con diarios impresos en la zona y con un amplio espectro de circulación. El trabajo para posicionarlo como un diario serio y profesional, no fue fácil. Implicó grandes esfuerzos e incluso, se llegó a imprimir en Salina Cruz, con maquinaria adquirida ex professo.

Sería injusto ignorar que entre el grupo de periodistas que vieron el alumbramiento de este proyecto editorial figuraron algunos reconocidos comunicadores como José Manuel Vignon y Pedro Piñón Rustrián, éste último ya fallecido como una decena más que con mucha enjundia participaron en este proyecto que, como hemos dicho, significó un gran esfuerzo, como el hecho de llevarlo a diario de Oaxaca a Salina Cruz y Tehuantepec. Y llegó a tener tal éxito que incluso la gente lo pedía en poblaciones más alejadas como Matías Romero o Ixtepec. Más aún, hubo el propósito de llevarlo hasta Coatzacoalcos, Veracruz, para convertirlo en un verdadero diario del Istmo. Lamentablemente en este periplo de más de cincuenta años, hemos tenido que sortear una y mil dificultades económicas e, incluso, de seguridad.

EL IMPARCIAL DEL ISTMO se ha mantenido a flote, sorteando tempestades y vendavales. En noviembre de 2007, luego de publicarse una nota sobre el aseguramiento de una célula criminal en la población de El Espinal, como represalia, un comando armado asesinó a tres voceadores cuando circulaban entre Tehuantepec y Salina Cruz, a la altura de un paraje denominado La Noria. Un acto providencial salvó la vida del director y un reportero de nota roja, que se habían quedado en la primera población. Las amenazas criminales obligaron a desalojar a los mismos a la Ciudad de Oaxaca por vía aérea. De ahí el diario entró en un impasse, pero jamás ha dejado de circular. Por ello, con satisfacción, celebramos hoy su 51 aniversario.

 

Acciones legales vs plagio

 

La semana pasada, la Facultad de Estudios Superiores Aragón, de la Universidad Nacional Autónoma de México –la UNAM- dictaminó que la tesis de Licenciatura en Derecho presentada por la ministra Yasmín Esquivel Mossa en 1987, es una copia “sustancial” de la publicada en 1986, por un ex alumno. Mucho ruido ha despertado este tema. Amén de la fallida defensa de la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, asumiéndose víctima de plagio y olvidando la sentencia irrebatible de que “quien es primero en tiempo es primero en derecho”, hay mar de fondo. El favoritismo, el tráfico de influencias y la meritocracia, ejes de nuestro desgastado sistema político mexicano, han puesto sobre la mesa uno los vicios que, por el bien de nuestras instituciones educativas y prestigiadas universidades, deben ser sancionados.

El plagio de tesis profesionales no es nada nuevo, justamente porque la corrupción también ha fustigado al sistema de educación superior. Al igual que la venta de calificaciones y hasta de los trámites para titulación. La Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca –la UABJO- no ha sido ajena a dichas prácticas. Fuentes universitarias revelan que, hace sólo unos años, operaba un grupo dedicado precisamente a vender tesis y, en paquete, jurados de examen profesional a modo y hasta fiestas de graduación y anillo.

Si bien es cierto que cuando estos hechos se dieron en la UNAM, las tesis profesionales sólo se microfilmaban, los tiempos actuales exigen del uso de plataformas digitales que eviten este tipo de prácticas nocivas. Además, de que las instituciones de educación superior establezcan en sus propias leyes orgánicas, protocolos que inhiban y sancionen el plagio. Se presume que existen ya en nuestro marco legal vigente, leyes que salvaguardan el derecho de autor, así sea para obtener un título universitario.

Por lo pronto, el escándalo, los personajes involucrados y la institución afectada por una injusta descalificación y descrédito, han puesto sobre la mesa un tema que sigue pendiente. ¿Es válido retirar el título obtenido bajo este esquema fraudulento? O ¿son motivo de acción penal aquellos que, sin haber obtenido dicho documento que valida estudios y profesión, por los canales institucionales, firman documentos o emiten sentencias? Se trata de una práctica común en el país, a lo que se llama usurpación de funciones. Amén del escarnio público, del escándalo o la descalificación mediática, urge un marco legal, ciertos de que, en estos tiempos, las leyes son hechas justamente para ser violadas.