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Editorial

Tarea pendiente

 


En los viejos tiempos de la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI), era común que, durante las campañas políticas para las gubernaturas, los equipos de campaña de los candidatos organizaran en todo el estado foros temáticos sobre diversos rubros que habría de contemplar el gobierno entrante. De esta suerte, se elegían regiones o poblaciones con ciertas inclinaciones o tradición productiva. Por ejemplo, en la Cuenca del Papaloapan se llevaba a cabo el foro relativo a la industria o en Pinotepa, el foro ganadero; en Tlacolula o San Carlos Yautepec, el encuentro de los productores de mezcal o en Huatulco y la Ciudad de Oaxaca, el que correspondiente al sector turístico. En dichos encuentros participaban productores, empresarios, prestadores de servicios, asociaciones o cámaras y demás. Ahí se plasmaban las inquietudes, las necesidades y las demandas.

Sin embargo, los tiempos han cambiado desde ya al menos cuatro sexenios. Todo se hace al “ahí se va”, es decir, al vapor. Quien llega por el voto popular pone en acción sus aspiraciones, deseos, experiencias o intereses muy personales, no lo que la ciudadanía demanda; no lo que está en la agenda de prioridades de la población. En el pasado, el Plan Estatal de Desarrollo recogía las demandas y amén del proyecto político del gobernador entrante y de las ideas que traía consigo, se conformaba un documento en apego a la realidad, con proyecciones viables y proyectos factibles de llevarse a cabo. No era copia de lo que hacía el presidente de la República ni del plan nacional, mucho menos una burda imitación de los yerros o desvíos que se cometían en las altas esferas del poder público.

Con la constancia de mayoría que lo acredita como gobernador electo del Estado Libre y Soberano de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, debería iniciar ese proceso de consulta por el territorio oaxaqueño para conocer con los propios ciudadanos las necesidades más apremiantes de las comunidades; el rezago existente; las promesas incumplidas o los proyectos aplazados. Ponderar cuáles son susceptibles de continuar o los que no lo son. No se trata de hacer una copia burda y de sumisión total al gobierno de la llamada Cuarta Transformación, sino algo que vaya acorde a la idiosincrasia de los oaxaqueños y de acuerdo a las inquietudes que reciba de nuestros pueblos originarios y mestizos.

 

Un anhelo incumplido

 

El jueves 16 de junio, el ejecutivo estatal, Alejandro Murat realizó su enésima gira de supervisión de los trabajos de la autopista a la Costa, en el tramo Barranca Larga -Ventanilla, informando después a los oaxaqueños que dicha obra lleva un avance del 80.2% y para dar a conocer que en la citada obra se trabaja en cuatro tramos a fin de tener un avance mayor. Cabe señalar que los cuatro tramos de esta autopista tienen una longitud total de 102.4 kilómetros, asimismo, constará de dos carriles, un acotamiento, 10 puentes, un viaducto, tres túneles, nueve entronques y dos casetas de cobro. Además, atraviesa por los municipios de Ejutla de Crespo, Yogana, San Vicente Coatlán, San Pablo Coatlán, San Sebastián Coatlán y Santa María Colotepec. La obra en sí inició su construcción hace al menos 14 años sin que se haya concluido hasta el momento.

Pese a la confianza que el ejecutivo estatal puso en la promesa del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, de que la obra carretera sería inaugurada el pasado 21 de marzo, luego del cambio de fecha a junio y después a julio, es evidente que no le tocará inaugurarla, sino que dicho mérito le corresponderá, seguramente, a quien lo sustituya en el gobierno estatal. La súper carretera a la Costa al igual que la vía al Istmo de Tehuantepec son viejos anhelos incumplidos para los oaxaqueños, que solamente han vivido de las promesas de al menos cuatro presidentes de la República: Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y ahora de López Obrador. Decenas de grandes obras han sido entregadas en diversos estados del país, hechas en tiempos brevísimos, sin embargo, en nuestra entidad seguimos a la espera de las bondades de la Federación y de sus promesas incumplidas.

Es importante subrayar que, en su campaña por la gubernatura, Murat Hinojosa ofreció un plazo de 15 meses para concluir ambas. Lo triste es que concluirá su período, haciendo la chamba y sin poder terminarlas. Es cierto, dicen que las carreteras de Oaxaca son las más caras del mundo, pues hay que luchar contra la ambición de presidentes, agentes municipales y comisariados comunales, para poder transitar por sus jurisdicciones. Cada año de retraso, ambas obras se han ido encareciendo. Es decir, hasta el día de hoy han sido un anhelo incumplido, sólo un sueño para quienes ya soñaban salir de la capital y estar en la playa de Puerto Escondido en dos horas o llegar a Tehuantepec, máximo en dos horas y media.