Morena y la otra vuelta a la tuerca | El Imparcial de Oaxaca
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Morena y la otra vuelta a la tuerca

 


Por Ernesto Hernández Norzagaray

Paco Ignacio Taibo II, en una intervención que recientemente tuvo ante el Consejo Nacional de Morena, tocó una fibra muy sensible de su partido, identificó didácticamente una clara diferencia entre un partido de aparato, de cúpulas, elites, y un partido de bases, donde denunció que la dirección que encabeza Mario Delgado se ha allegado de expriistas y expanistas a los que por “dos besos” les ha entregado posiciones mientras a las bases “que son de izquierda”, a las que margina de candidaturas y relega del poder político.
Una matriz política que ha sido una constante en México, pero no exclusiva de Morena ni del país, por el carácter circular de las élites políticas. El transfuguismo, lo vimos, cuando los panistas llegaron al poder y muchos, pensamos, que por el discurso caricaturesco de Vicente Fox de “alimañas, tepocatas y víboras prietas”, pero, sobre todo, por la tradición anti priista del PAN, que el guanajuatense sería cuidadoso en la selección del equipo de Gobierno, pero, eso, como sabemos no ocurrió, y rápidamente, nos dimos cuenta que daría pie a lo que hoy se conoce coloquialmente como PRIAN, es decir, la incorporación de priistas y filo priistas neoliberales al Gobierno del “cambio” por sus presuntas capacidades profesionales para instrumentar ese tipo de políticas públicas.
Luego volvió el PRI a la Presidencia de la República, y se dio una nueva mudanza de elites, desde el PAN, muchos de los ex, entonces, se pusieron la casaca del PRIAN peñista incluso se perfiló lo que terminó siendo PRIANRD.
Ahora, lo que hemos visto con la llegada de Morena al poder, es que hay “otra vuelta a la tuerca”, para utilizar la afortunada expresión del escritor Henry James, y de nuevo, vemos el fenómeno del transfuguismo desde los partidos “conservadores”, cómo los llama López Obrador, un día sí y otro también, hacia Morena.
Es decir, por los indicios, estamos metidos en un callejón sin salida por esta singular circularidad de nuestra clase política, y unos y otros, lo justificaran, diciendo que, si bien esto es cierto, lo que hace la diferencia entre una y otra coalición de Gobierno es el programa de Gobierno, la voluntad de cambiar el estado de cosas, lo que la mudanza a muchos provocará una sonrisa socarrona.
Pero, no, lo que explica el fenómeno de la circulación de las elites -Vilfredo Pareto sigue vivo- son las relaciones e intereses que existen y se van tejiendo con los nuevos, formando una filigrana de colores difusos que dan pasos a los personajes que tomaran las decisiones en los tres niveles de gobierno.
Justamente, hacia allá, apunta molesto Taibo II, cuando señala lapidariamente: “El concepto ganar se modificó y ahora llevamos al poder a sapos de notable envergadura. Llegaron priistas y panistas que se corrompen en 24 horas. Son sapos que si les das dos besos ingresan a Morena… Todo esto viene con un desapego de parte de Morena de las luchas sociales. Morena no es capaz de decir quién son los charros de tal o cual lugar. No hay opinión”.
Ese discurso contra las elites de siempre y el transfuguismo, viene desde los albores de los pasados años ochenta, cuando el panismo doctrinario se pronunció en contra del llamado neopanismo, que a juicio de los históricos blanquiazules, venían a apropiarse del partido, lo que efectivamente sucedió, en menos de una década y qué terminó llevando a una vitrina dorada con chapa de tres candados, la doctrina y los principios, que habían guiado el quehacer de los viejos panistas para dar pie a la primera oleada de pragmatismo político que a su nueva élite le permitió el acceso al poder en estados y municipios.
No menos importante, o mejor más relevante, fue el desprendimiento de la Corriente Democratizadora del PRI, que recordemos terminó saliéndose del partido para sentar las bases de uno nuevo, el PRD, con la crítica de que se había alejado de los dictados del nacionalismo revolucionario y había abrazado el ideario neoliberal de Miguel de la Madrid y qué refrendaría Carlos Salinas, y con ello llegó la primera hornada de los llamados Chicago Boys de Milton Friedman.
¿Qué lograron los panistas doctrinarios y los priistas del nacionalismo revolucionario con sus proclamas contra los tránsfugas? El panismo se fue extinguiendo, hasta quedar sólo una sombra de lo que fue en los años de la segunda posguerra y hoy siguen enarbolando el ideario neoliberal. La llamada izquierda del PRI, fortalecida con la izquierda ideológica que gravitaba alrededor del PCM, jugó un papel fundamental en la transición de un sistema de partido hegemónico, hacia un sistema de partidos pluralista.
El PRD se quebró primero con la renuncia de López Obrador en 2011 y su candidatura presidencial en 2012; pero, sobre todo, cuando aquel llama a sus huestes a formar Morena, mientras los dirigentes perredistas, los “Chuchos”, llamaron apoyar el llamado “Pacto por México” que dio pie a la última generación de reformas neoliberales que afectaron severamente a segmentos importantes de la población.
Luego vendría el triunfo electoral de AMLO en 2018, y técnicamente, llegaría la izquierda a las posiciones de poder y no pudo evitarse el transfuguismo desde los partidos que firmaron el “Pacto por México”, que en aquel año alcanzaron nominaciones y en 2021, fue ostentosa su presencia en las papeletas electorales con retrocesos pues Morena y sus aliados perdieron nueve millones de votos, pero, en especial, su principal bastión que era la Ciudad de México.
Sé que la dinámica política no es lineal, que en el tránsito de un proyecto político hay procesos de agregación entre las elites políticas, y eso se explica porque seguimos teniendo un sistema de partidos todavía débilmente institucionalizado que facilitan la deslealtad entre la militancia dándose trasvases entre un partido y otro y eso, nos remite inevitablemente al problema del origen.