¿No sería hora de terminar con la Guerra en Ucrania?
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Opinión

¿No sería hora de terminar con la Guerra en Ucrania?

 


 

Hace 59 años en el Paraninfo de la Máxima Casa de Estudios de la entidad, el jurista y matemático Miguel Jiménez Garay, director de la entonces Escuela de Jurisprudencia, nos presentó a estudiantes y catedráticos al insigne internacionalista Modesto Seara Vásquez quien, en el espacio de la conferencia magistral “Guerra o paz en 1963” probó con estadísticas que de ésta –la paz–, el mundo hasta ese momento solamente había disfrutado durante… ocho horas!, pues la humanidad como lo enseñan los anales históricos, pervive entre casi permanentes y funestas confrontaciones bélicas motivadas para, obtener y/o conservar el poder económico o material y sus derivados ropajes, políticos, ideológicos, racistas o religiosos, prácticas vigentes hasta nuestros días.

Pero es el caso que desde 1945, las guerras han dejado de ser “convencionales”, es decir “heroicas” (aprestando el acero, el bridón y al sonoro rugir del cañón) entre países y comarcas, singulares, blandiendo armas simplemente “manuales”; mas hoy las grandes potencias —Francia, Inglaterra, Rusia, estados Unidos (EU en lo subsiguiente) China y otras— poseen armamento atómico junto al cual las bombas que arrasaron hace 77 años Nagasaki e Hiroshima, semejan simples postas o municiones de escopeta. Por ello, los estados que cito anuncian conjuntamente que “una guerra nuclear no puede ser ganada, por lo que no debe ser librada.” ¿No es el momento entonces de exigir el alto al fuego de todos los conflictos armados sin importar el germen que los generó? “¿No sería hora de terminar con la de Ucrania”, según el texto reciente de una “Rayuela” del diario La Jornada, que da título a este bosquejo?

Esta cruenta contienda comenzó hace 9 meses. Opinamos entonces y lo reiteramos ahora. Con la incursión de tropas rusas prescrita por su dignatario Vladimir Putin en el ejercicio no de un ataque agresor sino de una circunstancia equiparable a la legítima defensa, comentada por Seara Vásquez en su Tratado de Derecho Internacional Público; pues su contraparte, la OTAN macroorganismo militar creado para embestir a la URSS y que regentean los EU; estratégicamente almacenaron y montaron desmesurados arsenales de primer nivel y alcance en suelo ucraniano para invadir súbitamente el ruso y someterlo con un golpe paralizante. Pretensión soñada desde Hitler y que estuviesen aplaudiendo muchos.

Consecuentemente, los combates los libran ahora las brigadas rusas en territorio de Ucrania, pero contra la OTAN, instigada por los EU, pues recuérdese que en el imperio vecino las fuerzas armadas están bajo el mando de los empresarios. Aunque ha llegado la hora en que el corpulento imperio norteño deje de embelesarse con su ciega fe en el “supremacismo” y en el insuperado poderío que tuvo antaño. ¿Espera J. Biden recuperar los caudales que sigue facilitando a Zelenski? ¿Responderá por la costosa reconstrucción de las regiones derruidas? o, ¿Entre balandronadas expandir a la OTAN a expensas de Rusia? cuando está acabando el orden unipolar de la globalización y, lo esencial es aplicarse para preservar la estabilidad y la civilización y atender los acechantes aprietos ecológicos y las inequitativas desigualdades sociales.

No olvidar que durante casi todo el siglo XX e inicios del XXI los gobiernos de los EU —entre sermones acerca de la libertad, la democracia y los adjetivados derechos humanos— han perpetrado invasiones, masacres y genocidios en pueblos endebles para consolidar su macroeconomía. Aun cuando resulta paradójico que el atrabilario señor Trump (de quien se dijo alcanzó la presidencia por el respaldo de Putin) no haya acometido de facto ninguna pugna armada en tanto que, su sucesor, quien se ostenta como católico y jurista atiza no solamente la de Ucrania, sino conatos belicistas en Taiwán y hasta en África, como oficioso policía supranacional y, por añadidura incrementa los bloqueos en agravio de Cuba y Venezuela, no obstante, la reprobación unánime de la ONU.

El enfrentamiento Ucrania-Rusia demuestra que las guerras, al momento sólo producen perdedores, pues son la causa de que se extingan millones de seres humanos, por lo general ajenos a los antagonismos; además se despedaza el patrimonio civil y artístico edificado, amén de que los misiles, tanques, submarinos aeronaves e instalaciones como el “Pentágono”, los cuarteles con sus ejércitos y demás artillerías sofisticadas valen menos que chatarra; cuando miles de almendras termonucleares yacen en sótanos secretos y con solo la detonación de 25 se pulverizaría la naturaleza completa y desde luego las culturas en menos de las ocho horas que ya narramos. Por lo mismo las hostilidades deben solventarse ya, no por los mariscales, soldados o reclutas, sino por parlamentarios y académicos versados y sensibles a través de la política.

Así que no hay más que concluir que, todos los colectivos del orbe demanden la paz, protegiendo en primer término a la infancia, a la que Gabriela Mistral cantó así: “Nuestro crimen es abandonar a los niños. /Muchas de las cosas que necesitamos pueden esperar. Los niños no lo pueden, ahora es el momento. /Sus huesos están en formación y su sangre también lo está. /Sus sentidos se están desarrollando. /A ellos no podemos contestarles mañana. /Su nombre y momento es hoy.”

Por tantos motivos y para finalizar, consideramos que el visionario AMLO, quien con Narendha Moddi, su similar en la India, resultan los estadistas más notables del escenario contemporáneo; acierta al proponer —a falta de diplomáticos geniales como Andrei Gromyco y Adlay Steevenson—  una especie de Tribunal Ético integrado por el titular de la Organización de las Naciones Unidas Antonio Guterres; el Papa Francisco quien con su locución “Debe silenciarse el clamor de las armas” refleja su indiscutido humanismo y el nombrado Premier Hindú (quizás falte en el comité sugerido al menos una mujer como Annie Ernaux, reciente Premio Nobel en Literatura y el politólogo Noam Chomski). Estos sabios sentarían las premisas cardinales de fondo vinculantes previstas por la filosofía, probablemente afinadas metodológicamente por sus auxiliares adjuntos que hagan posible la concreción del clásico apotegma de Martínez Sobral: “Problema es toda cuestión por resolver”, y el crucial por ahora es el restablecimiento inmediato de la paz mundial. Respetuosamente.

EVELIO BAUTISTA TORRES: Profesor en la Facultad de Derecho