¡Pobre Oaxaca! | El Imparcial de Oaxaca
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Opinión

Editorial

¡Pobre Oaxaca!

 


Lo que la ciudadanía ha visto esta semana causa repudio: una ciudad convertida en estercolero; un Centro Histórico pestilente; la capital, orgulloso Patrimonio Cultural de la Humanidad, sobreviviendo entre protestas, bloqueos, basura, etc., ha hecho a muchos mencionar ¡Pobre Oaxaca!, sin autoridades responsables, con ediles omisos y torpes y una sociedad exhausta y harta. Si bien es cierto que las cosas fueron a más, así hemos sobrevivido durante mucho tiempo. Existe un miedo irracional para aplicar la ley y corregir entuertos; para mantener el Estado de Derecho y las garantías individuales a salvo de abusos y atropellos de sindicatos, organizaciones sociales, transportistas, etc. Los oaxaqueños vivimos en un ambiente de impunidad y miedo a gobernar. ¿Quién ha pagado los platos rotos de la irresponsabilidad y torpeza del edil de Oaxaca de Juárez Oswaldo García Jarquín y de sus regidores de Morena, que validaron la contratación millonaria de los servicios de limpia? El pueblo inerme.

Desde que empezó su gestión, el mismo ha tenido una serie de tropiezos y desaciertos. Independientemente de su vida privada, que no es motivo de mención, de sus debilidades o adicciones, hay que subrayar que no se ha dado en los casi tres años que lleva al frente del ayuntamiento, una acción loable que haya tenido el respaldo ciudadano. No hay obras dignas de mencionar, menos acciones que ubiquen al gobierno local como pivote importante para la comunidad. Éste ha ido dando tumbos, no sólo mostrando la novatez sino la forma más burda y torpe con la que ha echado por la borda el bono democrático que validó con su voto este Cabildo de utilería. Con justa razón dice la conseja popular: ¿si no saben hacer su trabajo, para qué se alquilan? La novatez de la mano de la frivolidad y la torpeza.

Si en algún momento los capitalinos creyeron que las cosas con este gobierno local serían diferentes, se equivocó de principio a fin. Ha hecho falta oficio, convicción y vocación de servicio. Con justa razón su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), impidió que figurara de nueva cuenta en la boleta. Nos habría condenado a otros tres años de ignominia y abulia. Sólo hay que ver el estado que guardan nuestras calles y avenidas; el irresuelto problema de la basura; la falta de obras relevantes y la pésima administración, para darse cuenta que el voto popular también se equivoca.  

 

Advertencia ignorada

 

El jueves 30 de septiembre, con la fuerte lluvia que cayó en la capital oaxaqueña y los Valles Centrales, un eucalipto gigantesco cedió ante la fuerza del viento y el agua, cayendo sobre la barda de la Escuela Primaria “Lázaro Cárdenas del Río”, que se ubica en el Fraccionamiento La Cascada. Desde hace años, pero, particularmente en éste, vecinos de dicha zona habitacional han hecho constantes llamados al ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, a la Unidad Estatal de Protección Civil y a quien corresponda, para verificar el estado que guardan dichas especies, dado que, en lo que lleva la presente temporada de lluvias, al menos una veintena se han venido abajo. Se trata de una especie que abunda en dicha zona y cuyos ejemplares son demasiado altos y se presume, pesan decenas de toneladas. 

Cada temporada de lluvias, los vecinos de dicha zona: el Fraccionamiento y las Colonias: Lomas de la Cascada y La Loma, manifestan su preocupación por dicha situación, dado que si bien hasta el momento no se ha presentado alguna tragedia personal qué lamentar, existe el riesgo latente de que los ejemplares citados, además de otras especies, como higos o laureles de la India, cedan ante la fuerza de las lluvias. Es importante subrayar que de ello comentamos hace días en un editorial titulado “Efectos colaterales”. No hay que olvidar que el Fraccionamiento La Cascada ha padecido los coletazos de las inundaciones generadas por el Río San Felipe, al igual que la zona baja del Barrio de Xochimilco, ante la invasión del predio en donde funcionaba la presa “Rompepicos”, construida, justamente para evitar dichos siniestros.

El caso que nos ocupa debe tomarse con responsabilidad por parte de la Coordinación de Protección Civil Municipal y, sin duda alguna, su contraparte estatal. De diversas maneras los vecinos han insistido en este peligro en ciernes. Hay suficiente material de denuncia al respecto. No se trata de derribar árboles sin más, sino verificar su estado físico, además de realizar las podas pertinentes. Lo que ha ocurrido debe tomarse como una advertencia de que los fenómenos de la naturaleza son impredecibles. Tampoco puede ignorarse que por sus propios medios, quienes habitan la referiza zona habitacional han hecho su parte, contratando trabajadores para que hagan una labor en la vía pública, que compete a las autoridades locales, que han sido omisas en el tema.