¿Verdad histórica o show mediático?
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Opinión

De Paradojas y Utopías

¿Verdad histórica o show mediático?

 


1).- El affaire Aytozinapa

Quien no conoce las entrañas del sistema de normales rurales, ignora de qué está hecha la escuela “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa. Adoctrinamiento y radicalismo; confrontación y rebeldía. Emular a Genaro Vásquez Rojas o Lucio Cabañas es la divisa. O seguir a pie juntillas el viejo manual de Carlos Marighella: Teoría y acción revolucionarias (Editorial Diógenes, México, 1971) o el Minimanual del guerrillero urbano (Ibíd.). A inicio de los setenta del Siglo XX, se les caracterizaba como “los enfermos”, en referencia a la obra de V. I. Lenin: La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, publicada en 1920. En Ayotzinapa, los Clubes de Orientación Política e Ideológica (COPI), eran parte fundamental de la formación. Y la militancia en la Federación de Estudiantes Campesinos, Socialistas de México (FECSM), el componente esencial de una ideología radical o lavado de cerebro.

Sin embargo, al concluir sus estudios, muchos siguieron sólo el camino de la docencia rural que ya era en sí un desafío y no una incipiente lucha revolucionaria, rebasada en el mundo de las ideas. Pese a ello, nada, absolutamente nada justifica el asesinato vil y cobarde de 43 jóvenes, aquella fatídica noche del 26 de septiembre de 2014. Hasta hoy una mancha indeleble en la historia del México del Siglo XXI. Jóvenes idealistas y revolucionarios románticos. Radicales a carta cabal o por consigna de sus dirigentes. Un crimen de esa naturaleza sólo pudo ser obra de psicópatas cebados en sangre. “Guerreros Unidos” ycapos criminales que vieron afectados o en riesgo sus intereses. Y la complicidad de poderes municipales, policiales, militares y funcionarios, que actuaron de consuno para perpetrar una de las peores barbaries de que el país tenga memoria.

2).- “La verdad histórica”

Nada nuevo aportó el Subsecretario de Derechos Humanos de la SEGOB, Alejandro Encinas, con su informe sobre el caso Ayotzinapa. Lo único, evidenciar lo dicho a principios de 2015: los 43 normalistas fueron asesinados, incinerados y sus restos arrojados a un río. La “verdad histórica” siempre fue y ha sido una: el deleznable y ominoso crimen fue perpetrado por sicarios de grupos delictivos. A ocho años de distancia, el actual gobierno se ha querido llenar de gloria politizando un hecho en sí doloroso y cruel. Y le da un viraje de vendetta o ajuste de cuentas con el pasado, responsable —así lo ven los corifeos de la 4T— de todos los males del país. Pero nada justifica el actuar de una Fiscalía General de la República (FGR), incompetente, sesgada, rehén de podredumbre, cuyo titular ha sido evidenciado una y otra vez.

En esta cadena de corrupción, desaciertos, complicidades, omisiones dolosas y violaciones a la ley, hay demasiados cabos sueltos. El affaire de Jesús Murillo Karam no es más que un show mediático, un distractor. Para el anecdotario: un agente del Ministerio Público que no lleva la orden de aprehensión y un juez que le llama la atención por desconocimiento e inconsistencias en el expediente. Es el reflejo fiel de un Estado fallido, acotado por cárteles y con más de 125 mil muertos acreditados a esos grupos criminales. A casi cuatro años de asumir el poder, este gobierno no puede seguir culpando al pasado. El terror vivido en Guanajuato, Jalisco, Colima y Baja California, es el resultado de tres factores: un gobierno federal omiso, una fallida política de seguridad y el insano propósito de militarizar a México.

3).- Justicia: Fuera máscaras

Mientras esas 43 vidas segadas se sigan utilizando como botín político-electoral; en tanto se continúe tomando como bandera la sangre derramada y el dolor de las familias –atributo sólo de buitres- este país se seguirá hundiendo en la ignominia, el rencor y los fantasmas del pasado. La impartición y procuración de justicia, así como el Estado de Derecho serán sólo una ficción, mientras los verdaderos criminales no paguen por este atroz crimen colectivo. Porque, por lo demás, sólo serán el tiempo y el juicio implacable de la historia, los que le den vida a la consabida frase popular: “los carniceros de hoy, serán las reses del mañana”, que seguirá imparable como “la tela de Penélope” o como una rueca fatal.

BREVES DE LA GRILLA LOCAL:

— Miahuatlán de Porfirio Díaz —mi tierra natal—, de nueva cuenta, como en aquellos lejanos años 60 del Siglo XX, huele a sangre. El pueblo que defendió al país de la Intervención Francesa, en donde el general Díaz libró la batalla más estratégica  de su carrera en 1866, hoy es paraíso de sicarios y grupos delictivos. Como territorio de castigo, en sus cercanías impusieron un CEFERESO y otro CERESO. Avecindados y fuereños, en complicidad con pillos locales han impuesto su ley y el terror.

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