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Editorial

Una veta importante

 


En lo que se refiere a la industria sin chimeneas, Oaxaca tiene un plus importante: contamos con uno de los santuarios religiosos más visitados en el país: el de la Virgen de Juquila que es, después de la Basílica de Guadalupe, Nuestra Señora de San Juan de Los Lagos y el Niño de Plateros, de los más socorridos por el turismo nacional y extrajero, que arriban a Santa Catarina Juquila, con extensión a la Costa Esmeralda oaxaqueña, con carácter religioso. Si bien este año, como lo publicamos en nuestras páginas el pasado viernes, el Santuario ubicado en dicha comunidad de la Sierra Sur, se encuentra abierto, la situación sanitaria ha sido determinante para poder continuar con esa gran afluencia de años anteriores. La población vive de los católicos que llegan por miles y atiborran hoteles, mercados, restaurantes, estacionamientos, etc. La situación se ha regularizado relativamente hasta este año y ello, con las restricciones sanitarias a que obligan las autoridades.

En épocas normales se habla de hasta 2 millones de peregrinos que arriban durante todo el año y, particularmente en esta temporada decembrina en que el turismo religioso, incluyendo los mismos oaxaqueños creyentes, atiborran calles y atrio de la Iglesia dedicada a la Virgen que, hoy 8 de diciembre, tiene su festejo. La derrama económica se va dejando en todo el camino hasta llegar a la cabecera municipal. Los peregrinos llegan a través de diversos medios: transporte público, motocicletas, bicicletas, automóviles particulares y hasta en tracto-camiones llega la gente, hacinada en las cajas de dichos vehículos. Por fortuna el añejo conflicto que dicha comunidad trae con su vecino chatino de Santiago Yaitepec, se ha visto atenuado por las negociaciones. Esperamos que así se mantenga, luego de las afectaciones que ha traído consigo cuando se ha recrudecido.

Ojalá pues que la economía de Santa Catarina Juquila y poblaciones que se encuentran al paso reciban en esta temporada una bocanada de aire fresco, luego de las restricciones que han venido aparejadas con la pandemia, como fue el cierre durante meses de la Iglesia dedicada al culto. Sería imposible concebir a dicha comunidad sin las largas filas y gigantescas peregrinaciones de fieles católicos y creyentes que, durante todo el año, llegan hasta la misma. Para la industria turística local es, asimismo, una bendición, pues coadyuva a generar fuentes de empleo y una mayor derrama económica.

Resolver diferendos

En el pasado puente largo del “Día de Muertos”, fue una noticia desagradable saber que ciudadanos y autoridades de la comunidad de San Lorenzo Albarradas se opusieron de manera terminante a que sus vecinos y añejos adversarios de San Isidro Roaguía, abrieran de manera unilateral, el balneario conocido como “Hierve el Agua”, uno de los principales atractivos turísticos en los Valles Centrales. Incluso, lanzaron amenazas graves si dicho lugar era abierto, como fue el hecho de cortar el camino que conduce al mismo, por Xagaa. Resulta aberrante que una mina de oro, como puede ser la explotación de dicho balneario natural, se haya convertido en una manzana de discordia entre dos poblaciones y que, no obstante, las afectaciones que generan al turismo nacional y extranjero que llega en temporadas vacacionales, exista la amenaza de confrontación.  

Estamos ya en la época decembrina y, en unos días más, empezarán arribar a la capital y nuestros principales destinos de playa, miles de visitantes del país y el extranjero, como suele ocurrir cada año. Y como ya lo hemos visto, incluso las restricciones sanitarias no han sido obstáculo para detener dicho flujo. Sin embargo, tal parece que el conflicto entre Albarradas y Roaguía podría volver a aflorar dado que no se sabe de arreglos o conciliaciones entre ambas comunidades. A menudo trascienden en redes sociales y en la información que se genera de manera institucional, los acuerdos y firmas de minutas de paz de parte de comunidades en conflicto, ante la Secretaría General de Gobierno, responsable de la política interna en el estado. Pero nada se ha sabido de que las aludidas se hayan sentado a negociar o, al menos, generar un impasse pacífico que no afecte a los visitantes.

Algo tiene que hacerse en el gobierno estatal para evitar que, aprovechando la temporada vacacional que es un respiro a nuestra devastada economía, los beligerantes vecinos de Albarradas vuelvan a las mismas. Se sabe también que, en Roaguía, opera un ex diputado y franquiciatario del desaparecido Partido Socialdemócrata de Oaxaca (PSDO), quien ha sido el titiritero de autoridades municipales y comunales de dicha población. Pues hay que llamarlo a cuentas. No puede ponerse en peligro una fuente de riqueza como es el citado balneario natural por la beligerancia de unos o el capricho de otros. El turismo que nos visita no es responsable de dicho y añejo conflicto.