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Biden convoca: no hay escapatoria

 


Aunque el canciller diga que la reunión en Washington D.C., el próximo jueves 18 de noviembre, es secuencia de otras “cumbres” entre los jefes de Estado o líderes de Canadá, Estados Unidos y México, lo cierto es que en esta ocasión se debe responder a una convocatoria que de súbito hizo el presidente Joe Biden, a sus vecinos de sus fronteras norte y sur. Poco tiempo habrá para preparar algún mensaje que daría el presidente mexicano: esta vez no comparecerá ante un foro semivacío y sin relación alguna con el método de propaganda política que caracteriza a la política del gobierno actual. El día 18 de noviembre el presidente tendrá que escuchar y, de ser posible, hablar ante dos políticos de mucha altura y con grandes conocimientos del entorno mundial. Canadá, EE.UU. y México son socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TMEC aquí; USMCA allá), por el cual se adquirieron compromisos vinculatorios. De manera que invocar “soberanía” o farsas de pureza nacionalista serían cosas fuera de lugar.

La agenda propuesta por el mismo Biden consta de tres temas: 1.-Covid-19 y seguridad sanitaria; 2.-Crecimiento económico y competitividad; 3.-Desarrollo y migración. No habrá oportunidad ni espacio para intentar otros temas u otros datos, como sí lo hizo en la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU. Son temas supervenientes por la coyuntura internacional del momento.

El presidente mexicano estará frente a sólidos jefes de economías ricas y prósperas, miembros del G-7. Estados Unidos es la primera potencia económica y militar; Canadá es uno de los países de mayor calidad de vida en el orbe. Los tres países de Norteamérica son miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), pero México es el último en nivel de desarrollo de sus 36 integrantes y el quinto país más corrupto del mundo, aunque se predique otra cosa.

El presidente de México no podrá delegar —como suele hacerlo— en el secretario de Relaciones Exteriores, las responsabilidades de esta reunión de alto rango. Necesitará que lo asesoren expertos en asuntos internacionales, que le preparen no sólo tarjetas o ‘acordeones’, sino una capacitación intensa y rápida, de otra manera no comprenderá los asuntos en los cuales sus homólogos cuentan con amplio expertise. Precisará de intérprete lingüístico. No habrá cabida para improvisar dado lo específico de la agenda y el tiempo límite de dos horas para las discusiones; tampoco podrá forzar a sus homólogos, a escuchar las inexistentes maravillas de los programas sociales, especialmente “sembrando vida”, que se miraría con desdén por Canadá, país líder en reforestación real y efectiva.

Nuestro presidente se ve forzado, ahora sí, a participar con jefes de Estado del primer mundo. No habrá las grotescas figuras de la CELAC, esa concurrencia liliputiense de dictadores latinoamericanos: Cuba, Venezuela o Nicaragua.

La soberanía de México no está en peligro. Mencionarla sería un argumento erróneo cuando es evidente que las inversiones al amparo del TMEC, son fundamentales para la creación de empleos en el país, para potenciar el crecimiento económico, comercial y favorecer el desarrollo. Tendrán que explicarle lo que son las ventajas comparativas, que producir en el país todo lo que se consume es una quimera y que nuevas refinerías o trenes lúdicos, o improvisar aeropuerto en un aeródromo militar, son desperdicio: gastos irrecuperables que no responden a plan alguno de desarrollo.

La investidura presidencial podrá jugar uno de dos papeles:  la oportunidad de actuar seriamente en un foro de alto nivel, o exponerse a mancharla más, con demagogia y populismo.

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