Sobre la importancia del testigo II | El Imparcial de Oaxaca
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Sobre la importancia del testigo II

 


Hablar de migración siempre es tarea imposible pues al ser un tema que nos toca de diferentes maneras y en diferentes espacios se vuelve un fenómeno difícil de entender y de explicar. Sin embargo, entender la migración como fenómeno social es más difícil de lo que normalmente se piensa pues no solamente hay que considerar las variables que lo conforman sino también su extensión pues es aunque a veces lo olvidemos, la migración no sólo afecta a esta parte del mundo sino a diversos rincones del mundo.

Leíamos el pasado 27 de noviembre sobre la tragedia acontecida en el Canal de La Mancha: 27 migrantes ahogados frente a la costa de Calais, en el norte de Francia siendo esta la tragedia migratoria más grande en el Canal desde que se empezaron a contabilizar en 2014. Sin embargo, en un país anestesiado como el nuestro donde las tragedias se cuentan todos los días y en mayores proporciones, como la de los pasados días donde las madres rastreadoras de Sonora encontraron más de 25 cuerpos al menos 16 fosas clandestinas, el dolor ajeno y las crisis humanitarias se vuelven indoloras.

Con ambas tragedias son muchas la preguntas que se pueden y que se tienen que hacer, sin embargo y entre tantos cuestionamientos posibles, el papel de nosotras y nosotros como testigos y el papel de la memoria se vuelven cuestionamientos propios y obligatorios. Primera pregunta: ¿cuántos descubrimientos más en México, cuántos hundimientos más en Europa, cuántas noticias más necesitamos para levantarnos de nuestro letargo y entablar lazos fraternos y reivindicativos con las víctimas? ¿Cuántas imágenes necesitamos para darnos cuenta del papel que desempeñamos como testigos indirectos del contexto en el que vivimos? Me explico:

El testigo es quien da testimonio de algo, quien atestigua y quien posee conocimiento sobre determinada situación. En este sentido y en un mundo donde poseemos información sobre lo que sucede y estamos más que nunca expuestos a ella a través de noticias, fotografías y crónicas como consecuencia de las redes sociales, ¿no somos ya testigos indirectos de alguna manera de lo que sucede? ¿Nuestra mirada no se vuelve importante entonces? Y ahora la pregunta que surge entonces: ¿Qué hacemos con la información que poseemos, la que atestiguamos?

En este sentido, un intento de dejar registro sobre lo que vemos en esta dinámica como testigos son las imágenes: fotografías, caricaturas, murales, street art, intentos de convertirnos en testigos activos, de contar las historias que merecen ser contadas. Sin embargo, pareciera que las historias que se cuentan a través de ellas se olvidan pronto, que nuestra memoria colectiva tiene fecha de vigencia y que sólo nos quedamos a la espera de la siguiente imagen, de la siguiente tragedia.

Dos ejemplos: En 2015 la fotografía de Alan Kurdi, un niño de tres años sirio muerto en la orilla de una playa turca, quien había muerto ahogado junto con su madre y hermano, permitía dimensionar la crisis migratoria que se vivía y a pesar de que países como Alemania abrieron sus puertas a cerca de un millón de migrantes, tres meses de la tragedia las fronteras europeas nuevamente se cerrarían.  En junio de 2019 la tragedia de dos migrantes ahogados a orillas del río Bravo, Óscar Alberto Martínez Ramírez y su hija Valeria, de 23 meses,  agudizaba el debate sobre la crisis migratoria en la frontera entre Estados Unidos y México y cuya imagen se recuperaría por varios medios, incluyendo a caricaturistas políticos como el artista canadiense Michael De Adder quien trazaría una caricatura sobre el hecho enmarcando a Trump en ella por su dura política migratoria, caricatura que le valdría su despido.

En este contexto y asumiendo nuestro papel como testigos, ¿estamos dispuestos a hacer algo en ese entendido? Hay testigos que participan en el hecho, hay quienes son testigos al ver lo que sucede, quienes observan y registran. ¿Cómo nos asumiremos? Después de ver y atestiguar, ¿haremos algo al respecto? ¿Actuaremos? ¿O estamos a la espera de otra tragedia, que se enmarque, que se vuelva imagen? Y de ser así, ¿cuántas imágenes más esperaremos?