El PRI frente al dilema | El Imparcial de Oaxaca
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El PRI frente al dilema

 


Hace muchos años que el PRI perdió su carácter de partido nacionalista y administrador de esperanzas y se convirtió en una agencia de empleos y realidades económicas. De ese partido salieron algunos de los mejores comerciantes de la política que lucraron con las esperanzas del pueblo, con las aspiraciones políticas de unos cuantos y con las banderas ideológicas de las mayorías. Nunca vimos tipos más audaces e inteligentes para vender el patrimonio nacional, las esperanzas de la sociedad y quedarse con los beneficios.

Después de la privatización de las empresas que eran propiedad del Estado, los intereses económicos de los Salinas, Peñas, Fox y Felipe Calderón se enfocaron en las dos joyas de la corona Pemex Y CFE. La tarea era como apropiarse de los beneficios económicos, sin tener que venderlas en paquete. Eran demasiado importantes para privatizarlas sin encontrar una feroz resistencia por parte de grupos políticos nacionalistas.

Con la transformación del modelo económico al neoliberalismo el antes invencible y triunfante partido único de México, perdió a casi toda su clientela electoral. En las últimas elecciones, y después de que las administraciones priistas que en complicidad con el PAN remataron los bienes nacionales, sacó el 5º lugar en número de electores.

Como en la política nada está escrito, ahora el PRI se ubica y retoma una importancia que perdió, no como un partido mayoritario, pero si como un grupo que puede con sus votos definir el futuro energético de México. Si vota a favor de la reforma eléctrica que propone AMLO recobrará parte de su prestigio como partido nacionalista y si vota en contra se hundirá irremediablemente en la ignominia y el desprestigio político absoluto. Claro que a sus actuales dirigentes no les interesa el prestigio, son otros sus intereses, pero a los mexicanos si nos interesa saber de qué lado “masca la iguana” y cómo votaran los priistas.

Creo que los dirigentes van a sabotear la reforma energética de AMLO y se van a hundir en la ignominia. Ya salió Rubén Moreira en un tono de burla a decir que para “abril o para agosto”. Como un anuncio de que no tienen prisa para vender caro su amor. Solo están a la espera de las ofertas que les hagan.

Si bien la reforma energética de los neoliberales Calderón y Peña Nieto, permitió el saqueo de los recursos de Pemex Y CFE la reforma que propone Andrés Manuel López Obrador busca devolver a las empresas y al Estado la rectoría en materia de energía. Se busca que no se abuse del pueblo de México como ocurre donde mandan las empresas particulares y existen además de apagones y falta de capacidad para atender las demandas precios variables, altos y sin control.

Con la reforma de Peña Nieto el objetivo era que los pocos concesionarios que compraron servicios de CFE y Pemex ganaran todo el dinero posible. El objetivo de los particulares es ganar, ganar y ganar, sin importar para nada el desarrollo del país. Las empresas son negocios y mientras más dejen mejor. Por ello donde los recursos son privados hay escalada de precios y tensiones en el suministro de gas.

Con la reforma que propone AMLO se busca devolver a las CFE, a Pemex y al estado mexicano la rectoría de estos recursos y que éstos colaboren en el desarrollo del país. Que la energía sea una palanca del desarrollo, que se utilicen a su máxima capacidad todas las inversiones que ha hecho el Estado, que los consumidores paguen precios justos y en el mediano plazo ser autosuficientes en materia energética.

En las mañaneras el presidente AMLO ha ido desmenuzando y explicando cuáles fueron los mecanismos que pactó la administración de Enrique Peña Nieto, para beneficiar a la iniciativa privada, la disminución de la producción de energía en las hidroeléctricas para que los privados pudieran vender su producción a precios altos. Las nuevas formas que incorporaban a consumidores como socios para pagar precios más bajos que el resto de la población: Bimbo, Oxxo, etc. La idea era clara, terminar con estas empresas y entregar la generación de energía un grupo de amigos y socios de los detentadores del poder el sexenio anterior. El negocio equivalía a comprar CFE y Pemex a un precio irrisorio y desaparecerlas como competidoras. Muchos de los beneficiados de estas operaciones nada más sirvieron de intermediarios, viles coyotes, porque una vez que se les entregaron las concesione las vendieron, porque ellos no sabían nada de los procesos eléctricos.

Lo mismo ocurrió con Pemex se entregaron concesiones a personas que no sabían nada sobre explotación petrolera. No se invirtió ni un solo centavo de los millones de dólares que ofrecieron traer al país y como en el caso de la CFE se revendieron los mantos petroleros. Nunca en la historia del país se vivió ese clima de corrupción y tráfico de influencias de los altos funcionarios de un gobierno priista.

El desmantelamiento de los recursos del Estado se inició con la llegada de Carlos Salinas de Gortari, continuó con Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón. El cinismo y la desvergüenza de las ventas del patrimonio nacional llegaron a límites insospechados de corrupción. Se dio el caso de que Ernesto Zedillo vendió los ferrocarriles y negocio que se le empleara como socio o asesor en la empresa que los compró. Lo mismo Ocurre con Calderón que es empleado ahora de la empresa que compro parte del patrimonio nacional. Es una desvergüenza, una inmoralidad.  Esto es lo que defiende el antes invencible Partido Revolucionario Institucional.

La moneda está en el aire, para el PRI, esta coyuntura política lo pone ante la posibilidad de recobrar parte de su prestigio o de plano hundirse en la ignominia. Todo es posible. Fin.