Una visión limitada | El Imparcial de Oaxaca
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Editorial

Una visión limitada

 


Nuestra capital oaxaqueña y en general los destinos turísticos del estado, parecen estar sometidos a los vaivenes de temporada. Acabó la del Día de Muertos y ya se espera la de Navidad, particularmente La Noche de Rábanos. Si bien la pandemia ha dado al traste con fechas y escenarios, no existe un plan que contemple un programa permanente de promoción, como existe en otras entidades que publicitan sus destinos en televisión, periódicos o revistas. Oaxaca es mucho más que fechas y festejos de temporada; mucho más que nuestros íconos de la gastronomía sofisticada, a donde a la yerba santa le dicen hoja santa; artistas ya reconocidos o danzas. Mucho más que los alebrijes, Guelaguetza, la Danza de la Pluma o Flor de Piña. Es también, el barro negro de Coyotepec, la loza verde de Atzompa o las artesanías de carrizo de San Juan Guelavía. Es, asimismo, textiles de Teotitlán del Valle, de Mitla o Xochimilco, hechos en telares artesanales. 

Tenemos también, aunque seguido se soslayan en la moda y la visión oficial, la artesanía de hojalata, las chamarras de gamuza de Tlaxiaco o Ejutla; los cuchillos y machetes de Ocotlán; las jícaras grabadas de Jamiltepec o los bellísimos bordados de las poblaciones de la Cuenca del Papaloapan o de San Antonino Castillo Velasco. Es decir, hay un universo de creatividad que puede mostrarse al mundo. Ver sólo una parte de lo que hacen o crean las manos mágicas de mujeres y hombres oaxaqueños, es abiertamente discriminatorio. Además de ello, tenemos también pueblos mágicos que parecen no existir entre lo que podemos ofrecer a México y al mundo. Hay más de mil marcas de mezcal, en sus variedades de agave, la mayoría etiquetados por fuereños o extranjeros, que han encarecido el producto. Una copa de cuishe, madre cuishe, tepeztate, coyote o jabalí, ya no es para el bolsillo de los oaxaqueños.

Hace falta pues –aunque en la actual administración puede ser algo tardío- una plan para el aprovechamiento óptimo de la industria sin chimeneas, que incluya lugares de ecoturismo y otros. Dejar atrás los mitos, que circunscriben a la entidad sólo a la moda sexenal, que impide ver todo este maravilloso universo que este sufrido estado puede ofrecer. Hay mucho por hacer, pero tal vez hace falta imaginación o simplemente esa abulia que se observa en los gabinetes estatales, cuando el ocaso de una administración está cerca.

Deja un mal precedente

Mañana sábado concluye funciones la Sexagésima Cuarta Legislatura del Estado. Cierra su ciclo la que ha sido calificada como la peor en la historia política de Oaxaca. Onerosa, improductiva y voraz, fueron algunos de los calificativos que se le acuñaron. Y no fueron fortuitos. Su poca productividad se reflejó en leyes aprobadas que son letra muerta, como la que prohibía la venta de agua o refrescos en envases de un solo uso, denominada Ley de Residuos Sólidos o la llamada Ley Antichatarra. En las últimas semanas de gestión aprobaron algunas iniciativas que más que simpatía generaron hilaridad. Como aquella por la cual, menores de doce años pueden definir su pertenencia a determinado género. Salvo excepciones, la mayoría llegó a ciegas en cuestiones legislativas. Ignorantes en toda la extensión de la palabra. Y muchos que repiten están igual, pero más duchos en vicios y negocios. Hay que ver los jaloneos hoy en Morena, para montarse en la Junta de Coordinación Política o la Mesa Directiva.

Para el anecdotario político sólo quedaron las frases iniciales de un grupito de diputadas de Morena. Llegaron con la bandera de la austeridad. En menos de un mes se olvidaron de su descabellada propuesta. Se regodearon en los peores vicios. Nepotismo, corrupción y el famoso “pago por evento”. Fuentes legislativas afirman que la autorización del préstamo por 3 mil 500 millones de pesos que solicitó el gobernador en octubre de 2019, tuvo un costo adicional de más de 200 millones que se habrían pagado a diputados y diputadas por aprobarlo. Más de dos mil millones de pesos gastó la legislatura que termina, en los tres años de gestión, sin rendir cuentas a nadie; en absoluta opacidad y discrecionalidad. Es decir, se autorizaron gastos a placer teniendo enfrente a un sistema de salud colapsado por falta de medicamentos; a comunidades con graves rezagos y pobreza. 

No es descabellado afirmar que el aparato legislativo es demasiado obeso para su costo e improductividad. Desde luego que ningún partido querrá renunciar a sus privilegios. Es necesario impulsar en Oaxaca una reforma política, desde la sociedad civil. No se puede concebir más esa dualidad maniquea de diputados ricos y pueblo pobre; de un Congreso obeso, de 42 diputados. De legisladores que acuden a la curul sin tener idea de lo que implica la aprobación de leyes y decretos que conlleven a mejorar el marco legal y la calidad de vida de los oaxaqueños. Ahí es donde debe reflejarse con urgencia, la política de la austeridad republicana y no la manga ancha que hemos padecido hasta hoy.