La onerosa reconstrucción | El Imparcial de Oaxaca
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Opinión

Editorial

La onerosa reconstrucción

 


El panorama oaxaqueño es bastante complejo. En principio porque el gobierno estatal ha padecido severos problemas financieros desde el inicio de esta administración y, después, porque en los últimos meses, ha enfrentado desastres naturales que, por supuesto, no estaban contemplados en las erogaciones normales de todo gobierno. Serán gastos muy onerosos, pero además, no estimados en los presupuestos. He ahí el porqué es tan valiosa la cooperación voluntaria de aquellos que deseen sumarse a la causa de la reconstrucción. Vale la pena recordar que solamente los daños causados por las tormentas tropicales “Beatriz” y “Calvin”, así como los efectos de otras, son estimados en miles de millones de pesos. Del primer siniestro, solamente para reparar la red de carreteras y caminos, se requerían al menos 2 mil 500 millones de pesos que, obviamente, el gobierno de Alejandro Murat no los tiene. He ahí el por qué resulta de gran importancia que se agilicen los recursos del Fondo Nacional de Desastres Naturales (FONDEN), luego de la declaratoria de la Coordinación Nacional de Protección Civil, de todos los municipios del Istmo de Tehuantepec que resultaron afectados por el sismo, además de los otros que han resultado afectados por los sismos subsecuentes y las intensas lluvias.

Y es que si bien los informes preliminares afirman que hay cierta cantidad de daños y afectaciones, incluyendo viviendas dañadas, edificios escolares colapsados, mercados, iglesias, caminos, etc., así como la cantidad de personas fallecidas, desaparecidas o heridas, conforme se van realizado las labores de rescate y estimación, las cifras van creciendo. La información preliminar normalmente se incrementa, como resulta siempre con el número total de damnificados que, además, han perdido cosechas y otros bienes. Ello implica que la reconstrucción y normalización de la vida en nuestra región istmeña ni será rápida sino que tardará años, en los que habrán de desembolsarse muchos cientos o tal vez miles de millones de pesos. Por fortuna, el apoyo solidario de muchos mexicanos y oaxaqueños, será fundamental. Es más, se han habilitado cuentas bancarias para hacer depósitos a favor de la noble causa de levantar de los escombros al pueblo juchiteco, ixtaltepecano y otros, orgullosos depositarios de una gran tradición y cultura. Hay que reconocer el valioso empeño de fundaciones y diversos organismos de la sociedad civil, y aún de esfuerzos personales, para esta gran cruzada.

Contra el oportunismo

El gobierno estatal debe integrar cuanto antes, algún tipo de comisión de vigilancia o de resguardo, para el manejo adecuado de la ayuda humanitaria que ha fluido desde el viernes 8 de septiembre. Ya se han dado algunas denuncias respecto a que dirigentes de ciertas organizaciones sociales y aún cabecillas de grupos políticos, se han arrogado un papel que no les corresponde y de no cuidarse esta situación, ocurrirá justamente lo que tanto se pretende evitar: el manejo político y condicionado del apoyo altruista de mexicanos y extranjeros que le brindan ayuda a nuestros hermanos de Juchitán, Salina Cruz, Tehuantepec, Asunción Ixtaltepec, Santa Marñia Xadani, San Pedro Tapanatepec, Chahuites y otras comunidades, que resultaron seriamente afectadas por el citado sismo de 8.2 grados en la escala de Richter. Los apoyos y la ayuda deben ser canalizados y distribuidos de manera ordenada por los canales institucionales del gobierno estatal. En caso de darse de manera directa por los prejuicios que existen en torno a los malos manejos, siempre debe haber una comisión oficial o comité de la sociedad civil para verificar que todo aquello que ha salido de la buena voluntad ciudadana, llegue a su destino sin dilación.

El Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), tanto en su vertiente estatal como municipal, son los conductos más idóneos para instalar los centros de acopio. Es de elemental importancia que exista organización. Lo que sí es indiscutible es que la ayuda no puede capitalizarse por parte de partidos políticos, personas, dirigentes de partidos o de organizaciones sociales. La experiencia que nos dejó hace muchos años el huracán “Paulina”, cuando el cemento que fue logrado para la reconstrucción, los muebles y los colchones, entre otros muchos enseres domésticos, fueron a parar a negocios o casas particulares, es aberrante. Se trata de un delito de lesa humanidad lucrar con el dolor de los oaxaqueños y aun así obtener ventaja política y económica. Lo cierto es que hoy en día y gracias a la velocidad con la que las redes sociales difunden los hechos, cualquier ciudadano de a pie puede ser celoso guardián para que la situación de que se trata no se repita. Hay que denunciar y desenmascarar a esos buitres de la tragedia humana, insensibles y perversos. Nadie tiene por qué atraer para sí el apoyo que se ha otorgado a los damnificados, sean del entorno público o privado. La ayuda se da sin etiquetas.