Oye Bartola | El Imparcial de Oaxaca
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Opinión

Oye Bartola

 


Durante el confinamiento, muchos hombres casados, nos hemos dado cuenta de la intensidad e inacabable trabajo doméstico que hay en nuestras casas.

Normalmente, los varones salen o salían a trabajar, y al regresar por las tarde la comida ya estaba hecha y lista para servirse, así que muchos misóginos pensaban que la mujer no trabajaba.

¡Qué equivocación tan grande!

Esta nueva normalidad y la reclusión ya sea parcial o total, nos ha demostrado que las mujeres en el hogar trabajan, pero en serio, y en muchos casos más que los hombres.

En ese contexto y en un repaso de tareas domésticas, no exhaustivo, puedo mencionar las siguientes:

Barrer, trapear, sacudir, pero diariamente, el polvo en muebles y otros lugares del hogar; lavar la ropa, planchar, acomodarla en los armarios, closets o roperos.

Cocinar, tender la mesa y al terminar, levantarla, LAVAR LOS TRASTES, secarlos y volverlos a poner en su lugar,  y así  tres veces al día porque no he mencionado el desayuno y la cena o merienda.

Si hay hijos en la casa menores de edad, bueno, prepararlos para ir a la escuela, recoger los tiraderos que dejan la mayoría de ellos, ayudar muchas veces en las tareas y en ese contexto se van las horas, los días y los años.

Adicionalmente, debe arreglarse para cuando regrese el marido y no crea este que es una fodonga.

No olvidar que cotidianamente deben tenderse las camas y tener en orden y al alcance los objetos de uso doméstico, claro, existen aparatos que ayudan como el refrigerador, la estufa, la licuadora y otros aparatos, pero que las tareas se ceben hacer, se deben hacer.

No olvidar las compras y el viaje ya sea diario o  semanal al mercado o al super, y todo con el “gasto” que recibe cuando el marido es cumplido, y como Bartola la de la canción de Chava Flores, a veces deben hacer milagros con esos “dos pesos”, quizá pagar la renta, el teléfono y la luz, y de lo que sobre guardar algo para el “alipus” del señor.

Desde luego que no puede dolerle la cabeza cuando se trate de cumplir con sus obligaciones eróticas matrimoniales, qué va.

Así que la lista puede seguir y seguir, no digamos cuando hay jardín en casa, macetas en el patio o mascotas como perros, gatos, pajaritos en su jaula y otras especies que usted se pueda imaginar amigo lector.

Desde luego que esas tareas obligan a caminar y caminar sin parar, virtualmente todo el día.

Por supuesto, no lo he olvidado, existen ayudas, principalmente como las servidoras domésticas, pero siempre, siempre, la responsabilidad recae en la esposa que debe saber mandar y hacer cumplir con la infinidad de tareas. 

Así que señores, comprensión, ayuda y amor, mucho amor, que quizá ese sentimiento sea la mejor retribución que ellas esperan. 

Yo también soy pueblo.

Por allí nos encontraremos.