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Editorial

Graves efectos colaterales

 


La pandemia de Covid-19 en esta tercera ola de contagios y decesos, que ha resultado más letal que las dos anteriores, ha traído consigo efectos colaterales graves no sólo para aquellos enfermos de males crónico-degenerativos, como diabetes mellitus, cáncer, lupus y otros males, cuyos pacientes no pueden ser atendidos en sus hospitales habituales, pues la mayoría se encuentran hasta el tope de enfermos del mortal virus. En efecto, según lo publicamos en nuestras páginas desde la semana pasada, 24 hospitales diseminados en toda la entidad ya no tenían espacio para recibir más enfermos. Ello ha contribuido que pacientes que ya tenían cirugías programadas con antelación, así sean urgentes, tengan que estar en espera por un tiempo indefinido para poder ser intervenidos. Es decir, las baterías hospitalarias están apuntadas atender la emergencia por Covid-19.

Se sabe, asimismo, que algunos organismos de socorro, como es el caso de la Cruz Roja o el Heroico Cuerpo de Bomberos, que acuden con sus paramédicos a atender accidentes, ya no saben a dónde llevarlos, justamente porque no hay espacio para su atención ni en el Hospital Civil “Aurelio Valdivieso” o los hospitales de instituciones como el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) o el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE). Menos en el Hospital Regional de Alta Especialidad de Oaxaca (HRAEO) que, desde hace al menos un par de semanas se declaró incapacitado para atender más pacientes. Si esto ocurre en la capital oaxaqueña, ya podemos imaginarnos lo que pasa en nosocomios ubicados en Salina Cruz, Tehuantepec, Juchitán o San Pedro Pochutla, entre otros. Según datos obtenidos, éste último sólo cuenta con seis camas para pacientes contagiados por el virus SARS-COV2.

Si la sociedad toma a pie juntillas la irresponsable declaración del presidente López Obrador en el sentido de que esta nueva cepa de dicho mal, denominada Delta, “se curan más en la casa, en las comunidades que en los hospitales”, sin duda habrá más muertes. Es posible que no tenga a mano alguna estadística respecto a número de fallecidos que han esperado la muerte en sus domicilios ante la saturación de la estructura hospitalaria. Hace apenas poco más de una semana, los Servicios de Salud en el estado dieron a conocer una guía médica para el tratamiento del mal, que incluye una lista de medicamentos que se pueden usar y los que no, para la atención en casa.

 Ninguna estrategia eficaz

Mientras una decena de municipios de la Costa oaxaqueña se pronunciaron hace un par de semanas para mitigar los contagios por la pandemia que padecemos, tomando acciones enérgicas como el uso obligado de cubre-bocas, con sanciones de trabajo comunitario y detención a quien no lo haga; la revisión del transporte público, foco importante de diseminación del mal; el cierre de playas, antros y demás sitios de esparcimiento, así como la suspensión inmediata de fiestas patronales o familiares, en la capital oaxaqueña seguimos tal cual. Todo ello, no obstante que, desde hace poco menos de un mes, los Servicios de Salud en el estado (SSO), informaron que algunas poblaciones, incluyendo la capital, estarían en semáforo rojo, justamente por la cantidad de contagios que se han registrado.

Es importante notar que los municipios de la Costa a que hacemos referencia, como es el caso de San Pedro Pochutla, Santa María Huatulco, Santa María Tonameca y otros más, a través de sus ediles, acordaron llevar a cabo estrategias conjuntas para enfrentar la contingencia. Lamentablemente no ocurre lo mismo en los Valles Centrales, en donde se ubican al menos tres focos importantes de contagio: Oaxaca de Juárez, Santa Cruz Xoxocotlán y Santa Lucía del Camino. Hay pues una total abulia de los presidentes municipales para asumir medidas más enérgicas. Si bien es cierto que, como han argumentado los sectores empresariales, entrar en semáforo rojo o en un nuevo confinamiento sería como declarar la muerte súbita a cientos de empresas que sobrevivieron a las dos primeras olas, también es cierto que sí deben aplicarse algunas acciones como reducir la capacidad en restaurantes, cafés u otros, al 30 o 50%.

En la capital es evidente el relajamiento en los protocolos sanitarios. Si el crecimiento del mal se dio durante el mes de julio y las secuelas siguen hasta hoy, fue también en parte porque cientos de los visitantes que llegaron a nuestra capital o otros tantos locales, hicieron caso omiso para evitar reuniones masivas en antros y sitios de convivencia. Durante el inicio de la pandemia, allá por el mes de marzo de 2020, fue notoria la preocupación de las autoridades municipales, reflejada en rondines policiales con bocinas, para invitar a transeúntes y paseantes, a retirarse a sus domicilios. Pero hoy, nada se sabe de operativos similares. Se observa una total falta de estrategias y responsabilidad para mitigar esta letal enfermedad.