Navidad en Oaxaca - El Imparcial de Oaxaca
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

Opinión

Editorial

Navidad en Oaxaca

 


Una de las temporadas más bellas es, sin duda alguna, la Navidad. Tiempo de vivir en familia, de unidad y amor fraterno; de decir adiós a los desencuentros, encono u odios. Hoy, los oaxaqueños nos preparamos para vivir la Navidad y celebrar el advenimiento de Jesús. No es una fecha más, tampoco una celebración como muchas que se dan durante el año. No. Ésta es especial en nuestra entidad como lo es en el mundo entero. Es posible, sin embargo, que la cena de Nochebuena no sea la misma de años anteriores. La inflación que sigue golpeando los bolsillos de los oaxaqueños, hará de esta temporada, una de las más crudas de los últimos tiempos. El costo de la canasta básica se ha elevado de manera irracional, pese a las cuentas alegres de los gobiernos federal y estatal. Si ya no alcanza para el frijol y el arroz, difícilmente alcanzará para el pavo o la pierna de cerdo, cuyos precios están por las nubes.

Pero olvidemos la carestía para hacer remembranzas de otros tiempos. Hasta la década de los 70s del siglo pasado, la Nochebuena se celebraba en la capital de una forma sui generis. De los distintos barrios de la ciudad salían las famosas calendas a recorrer el Centro Histórico. Miles de personas se unían a ellas, con sus faroles y marmotas hechas de papel de china. Cada calenda llevaba su propio carro alegórico en donde iba la madrina del Niño Dios. Era un verdadero disfrute visual. Es más, había hasta concursos, calificando aquellas unidades mejor adornadas y la creatividad de quienes hacían dicha obra. El ruido de los cohetes, de los silbatos, los cantos y letanías, acompañaban a las citadas calendas en su recorrido, hasta llegar a su destino final: la casa de las madrinas, en donde se servían tamales, atole, se rompían piñatas con su acompañamiento de dulces regionales y colación.

Empero, por esas inescrutables razones de las autoridades, dichas calendas navideñas fueron suspendidas. Lejos de estimular esta tradición única y muy arraigada en la conciencia colectiva del citadino, la misma simplemente fue cancelada de un plumazo. Ya nadie la menciona ni siquiera como referencia. Vino a ser sustituida por otras que, al igual que el Día de Muertos con el Halloween, son copia de costumbres anglosajonas que poco o nada tienen que ver con nuestra identidad originaria. Las calendas, sin embargo, siguen vivas aunque como parte de las celebraciones religiosas de nuestros barrios, aunque muchos las extrañamos en Navidad.

 

Un rico potencial

 

A estas alturas, la capital oaxaqueña, los Valles Centrales y nuestros destinos de playa, se encuentran ya con una gran afluencia de visitantes del país o el extranjero. Lo hemos dicho, nuestra entidad tiene un gran imán que atrae, no obstante la limitada promoción turística, como la hay en otras entidades que tienen, tal vez, mucho menos qué ofrecer que Oaxaca. Alguien ha calificado al estado como un destino completo. En efecto, tenemos una envidiable ciudad colonial que ha sido reconocida como una de las más bellas de México y de Latinoamérica. No fue fortuito que hace 34 años, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura –UNESCO- la incluyera en la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad. Por vestigios arqueológicos no paramos. Los mejores exponentes –que no son los únicos- son Monte Albán y Mitla. Y qué decir de nuestros únicos e inigualables destinos de playa.

En gastronomía, en artesanías, como la elaboración de alebrijes, textiles, barro negro o verde, hojalata, etc., tenemos un reconocimiento muy bien ganado a nivel nacional. Muchos extranjeros se han avecindado aquí motivados por el movimiento artístico contemporáneo. Y también porque Oaxaca es como aquellas regiones de refugio, como calificó a las comunidades indígenas don Fernando Benítez. Hoy, deportistas y personajes del mundo del espectáculo han arribado aquí atraídos por el boom del mezcal, nuestra bebida ancestral, que nos identifica en el entorno nacional. Hay muchas virtudes más de nuestra tierra que podríamos ir apuntando. Tal vez por ello, hemos sido críticos sistemáticos de los abusos, bloqueos carreteros y toma de casetas de cobro por parte de grupos y organizaciones, cuyos líderes sólo buscan el beneficio pecuniario.

Dichos atropellos a la libre circulación, son la cara negativa que opaca todo lo que Oaxaca puede darle a México y el mundo. Son reveses y golpes letales a la economía, a la inversión, a la derrama económica. Pero se encubren con el manto de la libertad de expresión que, obviamente no lo es. El bloqueo al Aeropuerto o a la Terminal de Autobuses, es una infamia, que debe ser castigada con dureza. Estamos ciertos que solicitarles a los diputados del Congreso local, la aprobación de leyes y normas para acotar esta política permanente de chantaje, es como pedirle peras al olmo. Y es obvio: hay quienes se han formado en esa cultura, desde la izquierda. Es mejor dejar hacer y dejar pasar o lavarse las manos que asimilar todo el daño que le sigue haciendo a Oaxaca, esta cultura del chantaje.