España y Cataluña: Tanto monta | El Imparcial de Oaxaca
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España y Cataluña: Tanto monta

 


Aunque la divisa “Tanto monta” era parte del blasón de Fernando II de Aragón, el addendum de “Monta tanto” fue adosado una vez desposado con Isabel I de Castilla, para establecer una igualdad entre los poderes de ambos soberanos: “Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando” y potenciar la unidad de España. Cataluña perteneció alguna vez al reino de Aragón y después de la toma de Granada en enero de 1492, España era única e indivisible, como 486 años después se fijaba en la Constitución de la Moncloa de 1978.

Muchos reinos, principados y ducados; desposorios por conveniencia, guerras constantes, intriga y sangre eran los signos de la Europa medieval y renacentista. España era de los primeros reinos unificados y tal vez el factor de ese perdurable enlace fue la religión, no la lengua, aunque la de Castilla predominara. Castellano, gallego, catalán, balear, valenciano, aragonés, aranés, euskera o vascuence, occitano, entre lenguas y muchas otras variantes de idiomas y dialectos se mantuvieron en la península que, hasta los años del franquismo se preservó como un Estado unificado después de sangrienta Guerra Civil 1936-1939.

Se acusa a Franco de haber perseguido el habla vernácula de varias regiones y entonces provincias, pero lo cierto es que en las universidades de todo el territorio se seguían cultivando y estudiando las lenguas originales. Durante el franquismo fue reivindicado RamonLul o Raymundo Lulio (1232-1316), el insigne humanista mallorquín que reivindicó la lengua catalana, hablada sin cesar en esa parte hoy en conflicto. Franco, a contrapelo de la crítica adversa, facilitó la industrialización de Cataluña y del País Vasco: buscaba la unidad por el engrandecimiento económico, logrado sin duda, pero que a la larga ha provocado soberbia y presunción de algunos líderes políticos catalanes, sin descuidar un ancestral espíritu anarquista, por una rara interpretación de pureza franciscana, resabios de la Edad Media.

Los críticos de las izquierdas acusan a Franco de haber sojuzgado por la fuerza a las provincias (hoy conformadas en regiones autonómicas) para mantener la unión. Esa misma corriente siniestra descuida observar que otro dictador, pero de izquierdas, JosipBroz “Tito”, contemporáneo de Franco, mantuvo unidas por la fuerza a las naciones que conformaban Yugoslavia, hoy dividida en varias nacionalidades, etnias, lenguas y que han protagonizado limpiezas étnicas, persecución religiosa, exterminio, odio latente y pobreza económica.

La unidad mantenida por Franco, fue confirmada y sacralizada en una Constitución por fuerzas auténticamente democráticas una vez muerto el dictador y ascendido al trono el Rey Juan Carlos I, cuya prudencia y visión facilitaron el consenso, incluido el acuerdo generalizado de Cataluña. Desde Adolfo Suárez hasta Felipe González España transitó por la armonía democrática en general, perturbada luego por el terrorismo de ETA (Euskadi Ta Askatasuna) que desató odios y envidias en una aspiración torcida de la libertad. Sin embargo, la inclusión de España en la Unión Europea, le facilitó el despegue hacia una sociedad industrial y de servicios, e ir abandonando el viejo modelo de la España rural franquista que la caracterizó por ser de los pocos países en el mundo con autosuficiencia alimentaria.

Hoy España vive una crisis provocada por un interés malsano de independencia catalana. El gobierno de Carles Puigdemont no tiene todo a su favor, pero ha recurrido a violentar la constitución. La torpeza de Mariano Rajoy ha exacerbado en los independentistas su odio hacia España.

Lo curioso e inesperado es que ya se ha desatado una crisis interna en Cataluña y al parecer la independencia tendrá que ser pospuesta o cancelada: la economía local está siendo afectada severamente y la Unión Europea no quiere a un nuevo huésped secesionista. La Generalitat recula. Deseamos una España unida, no balcanizada; sin separatismos nacionalistas, fundamentos del rencor.