Sin cultura de protección | El Imparcial de Oaxaca
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Editorial

Sin cultura de protección

 


El 8 de septiembre de 2017, los oaxaqueños, pero, sobre todo, los paisanos que radican en el Istmo de Tehuantepec, padecimos una de las peores tragedias de los últimos tiempos: un sismo de 8.1 grados, que devastó dicha región, dejando una imagen de desolación. Las desgracias personales, por fortuna, fueron pocas, no por ello menos importantes. El siniestro se volcó sobre viviendas, edificios públicos, etc. Municipios como Juchitán de Zaragoza, principalmente, además de Unión Hidalgo, Asunción Ixtaltepec, Santa María Xadani, Chicapa de Castro y decenas más de comunidades istmeñas fueron materialmente barridas por el siniestro. A los pocos días, el 19 de septiembre, justo cuando en el país se recordaban con un simulacro los 32 años de aquel sismo que dejó una estela de destrucción y muerte en la CDMX, otro movimiento de tierra nos vino a recordar a los oaxaqueños nuestra vulnerabilidad ante los embates de la naturaleza. 

El anterior fue el segundo golpe que recibimos que, para los istmeños no fue tan grave. Lo fue, el sismo ocurrido el 23 del mismo mes y año, que terminó por echar a tierra lo que había quedado en pie. Fue el caso del puente que cruza la comunidad de Asunción Ixtaltepec. Los buenos oficios del gobierno del entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto, que materialmente desplazó a su gabinete a la zona del siniestro, no fueron los mejores. El Istmo sólo se convirtió en el sitio para la foto y lograr la palmada presidencial. El gobernador Alejandro Murat y parte de su equipo de trabajo prácticamente despacharon desde la zona afectada. La ayuda nacional e internacional fluyó, como fluyeron los negocios y el tráfico de influencias de sujetos sin escrúpulos que sorprendieron la buena fe y explotaron la necesidad y las pérdidas de los damnificados. A cuatro años de la tragedia, aún se observan los resabios de la falta de apoyo de la Federación.

Sin embargo, a lo que vamos es a lo siguiente. Oaxaca es una zona que a lo largo de la historia ha sido afectada por la actividad sísmica. Pese a ello, en las tareas de gobierno, en los planes sectoriales o regionales de desarrollo, no se ha tomado en cuenta la creación de una cultura de protección civil. La propia dependencia encargada de atender emergencias propiciadas por sismos, huracanes, incendios u otros, carece de los recursos necesarios para hacer su labor. Simplemente es vista por los legisladores (as) como una más y no con la importancia que tiene. En Oaxaca no existe una cultura de la protección y lo que ella implica.

Seguridad bajo la lupa

La visita de altos funcionarios del gobierno de los Estados Unidos de América a México, encabezados por el Secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas y otros funcionarios del área y el Departamento de Estado, no fue fortuita. Para analistas y observadores de la relación bilateral, no se trata de una visita de cortesía o algo parecido. No. Es muestra de la preocupación que existe en nuestro vecino y socio comercial más grande, en torno a la forma tan superficial con la que el gobierno de la llamada Cuarta Transformación ha visto la actividad criminal en el país, poniendo en riesgo la del país del Norte. Señalar a los fabricantes de armas como los responsables de la alta criminalidad, es una forma pueril de ver una realidad en la que la Federación parece haber doblado las manos.

La seguridad es el tema prioritario de la agenda política bilateral. Lejos de ello, el gobierno de López Obrador parece encogerse de hombros y actuar en una especie de connivencia con los grupos criminales, como se advirtió en su pasada visita a Badiraguato, Sinaloa, cuna de uno de los capos más poderosos del mundo: Joaquín El Chapo Guzmán, en donde señaló que el fentanilo no se produce en el país, sin embargo, el riesgo de una política anti-drogas pone en serio predicamento a los productores de marihuana y amapola. Declaraciones como ésta han sido monitoreadas por los organismos de seguridad de los Estados Unidos, algunas de ellas totalmente irresponsables. No ha pasada desapercibida para los órganos de inteligencia, la situación que se vive en Michoacán, en Guanajuato o las recientes amenazas a Azucena Uresti de Milenio, y otros como Televisa o El Universal.

La antes cordial relación México-Estados Unidos, permeada por la política de la buena vecindad ha mutado a una relación tensa, de reclamos y cuestionamientos, como es el caso de la problemática de Cuba, la exigencia de un cambio en la Organización de los Estados Americano (OEA), poniendo en tela de juicio la presencia de la representación norteamericana, entre otros. Y la mala imagen del gobierno mexicano se puso de manifiesto con la negativa de AMLO en reconocer el triunfo del hoy presidente Joe Biden. De no escuchar el presidente a los especialistas, de seguir soslayando a los medios de comunicación y publicaciones que tienen un peso específico en el mundo como The Economist, The Wall Street Journal o Financial Times, que han lanzado opiniones y editoriales severos sobre el gobierno de López Obrador, éste seguirá creando más tensión con nuestro vecino del Norte.