Más claro… ni el agua | El Imparcial de Oaxaca
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Toltecáyotl

Más claro… ni el agua

 


El “sistema mundo” en el que vivimos inició en 1776 con la creación del primer país del planeta. Antes no existía este tipo de organización, que fue diseñado por los dueños del dinero para ejercer el poder en las sombras, más allá de las SA y las LTD, aún por encima de los giga bancos y las empresas trasnacionales. Los adoradores del Becerro de Oro crearon el tipo de democracia sustentada en el dinero, para dividir a los ciudadanos de los pueblos, enfrentarlos con los partidos políticos y las ONGs. Y engañándolos con sus testaferros que son los políticos, personas con dotes histriónicas, mentirosos, corruptos y perversos, que aparentan, representar al pueblo, pero que en verdad defienden abierta o hipócritamente los intereses de los dueños del dinero. Y la política, como una supuesta ciencia, para que los pueblos resuelvan sus diferencias, pero la verdad es que la política es el arte de simular y engañar en nombre de los valores y derechos de los pueblos, pero que siempre termina sirviendo a los intereses de las minorías. Las leyes y las instituciones, supuestamente son para buscar el bien común y defender las grandes y más elevadas aspiraciones de los pueblos, en papel, sí, pero en la realidad funcionan en beneficio y defensa de las minorías de los ricos en contra de las mayorías integrada por los pobres. Todo, en este mundo moderno, todo, está “científicamente diseñado” para que los ricos mantengan sus privilegios sobre los pueblos, la educación, la salud, la alimentación, la organización, todo es un negocio que enajena y enferma a los pueblos y, además, produce grandes riquezas inmorales. El objetivo del sistema es dividir, enfrentar, enfermar y enajenar a los pueblos. Así, en vez de que los pueblos defiendan el derecho, la libertad y la autodeterminación de las comunidades, es decir, el bien común, el sistema mundo, solo les permite limitados derechos individuales. En vez de que se defienda a la familia, incluyendo a todos desde los padres, hijos, abuelos y hasta la mascota, en vez de percibir a la familia como un todo indivisible y que su bienestar es también indivisible, la lucha solo se permite atomizada y fragmentada. De esta manera, se lucha por las mujeres, por las madres, por las madres solteras, por las madres que están en gestación, etc., etc., etc. El sistema divide, enfrenta, individualiza, la lucha por una mejor calidad de vida de los pueblos, y así divididos, es muy fácil neutralizarlos y someterlos.

Las personas y los pueblos no se dan cuenta de que viven engañados en un sistema que tiene el objetivo de explotarlos. Exactamente como las gallinas de las granjas avícolas. La gente no se da cuenta que la están depredando en un mundo de ilusiones, mentiras y engaños. Sigue creyendo en la democracia de los banqueros, en los partidos políticos, en los políticos, en el mismo sistema, que le hace creer que tiene una vida llena de metas y valores, pero que realmente, se los han impuesto. Sigue pensando que con el dinero llegará a la realización personal y a la felicidad existencial, pero su vida, cualquiera que sea en este circo su estrato social, es solo angustia, estrés, desolación y vacío. La gente no se da cuenta de que no es feliz, aunque tenga dinero y éxito social.

Amble lector, entiendo que este discurso es extremo, pero el mundo en el que estamos viviendo requiere de grandes decisiones y cambios personales. El Titanic se está hundiendo y nadie lo quiere creer.

Cuando 223 diputados votaron en contra de la Reforma Eléctrica, queda claro para quién trabajan, a quiénes sirven, a quiénes defienden, más allá de la politiquería partidaria y sus insulsos discursos, que ofenden el sentido común y la dignidad, queda claro que actuaron como mercenarios al servicio de los enemigos del pueblo. Pero, no solo son los diputados, en los tres poderes y en los tres niveles de gobierno, existe este “espíritu de servicio al dinero”. Desde luego que no son todos, pero sí son la mayoría. El sistema está diseñado desde su génesis para que se corrompa y no funcione en medio de un mar de hipocresía, mentiras y corrupción.

Y es aquí, donde el futuro de la Matria, está en el conocimiento descolonizado del pasado ancestral. En efecto, en el Anáhuac existió, y sigue existiendo, la democracia participativa tolteca, la del mandar obedeciendo, de la Asamblea, del tequio, de la Guelaguetza, del bien común sobre el interés individual. Ha sido, gracias a estas milenarias formas de organización que los pueblos y culturas ancestrales han sobrevivido a su muerte histórica en los trescientos años de Colonia española y los doscientos de neocolonia criolla. Es justamente la participación y organización ciudadana, en la organización de la comunidad y en la toma de decisiones para resolver los desafíos de la existencia y la trascendencia. Así lo hicieron nuestros Viejos Abuelos, de esta manera construyeron a lo largo de miles de años una de las civilizaciones más antiguas e importantes de la humanidad. Y nosotros, los hijos de sus hijos, lo podemos volver a hacer. Lo difícil no es hacerlo, sino imaginarlo. Educayotl AC. Educar para el futuro con la sabiduría del pasado. www.toltecayotl.org