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NIGROMANCIAS: De apátridas y parias

 


JORGE T. PETO

 

Quien niega a su patria niega a su madre, pues niega a sus hijos, a sus hermanos y quien niega a sus compatriotas se niega a sí mismo, a su ascendencia, a descendencia, a su suelo, a su raza. “Por mi raza hablará el espíritu” reza el lema de la máxima casa de estudios de los mexicanos, inspirada desde la cosmogonía de José Vasconcelos. Curiosamente el síntoma de la exclusión, la separación y la segregación y la negación hasta las fatales consecuencias del filicidio, como sea que se manifieste, lo agudamente psicótico desemboca en el desquiciamiento de pretenderse naturalmente con “pureza” de raza, linaje, pensamiento, conducta. Esos son los peligrosos hombrecillos y mujercillas potencialmente amátridas y apátridas. 

Más allá del concepto jurídico que el término Apátrida tiene en el contexto del Derecho Internacional, de las Relaciones Internacionales, le daremos aquí uno apegado al concepto de Nación como la categoría sociocultural de un Estado y asumiremos éste como la categoría político-administrativa en se conforman las sociedades para desarrollarse ordenadamente. La Nación es anterior, preexisten a la constitución de un Estado, luego entonces, es un concepto cultural, identitario de la humanidad que la forma, son unidades basadas en sentimientos y pensamientos comunes, de pertenencia a una comunidad, seres que tienen una comunicación armónicamente vital y por ello se celebran, conviven (cohabitan) y se desarrollan en comunión. No se excluyen, se incluyen. 

Así las cosas, usaremos la significación semántica, gnoseológica y etimológica del término Apátrida como la negación (a) de la tierra y la nación donde se nace (patria) de ahí que los Apátridas sean también seres extraños, extranjeros entre sus propios hermanos y sobre todo aculturales (niegan su cultura). Desconocer a los hijos de su propia patria, compatriotas es considerarlos parias; es decir, de clases ínfimas, desclasados, sin preparación para desempeñar ciertas actividades, oficios o profesión, despreciables a los ojos de los demás; aquellos que no merecen ser llamados a la mesa a compartir el pan. 

Tal es el caso, por ejemplo, de los ofendidos y humillados (Dostoyevski dixit) médicos -y en general casi todas las profesiones) al considerarlos no aptos para la misión que el mesías redentor presidencial tiene en la mira. Ahora resulta que la ciencia de la medicina en México no es digna porque, a pesar del sinnúmero de  reconocimientos internacionales en este ámbito tanto a las universidades, institutos y centros de investigación como al desempeño profesional; aún así, dice, ya sabes quién, tenemos un “déficit de especialistas” lo que es, a todas luces, falso. 

Además de ser una contradicción y un contrasentido menospreciar la investigación científica y al mismo tiempo, reducir el presupuesto para la academia y la investigación científica y en su lugar optar por pagar a médicos extranjeros, así les quiera llamar hermanos. Un gran Apátrida quien reniega de sus compatriotas; un verdadero Apátrida quien excluye a su Nación; Apátrida sin identidad y sin pueblo.

Hoy ofrezco disculpas al lector, pero he salido de todas las reglas y normas jurídicas cuyas disposiciones o imperativos categóricos al respecto del tema o el término “Apátrida” no van en el sentido que aquí le hemos dado, también a las excelentísimas y eminentes lumbreras de las Academias de las diferentes Lenguas, pero hoy me he tomado una licencia lingüística, so pena de la crítica o la censura. Quizá Lewis Carroll pueda justificarme – “Cuando yo uso una palabra quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos” “La cuestión es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes”- (Alicia a través del espejo) traducido al lenguaje mañanero quiere decir: “como digo una cosa digo otra. O tal vez Wittgenstein y sus “juegos del lenguaje”; probablemente Stuart Chase en su gloriosa obra “La tiranía de las palabras” ya me haya perdonado. En fin, aquí estamos ante el batallón de fusilamiento y ante la hoguera inquisitorial pero como dijo Galileo Galilei (aunque dicen que siempre no) “Y sin embargo se mueve”.

Hoy México es apenas media Nación y un cuarto de Estado; se gobierna no a la población y se administran programas no para el pueblo; hoy se gobierna para el padrón electoral, se instrumentan programas no para los ciudadanos siervos sino para los serviles. Las listas nominales son una especie de tiendas de raya donde se surten las despensas que se pagan con el voto… Pero de estas cosas leeremos próximamente. Saludos compatriotas, connacionales, coterráneos, ya saben que como en Dostoyevski nada de vejaciones, ninguneos ofensas y humillaciones, hay que resistir la hipocresía y la inhumanidad de los ofensores con genuina bondad y hermandad.

 

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