Feminicidios, la agenda pendiente | El Imparcial de Oaxaca
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Editorial

Feminicidios, la agenda pendiente

 


Durante el gobierno de Gabino Cué, el asesinato de mujeres, en su mayoría jóvenes, ya sea tipificado o no como feminicidio, se dio en forma alarmante. Más de 300 asesinatos enlutaron un número igual de hogares. Sin embargo, con mil argumentos, pero sobre todo la falta de recursos para investigarlos, al menos el 95 por ciento de los mismos quedaron en la impunidad. Son muy pocos los que se han resuelto. Las madres y familiares de las fallecidas de manera violenta han ido de la Seca a la Meca sin encontrar una respuesta enérgica de las autoridades. Un grupo de dichas madres dolientes se reunió con el gobernador Alejandro Murat en la primera audiencia pública celebrada desde el 21 de marzo.

El ejecutivo dio instrucciones precisas para atender el tema de los feminicidios sin que a la fecha se hayan dado más que avances modestos en el tema. Es importante subrayar que en el anterior régimen, la cifra alarmante de crímenes en contra de mujeres puso a Oaxaca en uno de los primerísimos lugares a nivel nacional. Pese a ello, jamás se le otorgó la importancia debida. En los últimos meses, familiares de las víctimas realizaron marchas y movilizaciones sin que pudieran tocar las fibras sensibles del aparato de justicia.

La semana pasada fue motivo de sentencia uno de los casos más sonados de esta catálogo de ilícitos. El juez Cuarto de lo Penal dictó sentencia condenatoria a Alejandro Enrique R.L., como responsable del homicidio de quien en vida llevara el nombre de Dafne Carreño Bengochea. Los hechos ocurrieron en 2013, cuando la joven su acuchillada por su pareja sentimental, quien mostró heridas en el cuello, aduciendo un ataque, pero evidenciando que dichas heridas fueron provocadas por él mismo. Pese a mecanismos de presión y la labor de abogados que pretendieron hacer creer que se trataba de un homicidio en riña, el homicida fue sentenciado a 78 años de prisión, el pago de la reparación del daño y una multa. Sin embargo, los nombres de quienes esperan justicia son cientos. Hay quienes han desistido de exigir la acción del Estado en contra de los presuntos homicidas, habida cuenta de que las órdenes de aprehensión de quienes están identificados siguen durmiendo el sueño de los justos y se encuentran archivadas o en reserva. Lo cierto es que uno de los argumentos del pasado y también en esta administración es que no hay dinero para viáticos, gasolina, mucho menos para investigar estos crímenes aberrantes.

Burócratas: ¿Cuál emergencia?

El Sindicato de Trabajadores al Servicio de los Poderes del Estado e Institucionales Descentralizadas de Carácter Estatal (STSPEIDCE), se alista para celebrar con bombo y platillo el “Día del Empleado”. Circulan por las redes sociales el carnet de grupos musicales, bailongo y saraos con motivo de la citada celebración. Desde hace más de veinte años, cuando dirigía dicho gremio el célebre Reveriano Chagoya Corres, el gobierno del estado inició con las revisiones anuales del pliego de peticiones, en las que, indiscutiblemente, los festejos de octubre guardan un lugar especial. Los empleados de base casi no asisten a trabajar. Se llevan a cabo los torneos deportivos, con los cuales los participantes de las diversas dependencias y entidades se pueden ausentar de sus labores el tiempo que dichos eventos tarden, además, por supuesto, de la porra que los acompaña. La administración pública, ya de por sí lacerada por los horarios tan cortos de los trabajadores de base, prácticamente se paraliza ante la ausencia de secretarias, analistas, oficiales de transporte, etc. Es importante señalar que son decenas de millones de pesos los que el gobierno estatal eroga para festinar a sus trabajadores.

Los multicitados festejos incluyen bonos especiales, regalos, distinciones a los que cumplen 20, 25 o 30 años de servicio, además de desayunos, comidas y un baile general, sin importar que en cada dependencia hay un festejo particular con todo lo anterior. Lo que ha causado molestia en la opinión pública es que si un acto tan importante como es el convivio oficial del Grito de Independencia, el pasado 15 de septiembre fue suspendido, precisamente porque el pueblo oaxaqueño guarda una especie de duelo por los más de ochenta muertos por los sismos del 7, 19 y 23 de septiembre, además por los 22 fallecidos por las lluvias, exista un gremio inconsciente e indolente que se atreva en pleno período de contingencia y crisis, a festejar. Tal parece que en Oaxaca no ha pasado nada y que estamos en bonanza; que hay que echar las campanas al vuelo y hacer bailongos y saraos, cuando hay al menos cinco regiones del estado en donde más de cien mil oaxaqueños han perdido su patrimonio, su vivienda y su modo de vivir. Si hubiera un poco de conciencia al respecto, sin duda alguna tanto el gremio como sus dirigentes, hubieran declinado a semejante barbaridad. Pero tal parece que no.