CIDE en peligro | El Imparcial de Oaxaca
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CIDE en peligro

 


Costó muchos años a nuestro país, y a todos nosotros, a nuestros ancestros, la formulación y construcción de instituciones de educación superior, de alta especialización y excelencia. 

Centros en los que el individuo acuda a dar forma a sus vocaciones y para nutrir de conocimientos y herramientas para su mejor desarrollo profesional y con éste poder participar en los procesos de desarrollo nacional en disciplinas disímbolas pero indispensables para el enriquecimiento del conocimiento humano del país. 

Así se han creado instituciones de altísimo nivel, como es el caso de nuestra Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, 1910, aunque con antecedentes en la Real y Pontificia Universidad de México en 1551) que además de la docencia en niveles de preparatoria y licenciatura, tiene posgrados que le dan lustre y brillo al pensamiento universitario; las áreas de investigación y creación son prolijas y generan destellos luminosos de ciencia, tecnología, humanismo, cultura, arte: es nuestro orgullo nacional.  

El Colegio de México (1940) es otro caso. Originalmente nació como La Casa de España en México (1938) bajo el impulso de don Alfonso Reyes, Daniel Cosío Villegas y Silvio Zavala y con el apoyo del entonces presidente de México, Lázaro Cárdenas. 

Una institución que desde sus orígenes ha dado brillo a la excelencia educativa, investigación y docencia y de la cual han surgido grandes hombres y mujeres que aportan ideas y fortaleza al espíritu mexicano y a su desarrollo. Tan sólo dos ejemplos de los muchos que hay en el país. 

Así nació en tono social el Centro de Investigación y Docencia Económica: CIDE. Hoy en peligro y bajo amenaza. 

“El Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) se fundó el 25 de noviembre de 1974. Desde sus inicios se planteó como una institución dedicada a la educación superior que tuviera una contribución a la enseñanza de nivel posgrado y a la investigación de problemáticas sociales en el país.  Asimismo, se propuso tener tanto profesores como alumnos dedicados de tiempo completo a la investigación para lograr equipararse con los estándares internacionales.”, se lee en el documento oficial de su fundación. 

El CIDE es esto y mucho más. Si bien es una Asociación Civil en su origen, también es cierto que a través de sus 47 años ha sabido fortalecerse, ha sabido hacer notar la independencia intrínseca al conocimiento universal y dotar de altísimos niveles de inteligencia e investigación en sus aulas a cientos de jóvenes que acuden para formarse en disciplinas rigurosas y para ser parte de lo que habrá de ser el país en el futuro: ellos tienen herramientas para su construcción.  

Un país sin conocimiento, sin enseñanza de altísimo nivel, sin calidad educativa, sin conciencia crítica  y forja de su capital intelectual es un país desarticulado. Y al nuestro se le quiere desarticular. 

Esto es así porque de un tiempo a esta parte desde Palacio Nacional en un extrañísimo concepto de lo que es el conocimiento universal y plural, hondo y de alto calado, se han lanzado amenazas de tal furia a distintas instituciones universitarias y de alta especialización, que ponen en riesgo su estabilidad y su permanencia. 

Hace poco se lanzaron diatribas en contra de la UNAM. “Dije que se había derechizado la UNAM, estoy absolutamente seguro que eso fue lo que sucedió en todo el proyecto neoliberal. Se llenaron las facultades de ciencias sociales de conservadores” dijo el presidente de México.

Enseguida el coro de ambiciosos de poder y posición burocrática o legislativa se lanzaron en contra de la UNAM, de su propia casa de origen académico; y “descubrieron” deficiencias de fondo y forma, como fue el caso de Claudia Sheimbaum, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, y más.

Es ahora el caso del CIDE que está bajo amenaza. Le han hostigado, le han agredido desde el Palacio Nacional al acusar a sus maestros y estudiantes de haber formado parte de la creación de cuadros “neoliberales” y “conservadores” y de ser parte del pasado “ominoso” de este país. 

Y manos a la obra: Desde el Conacyt, se toman la atribución de decidir e imponer a un nuevo rector: José Antonio Romero Tellaeche mediante un mecanismo de selección nada transparente y sí al modo actual de hacer sin explicar y quien, desde su llegada, ‘obedeciendo órdenes superiores’ comenzó a despedir a quienes se atrevieran a objetar y criticar tanto el procedimiento interno como la situación actual del país. 

Al requerimiento estudiantil y docente de que se repitiera la elección, la directora de Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla, la muy consecuente con el gran poder mexicano, dijo que se había llevado a cabo de forma transparente. Ya se sabía que no fue así. 

Con toda razón hay indignación en el CIDE entre maestros y alumnos, la hay ya en extenso, en apoyo a estas muestras de rechazo, desde distintas universidades e instituciones, incluso ANUIES ha tomado posición en contra del nombramiento de Tellaeche. 

El problema crece. Los estudiantes e investigadores y docentes puestos en razón exigen claridad y renovación del procedimiento. La autoridad quiere imponer. La inquietud aumenta y puede llegar a cauces mayores que a nadie convienen. 

La razón está del lado de quienes exigen transparencia. La fuerza ciega está en el gobierno, pero también ahí está la falta de conocimientos, la falta de sensibilidad social y educativa y la falta de talento para entender que estas instituciones nos son indispensables a todos los mexicanos y dejarlas trabajar a su modo, en libertad y sin amenazas, que es la mejor manera de obtener los mejores resultados para todos en el país. Sólo así.