El legado de Belisario Domínguez | El Imparcial de Oaxaca
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Opinión

El legado de Belisario Domínguez

 


Por Ruth Zavaleta Salgado

La Medalla de Honor que otorga el Senado de la República cada 7 de octubre, simboliza el legado de Belisario Domínguez: La libertad de expresión. Piedra angular de un régimen democrático, la lucha por la libertad de expresión hizo que Belisario Domínguez fuera asesinado por sus discursos en contra de Victoriano Huerta. Sus apasionadas disertaciones impactaron a los diputados sólo hasta cuando sus palabras ya no sonaban en su voz, pero se habían hecho eco en la conciencia colectiva de un pueblo aterrado por la persecución política del dictador. La responsable de la impresión clandestina de sus discursos fue María Hernández Zarco (reconocida con la Medalla en 1963). Así consta en la entrevista que realizó Aura Rostand en 1940 y que se puede leer en la biblioteca virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas. María era bisnieta de Francisco Zarco, debido a la pobreza en la que vivió su familia formada por seis hermanos y su madre viuda, desde muy joven, tuvo que aprender el oficio de cajista de imprenta. Algunas imprentas en donde trabajó fueron: la de La Mujer Mexicana, El Reformador y en la imprenta de don Adolfo Montes de Oca. Fue en ese lugar donde se reprodujeron los discursos. Don Adolfo no coincidía con las ideas de su paisano chiapaneco, Belisario Domínguez y se negó a reproducir los incendiarios discursos del entonces diputado. María, al escuchar la discusión, decide imprimirlos a escondidas de don Adolfo. Incluso después del asesinato de don Belisario ella siguió imprimiendo y distribuyendo los textos que tenían el título de: Palabras de muerto. Tener la certeza de que don Belisario había sido asesinado y su lengua había sido entregada como trofeo a Victoriano Huerta, motivó la reacción tardía de los legisladores, pero finalmente el dictador cayó. María vivió muchos años más y, finalmente, trabajó en los Talleres gráficos de la Nación (SEP) de donde salió jubilada, según se lee en la entrevista.

Seguramente no faltan mujeres con méritos, pero desde 1953 hasta hoy, sólo nueve mujeres han recibido la Medalla de Honor Belisario Domínguez: Rosaura Zapata: 1954; María Tereza Montoya: 1962; María Hernández Zarco: 1963; María Cámara Vales (viuda de José María Pino Suárez): 1969; María Lavalle Urbina: 1985; Griselda Álvarez Ponce de León: 1996; Julia Carabias Lillo: 2017; Rosario Ibarra de Piedra: 2019; y, este jueves 7 de octubre, la senadora Ifigenia Martínez. De esta lista se distinguen una pedagoga, una actriz, una científica del medio ambiente y varias profesionales de la política: cuatro de ellas han sido senadoras y dos recibieron el reconocimiento durante la legislatura a la que pertenecían.

El reglamento para otorgar la medalla establece que los o las candidatas pueden ser propuestas por: “La Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, las secretarías de Estado, las Legislaturas de los Estados, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, los órganos autónomos, las universidades y centros de estudios del país, las organizaciones sociales o cualesquiera otras instituciones representativas de los sectores de la sociedad mexicana (…)”. De esta forma, cada año, el Senado decide quien recibirá este reconocimiento que el Presidente de la República entrega en una sesión solemne cada 7 de octubre para conmemorar el legado de Belisario Domínguez: La libertad de expresión.

En ese contexto, la entrega de la Medalla de Honor a la senadora Ifigenia Martínez tiene muchos significados. Desde 1988, la maestra Ifigenia se convirtió en un ícono de la lucha por la democracia y representa el símbolo de la transformación del viejo régimen político con un presidente autoritario a un régimen democrático. Ese régimen nuevo, con un órgano electoral autónomo, que garantiza que los ciudadanos elijamos con plena libertad sobre quiénes son nuestros representantes políticos. La medalla a doña Ifigenia es el reconocimiento a esa lucha por la garantía plena de la libertad de expresión política, en donde participaron miles de ciudadanos, algunos de ellos, al igual que don Belisario, también perdieron la vida.