En medio del caos | El Imparcial de Oaxaca
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En medio del caos

 


John Berger menciona que desde los pasados 10 o 15 años podemos decir que el mundo vive un nuevo orden mundial. Pero en realidad no es un nuevo orden, sino un nuevo caos mundial. Y este caos viene generado por unas turbulencias que no son de carácter político, sino económico. Y todo lo que estas estructuras y personas deciden se enfoca únicamente a dos propósitos: a obtener más beneficios y, el segundo, no a mantener el orden sino a contribuir a que todos nosotros aceptemos de forma pasiva las condiciones que se imponen precisamente para obtener más beneficios.

Andrés Simón Moreno Arreche, en uno de sus ensayos “¿Se puede teorizar el caos en las sociedades?”, realiza una analogía entre la teoría del caos y el comportamiento de los individuos en las sociedades, mostrando que al estar relacionado todo, puede ser estudiado no desde el contexto de una simple manifestación de ideas, sino sus consecuencias en ello, sin predecir el futuro, solo a partir de lo que la historia de la humanidad nos regresa a escenarios, que creemos se descubren, pero solo se repiten con sus variantes particulares, con personas diferentes pero con acciones semejantes.

La idea fundamental de la Teoría del Caos Social es el estudio de los sistemas inestables, en los que dados determinados procesos naturales, pequeños cambios en las condiciones iniciales conducen a enormes discrepancias en los resultados. Este principio suele llamarse ‘efecto mariposa’ debido a que, en meteorología, la naturaleza no lineal de la atmósfera ha hecho posible que el aleteo de una mariposa en determinado lugar y momento, pueda ser la causa de un terrible huracán varios meses más tarde en la otra punta del globo. Un ejemplo más práctico sobre el ‘efecto mariposa’ consiste en soltar varias veces una pelota justo sobre la arista del tejado de una casa. Pequeñas desviaciones en la posición inicial pueden hacer que la pelota caiga por uno de los lados del tejado o por el otro, conduciendo a trayectorias de caída y posiciones de reposo final completamente diferentes. Así se puede evidenciar que los cambios minúsculos conducen a resultados totalmente divergentes.

Como sociedad y por avance prioritario a comprender que coexistimos en espacios donde las ideas a veces sin fundamento rigen nuestro comportamiento, logramos aceptar la democracia, que tienen sus integrantes de disentir y de aceptar el juicio distinto de otras personas, aún en temas fundamentales, sensibles, controversiales y trascendentes. La tolerancia al otro es la aceptación de su existencia y derecho a ser: como sea, como quiera. Así también la tolerancia obliga a las formas más acabadas de la civilización. Sustituye por ejemplo, la acción directa por el diálogo; el enfrentamiento hasta abatir al contrario por el debate; el imperio de la fuerza por la diplomacia y por último, la guerra por la política. Obliga, en una palabra, a reconocer que la vida en sociedad es más el producto de lo que tenemos en común, de nuestro piso mínimo de acuerdo que es la posibilidad de negociar nuestro espacio vital con el otro, que la sustracción generada por la división y encono que nos encierra en un laberinto cruel.

Sin embargo a pesar de esta condición primigenia de la sociedad, muchas formas de vida en Oaxaca y el mundo, aún existen personas que desarrollan componentes grupales de odio rencoroso y vengativo como un vórtice extraño, un caos social que se auto organiza y produce patrones ordenados. Entonces surgen formas sociales estructuradas a partir de un punto de bifurcación, momento en el cual se crea un rizo de retroalimentación negativa (el odio social, en todas sus manifestaciones) y el sistema social se transforma a sí mismo. Para investigadores sociales de la talla internacional de André Glucksmann, no hay dudas en que el odio está presente en la construcción social: “El odio existe; el odio no respeta nada; el odio juzga sin escuchar; el odio no atiende a razones; odio, luego existo”

La paranoia del rencor que genera la propaganda del odio se dispersa fácilmente entre la población y la vuelven dócil. El odio avanza a paso redoblado porque es el método de los poderosos para mantener vigente el control en las sociedades. Las explicaciones socioeconómicas al uso, la miseria, la pobreza, el analfabetismo, son fruto de una tesis mayoritaria biempensante de que el odio mayúsculo no existe. Todo se explica, se comprende, se excusa: El pedófilo deja de ser el agresor de menores para transmutarse en otra víctima de una infancia desgraciada, el político que viendo las desgracias lucra con ellas, los grupos sociales que batallan todos los días pidiendo dádivas al gobierno, argumentando su vulnerabilidad, pero que reciben recursos millonarios y han encontrado formas de enriquecerse.

El odio es, después del miedo, el soporte estratégico del control social.

Existen al menos tres escenarios en los que el odio se transforma en disparador caótico: 1.- Cuando los individuos jerarquizan la identidad colectiva por encima de la identidad particular. 2.- Cuando los individuos, rechazados o no por su entorno, asumen el rol de vengadores anónimos y 3.- Cuando las estructuras sociales colapsan y surgen la anarquía, la desobediencia civil y el colapso institucional, cuyas manifestaciones más conocidas son el golpe de estado y la rebelión popular.

El odio se inculca desde pequeños, en nuestra familia se gestan esas primeras ideas, no busquemos culpar a los demás por lo que enseñamos a las generaciones, rompamos el paradigma, esa inercia que ocurrió con nosotros, hay que emplear la razón para actuar en consecuencia de ello, escoge tu papel en la sociedad y desarrolla tus habilidades en el bien común.
No intentes componer aquello que el mismo caos ha generado, usa esa fuerza para encauzar el bien común, generemos armonía en nuestros actos, restablezcamos el orden mediante un plan de vida, de trabajo, de constancia en actuar de acuerdo a la virtud y la ética. La pregunta es ¿Quién empieza primero? ¡Es cuanto!

Twitter@g_vasquez