La restitución de la sacralidad de Oaxaca | El Imparcial de Oaxaca
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Toltecáyotl

La restitución de la sacralidad de Oaxaca

 


La Ciudad de Oaxaca, además de ser un asentamiento milenario, es, por su naturaleza, un espacio sagrado en el que la Madre Tierra entra en contacto con los seres humanos, sus amados hijos. Su fundación, perdida en el tiempo es difícil de precisar, pero que, bien podía ser coetánea de San José del Mogote en el 1500 aC., o de Monte Albán, en el 500 aC., porque debe recordarse que desde hace diez mil años, los abuelos inventaban afanosamente el maíz, la milpa y la nixtamalización en el Valle de Tlacolula, lo que implica una intensa y fructífera vida humana en los valles de Oaxaca, desde aquellos lejanos tiempos. 

Desde la perspectiva de Toltecáyotl, nuestra sabiduría ancestral, el poder humano deriva de la energía de la Tierra, del grado de conectividad energética que nos transmite nuestra Madre Querida. Porque vivimos en un circuito simbiótico ser humano-naturaleza, la energía humana se desprende de la energía de la Madre Tierra. Cuando el ser humano es consciente, puede alcanzar un grado de conectividad con esa energía telúrica, es cuando puede hacer consciente su propia vitalidad, que es producto de una anterioridad ancestral, que hace posible el encuentro de la energía de la Madre Tierra, con la energía humana. Esta sabiduría no fue exclusiva del Cem Anáhuac, las grandes civilizaciones ancestrales también lo hicieron.

Esto sucede en algunos puntos energéticos del vientre de nuestra Madre Querida, y en el Anáhuac, tenemos, por ejemplo: en el Altiplano Central, el Tepeyac, en el Valle de Puebla, el Tepeyacac (Tepeaca), y en el Valle de Oaxaca, tenemos el Huaxyacac, que en la punta de una serie de cerros que se desprenden de la Sierra Norte, como una nariz de las montañas que se mete al valle. En toda esta clase de narices, existe un venero de agua en la punta, que sale de las entrañas de Tonantzin. Esa agua es sagrada y posee la fuerza sanadora de la energía de la Madre Tierra que sana y ayuda a los humanos. Esta es la razón por la cual, en el Anáhuac, estos lugares son milenariamente sagrados, espacios de pedimento y sanación.

Los Viejos Abuelos del Anáhuac eran maestros en la percepción del mundo a través de la energía. Miles de años antes de la invasión, descubrieron que la Tierra era un enorme toroide de energía con un campo magnético. También descubrieron que el ser humano, compartía el mismo principio que la Tierra, de modo que la llamaron la Madre Querida y ellos se asumieron como sus hijos. Como todas las madres, Tonantzin tiene comunicación con sus hijos y esta, es energética. Estos puntos energéticos producen emanaciones que, a través del agua, llegan a la superficie para beneficio y protección de sus hijos. 

Debemos de hacer tangible y autoconsciente, en dónde radica el núcleo de emanación de aquello que hace posible el bienestar y posibilidad de vivir en armonía con los seres vivos con los que compartimos la oportunidad de estar vivos en el mismo espacio en esta ciudad. Se requiere refrescar ancestrales percepciones y tradiciones. Crear nuevos vínculos espirituales y energéticos con la Madre Querida, representada con el cerro de la nariz de los huajes. Refrescar nuestra memoria histórica, despertar nuestra sensibilidad y la pasión por la belleza de la vida, materializada en El Espíritu del Pueblo, para que Oaxaca recupere su sacralidad y su razón de ser.

Por esta razón, la Ciudad de Oaxaca y sus ciudadanos, deben ser los receptores y portadores de esta noción de la espiritualidad ancestral, y, en consecuencia, reactivar su amoroso diálogo con la Madre Querida. Agradeciendo permanentemente todas sus bondades y su amorosa generosidad, que la hace especialmente, una ciudad sagrada.

Debemos de recuperar el sentido sagrado de la vida oaxaqueña. Su espiritualidad manifiesta son sus tradiciones, fiestas, usos y costumbres, que, todas ellas, nos hablan del diálogo que por siglos han mantenido los seres humanos con la Madre Querida a través del cerro de la nariz de los huajes. 

Se requiere repensar y renombrar al mal llamado Cerro del Fortín, y volverlo a llamar con su nombre ancestral. Debemos, no solo recuperar el cerro y su sacralidad, con actividades comunitarias, sino generar un cambio de percepción y conciencia de los ciudadanos acerca de la enorme gracia de vivir en un espacio sagrado y responsabilizarnos de su cuidado y defensa. 

Esperamos que el nuevo presidente municipal, el CP. Francisco Martínez Neri haga suya esta tarea de largo aliento, que debe comenzar con acciones concretas y coordinadas con las dependencias estatales, federales, y desde luego, con la sociedad civil. Educayotl AC. Educar para el futuro con la sabiduría del pasado. www.toltecayotl.org