Pérdida de confianza al Presidente | El Imparcial de Oaxaca
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Opinión

Pérdida de confianza al Presidente

 


Por Ruth Zavaleta Salgado

El 20 de diciembre de 2019, se publicaron en el Diario Oficial de la Federación las reformas al artículo 35 constitucional para reconocer el derecho de la ciudadanía a participar en los procesos de Revocación del mandato. Por lo tanto, a destiempo, se aprobó en el Congreso de la Unión la ley reglamentaria, que fue publicada el 14 de septiembre.
El artículo 115 de la Constitución ya establecía la revocación de mandato para algún miembro de los ayuntamientos y, a nivel estatal, seis entidades ya contemplaban la figura de la Revocación de mandato a nivel de los gobernadores (Aguascalientes, Ciudad de México, Colima, Chihuahua, Nuevo León y Oaxaca). Incluso, en algunos casos se puede revocar el mandato de legisladores. De hecho, la norma jurídica más completa, desde mi punto de vista, es la de Oaxaca, pues establece causales para iniciar el proceso de la revocación de mandato.
Con la reforma al artículo 35 constitucional no sólo se tenía que emitir la ley federal, sino que, además, todas las entidades están mandatadas a reformar su Constitución para establecer el procedimiento de revocación de mandato y con ello garantizar este derecho de los ciudadanos.
La Ley Federal de Revocación del Mandato publicada esta semana establece el procedimiento de participación ciudadana para el caso del Presidente de la República. El contenido de la norma ha generado una gran controversia. Los que defienden la reforma para incorporar esta figura, que es considerada una herramienta de democracia directa, argumentan que ésta representa una ampliación de los derechos de los ciudadanos para participar en la cosa pública. Lamentablemente, las causales para pedir la revocación del mandato del Presidente no quedan muy claras y se concretan al argumento de la “pérdida de confianza”.
La pérdida de confianza es una herramienta formal que se usa de forma cotidiana en los regímenes parlamentarios, pero no en nuestro régimen presidencial. Establecer de forma abstracta u ambigua la causal para solicitar la revocación del mandato genera mucha suspicacia, pues algunos estudiosos de la democracia han observado el posible uso político de la figura de revocación de mandato por parte de los mismos actores que se encuentran ejerciendo el poder. Y es que, de forma lógica, podríamos pensar que la revocación de mandato de los titulares del Poder Ejecutivo, en un régimen democrático, debería ser exigida por quien o quienes estén inconformes con el ejercicio de poder del presidente, bajo causales concretas previamente establecidas en la norma. La democracia, en principio, señala reglas para elegir a los gobernantes y, por ende, también se establecen los mecanismos para perder el poder político.
Puede un gobernante decir que, para demostrar que es muy democrático, se consulte a los ciudadanos si quieren que se vaya o permanezca en el cargo. Pero bajo qué argumentos alguien va a pedir que ese gobernante sea sometido a este proceso. Las causales por las que puede perder el mandato un gobernante, de cualquier nivel, tienen que quedar muy claras tanto por las prebendas como por los límites del ejercicio de poder.
En el caso de la ley federal publicada, establecer como causal “perder la confianza” nos dice mucho y nada, porque puede ser muy subjetivo. En las tesis que desarrolló Giovanni Sartori sobre la democracia observó que la democracia real no es la democracia que aspiramos, tanto porque hay un actuar gris de los gobernantes, como porque las demandas de los ciudadanos siempre serán superiores a las que puedan resolverse.
De esta forma, perder la confianza en un presidente o gobernador podría ser muy fácil, porque lo que prometieron en sus campañas para obtener el voto no coincide con lo que sucede en la realidad, pero tendríamos que analizar los factores que determinan que no haya podido cumplir con las expectativas que haya generado. Por ejemplo, en el caso del crecimiento de la desigualdad y la pobreza, puede haber impactado una pandemia como la que hemos vivido. O, en el caso del combate a la corrupción, puede influir tener familiares incómodos.