¡Pobre Oaxaca!: Sismos, lluvias y maestros
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De Paradojas y Utopías

¡Pobre Oaxaca!: Sismos, lluvias y maestros

 

A la familia Aquino Busquets, por la partida de mi entrañable amigo,
José Manuel, “Chepenelo”

1).- Un largo y sinuoso camino
La tragedia y devastación que ha vivido Oaxaca, han dejado una lección irrebatible: con toda la tecnología de la Internet, redes sociales, Instagram, Periscope, etc., seguimos siendo vulnerables ante los embates de la naturaleza. No existe una cultura del qué hacer en casos de desastre. Desde el viernes 8 de septiembre, el Istmo de Tehuantepec, particularmente Juchitán, fue el “eje de la desolación” –como alguien lo calificó- en donde un espontáneo rescató y ondeó la bandera y se convirtió en ícono. Ahí llegó EPN y parte de su gabinete. Y volvió dos veces más, a Xadani y Niltepec. Fue la “zona cero” de los medios de Oaxaca, México y todo el mundo, antes de otro sismo, de 7.1 grados, que devastó el centro del país. Los efectos de los siniestros, incluyendo el tercero, de 6.1 grados, fueron letales. Asunción Ixtaltepec, Unión Hidalgo, Santa María Xadani, Niltepec, Chicapa, Tapanatepec, Chahuites, los huaves y otras comunidades istmeñas emblemáticas, quedaron diezmadas y desarticuladas. El siniestro dejó, como en centenas de municipios más, una estela de dolor y muerte. Y las lluvias hicieron segunda.

2).- Un parteaguas histórico
Algo nos ha quedado claro: después de los sismos del 7, 19 y 23 de septiembre, México y Oaxaca ya no serán los mismos. Se escribe otra historia. Las heridas que dejaron los siniestros nos han marcado de por vida. La normalidad no será en automático. Está frente a nosotros el largo y sinuoso camino de la reconstrucción. Es innegable la solidaridad del pueblo mexicano. Constituye un hito en la historia contemporánea desde 1985. Empero, los citados movimientos de tierra y su secuela de réplicas, nos han partido no el alma. El llanto está a flor de piel. Por ello, la vuelta a la normalidad no es sólo atributo del gobierno. Es una labor de corresponsabilidad. Sociedad civil y gobierno de la mano. Hay que dejar atrás el paternalismo pernicioso. Estirar la mano; esperar la dádiva. Lucrar con el dolor no vale. Exigirle al gobierno que todo quede igual es absurdo.

Lo es también, tomar la tragedia como botín político o festín de enfermos, como los grupos criminales. Gloria Sánchez, etiquetando la ayuda; Samy Gurrión entregando despensas con su nombre; el Secretario Municipal teco, Óscar Cruz, escondiéndolas; Yesenia Nolasco, presidenta de Tehuantepec, politizando la ayuda humanitaria y hasta el ayotzinapo, Eloy López Hernández, dirigente del Cártel-22, en el jolgorio pseudo revolucionario y exigiendo la salida del Ejército Mexicano. La secuela de esta cadena de desgracias es una seria advertencia para aquellos que no sólo han vulnerado la paz social, sino para quienes siguen desafiando y obstaculizando el desarrollo. El desprecio por el Cártel-22, difundido a través de las redes sociales representó un hito en este largo historial de abusos y atropellos. Su oposición a la revisión de los edificios escolares para constatar daños, lo hizo aparecer como un animal irracional. El bloqueo del pasado viernes ubicó a los mentores como fanáticos y torpes; estúpidos y oportunistas.

3).- La condición humana y sus bajezas

No han faltado obtusos que han minimizado el dolor y la tragedia. Medios y personeros que han faltado a la ética periodística, difundiendo noticias catastróficas y falsas. Obtusos que han pretendido minimizar la labor de Alejandro Murat. No vale quemar incienso, pero ha estado de manera permanente en las comunidades devastadas. Partidos políticos que cual buitres ven la rentabilidad electoral. Funcionarios insensibles y superficiales; ignorantes y torpes, que han creado expectativas falsas. Otros, que sólo han ido a a pepena. Legisladores (as) federales y locales, que siguen insistiendo en capitalizar la tragedia. Y damnificados que ya vivieron el temblor y no se hincan. Suplicantes o exigentes; dolientes y víctimas, a los que hay que meterles en el coco que pese a todo, México, Oaxaca, el Istmo, la Mixteca y otras regiones, están de pie. Sin faltar el pillaje y los saqueadores; los hambreadores y buitres. El camino de la reconstrucción no es sólo el de la cultura, la música, la identidad indígena. Es de trabajo, convicción y sacrificio.

BREVES DE LA GRILLA LOCAL:
– La exigencia de miles de oaxaqueños de “cero pesos a la Sección 22 y a las organizaciones sociales”, va creciendo. Si la bandera es apoyar las causas del pueblo, qué mejor momento que éste. No más dinero a demagogos, falsos redentores sociales y líderes violentos. La reconstrucción urge de ese dinero que se da a fondo perdido.
– ¿Estamos fuera de las ZEE? Perdón por nuestro escepticismo. Siempre las hemos considerado un proyecto sexenal que en Oaxaca no aplica. Sin Estado de Derecho no hay desarrollo. Punto.

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